Imparables e inamovibles
Milei usó una paradoja clásica para graficar el momento que vive el país. El paralelismo entre el discurso del Presidente y una escena famosa de Batman. En Córdoba, la UCR protagoniza un papelón histórico: su propio presidente dice que no hará campaña
En su último discurso por cadena nacional, el presidente Javier Milei recurrió a la antigua paradoja lógica de la fuerza imparable y el objeto inamovible. En su construcción, él dice que es la fuerza imparable, la determinación inquebrantable por cambiar el rumbo económico, por modernizar el país. Del otro lado, el objeto inamovible es la vieja política, adicta al gasto público sin respaldo ni control.
La paradoja original, intrínsecamente irresoluble, ha tenido usos en la cultura popular. Por ejemplo, en el cine. Hay una escena potente, que es el clímax de la historia en El Caballero de la Noche, la segunda película de la notable trilogía de Christopher Nolan, en la que el Joker está suspendido cabeza abajo y a punto de caer al vacío desde un rascacielos de Ciudad Gótica. Batman lo sostiene de una pierna y ahí, en esa situación límite, riéndose, el Joker usa la famosa paradoja: le dice a su rival que están condenados a hacer eso por siempre porque es lo que ocurre cuando una fuerza imparable choca contra un objeto inamovible. Y acá empieza lo interesante para trazar una línea con la política argentina: el Joker, el villano loco, se reserva para él mismo la figura de la fuerza imparable, del caos, de la dispersión, y le deja a Batman el rol del objeto inamovible.
El Joker viene de hacer volar un hospital con explosivos y de tratar de mostrar cómo la maldad y el egoísmo son constitutivos del ser humano. No hay sentimiento de solidaridad ni de comunidad posible en el esquema mental del personaje de Heath Ledger. Sólo un eterno sálvese quien pueda.
Tal vez el Presidente no consideró ese paralelismo posible entre su discurso y la famosa escena de The Dark Knight. O tal vez sí.
Lo cierto es que Milei postuló que el correlato de esa paradoja en la política argentina sí puede encontrar una solución: sería a través de las urnas, el 26 de octubre, para que se imponga, de una vez por todas, la fuerza imparable, que dicho sea de paso también tendría, según el libertario, el aval del cielo.
Milei ha encadenado una sucesión de derrotas resonantes en el Congreso. Y trató de reconvertir esos resultados adversos en un argumento electoral: sostuvo que los vetos a la suba en las jubilaciones, a la emergencia en discapacidad y al que seguramente se vendrá ante la ley de financiamiento universitario son la única manera de resguardar la estabilidad e ir hacia el desarrollo económico.
Y para demostrar determinación y fortaleza, que cuando debe ostentarse en política suele ser un indicio de lo contrario, anunció dos medidas: una, que ya se viene haciendo, es que el Banco Central no podrá financiar al Tesoro; la otra es irrealizable pero conceptualmente peligrosa. El Presidente dijo que enviará un proyecto de ley para establecer sanciones penales a los legisladores que aprueben presupuestos con déficit. Primero, es un proyecto imposible porque es difícil imaginar a diputados y senadores aprobando una ley que se puede volver contra ellos mismos. Pero, en el fondo, esconde una pretensión autoritaria e inconstitucional de Milei: ¿cómo se va a plantear la posibilidad de condenar a alguien por legislar, por establecer un criterio político? Lo que pretende el jefe de Estado es castigar con prisión la determinación de prioridades. Para él, el déficit es un delito. ¿Pero qué pasaría si, guiándose por otra escala de valores, el Congreso definiera que debe ir a prisión un Presidente que paga jubilaciones que no superan la línea de la pobreza? ¿O que desfinancia a las universidades?
Milei postula, como ya se hizo en otras épocas en Argentina, que no hay alternativa para el ajuste, para su ajuste, y que si hubiera otra la haría con todo el amor del alma. Sin embargo, es una argumentación engañosa: el equilibrio fiscal podría conseguirse igual por otras vías que excluyan de paso el regocijo que muestra Milei cada vez que veta un aumento a los jubilados o la declaración de emergencia en discapacidad.
En su discurso del viernes, el Presidente, que sigue siendo la figura central de la política argentina, configuró el escenario que La Libertad Avanza usará como lema de campaña: o se está de su lado o se está enfrente. No hay posibilidad para los matices. Ya lo dijo el cordobés Gabriel Bornoroni: todo opositor es, en el fondo, un kirchnerista. O lo es abiertamente o de manera solapada. En ese universo puso a la tercera vía y se refirió, sin nombrarlos, a los cinco gobernadores, entre los que están Martín Llaryora, que se presentan como una alternativa no kirchnerista pero que tampoco comulgan con el modelo de “ajuste brutal” de Milei. Quien tomó la voz de esa postura en la semana que pasó fue Juan Schiaretti, cada vez más en pose de candidato.
Los libertarios están tratando de dotar de una lógica, favorable a ellos por supuesto, al sistema político. E intentan hacerlo porque perciben que es un sistema en reconfiguración, en el que las referencias anteriores no siempre funcionan y que vive en crisis permanente.
La política cordobesa es un ejemplo. Principalmente el radicalismo, un partido centenario que está inmerso en una espiral autodestructiva y que viene protagonizando en los últimos días una serie de episodios inéditos, bochornosos e impensados. Lo que durante décadas fue el centro del poder en una provincia pujante como Córdoba es hoy una entidad sin identidad, que conserva los métodos de un partido tradicional pero que está ahogado por luchas personales. En una entreverada sucesión de idas y vueltas, el partido convocó para una elección interna que nadie creía que se iba a hacer, Ramón Mestre se plantó en que el proceso debía llevarse adelante, fue a la Justicia y, en minoría absoluta, terminó imponiendo su pretensión. Los jueces le dieron la razón -Miguel Hugo Vaca Narvaja y la Cámara Nacional Electoral- y la conducción radical entró en shock: Marcos Ferrer, presidente del partido, y su mentor, Rodrigo De Loredo, terminaron retirando la lista a 3 días de la elección y le dejaron la candidatura a su archienemigo Mestre, que llevará la histórica pero deslucida lista 3. Si la escalada había llegado a niveles de delirio, terminó de coronarse en la inverosimilitud cuando Ferrer, el presidente que no fue capaz de organizar una interna ni de lograr algún marco de acuerdo en el partido que debería conducir, declaró que no piensa hacer campaña por Mestre y vaticinó que el radicalismo sufrirá una catástrofe electoral en octubre. Los memoriosos de la política aseguran que nunca vieron algo igual: ni el final que tuvo la interna ni las declaraciones de Ferrer, el conductor que no tratará de convencer a nadie de que hay que votar a su partido.
La situación no sólo causa estupor sino hartazgo. Un intendente radical contó que los jefes comunales del radicalismo tampoco saldrán a hacer campaña por su lista. No serán tan torpes como para decirlo pero, en los hechos, no piensan mover un dedo. Muchos se sienten tentados por el armado de Provincias Unidas, donde está el radical Maximiliano Pullaro, y que les permitiría defender algunos valores en los que creen y a la vez llevarse bien con Llaryora. “La única asistencia de fondos que recibimos hoy es de la Provincia”, relató.
¿Qué hará De Loredo ante todo esto? Hay quienes interpretan que llevó la situación al límite para terminar siendo candidato de La Libertad Avanza. Se arriesgaría, si lo hiciera, a la posibilidad de exponerse a la misma expulsión que acaba de sufrir Myriam Prunotto por ir por fuera de la UCR.
La Libertad Avanza dio una sorpresa al inscribirse como frente en Córdoba: en la alianza está el Frente Cívico de Luis Juez, que no quiere saber nada con llevar a De Loredo como candidato. “No va a ir. Hasta ahora ni siquiera lo llamaron. Los libertarios quieren una lista pura”, aseguran en el juecismo. La posibilidad de que el propio senador sea candidato también se rumoreó en los últimos días pero en su círculo lo desmienten.
El escándalo radical se llevó toda la marca y concentró la atención en la última semana. Pero en el peronismo también se dio una situación inédita: por primera vez en 26 años, desde 1999 a la fecha, el PJ cordobés tendrá dos vertientes a nivel provincial. Natalia De la Sota, la diputada de apellido emblemático, inscribió su propio frente e irá por fuera. Ante sus íntimos se queja amargamente de que ni siquiera la llamaron. El schiarettismo no la quería como número 2 del exgobernador. “No nos suma nada”, argumentan. La pregunta, que se resolverá en las urnas, es si, en ocasiones, una figura política que no sume a la vez puede restar.