Claves del contrato social de diez coincidencias básicas
Por Jorge F. Legarda
No sé si nuestros perspicaces lectores lo habrán notado, absortos como seguramente habrán estado estos días con la apasionante campaña que alcanza su punto culminante en la histórica jornada de hoy en nuestra querida provincia. Pero la epopeya democrática del pago chico –a la que nos vemos impedidos de referirnos en virtud de la veda– languidece frente a la que nos está proveyendo el escenario mayor: ¡se está por cerrar la famosa grieta! Se viene nomás la hora de los grandes acuerdos en la Argentina. Porque si convocan los dos grandes líderes de lo que va del siglo, con la amplitud y generosidad que los caracteriza, con la apertura a escuchar ideas y sugerencias ajenas de una y la destreza para articular ideas y sugerencias propias (es un decir) del otro, con la sensibilidad de ambos para comprender a quienes no los comprenden, ¿qué podría salir mal?
Sí, ya sé, los diez puntos de coincidencias esenciales de él no serán exactamente lo mismo que el nuevo contrato social de responsabilidad ciudadana de ella, pero en esencia lo que los une es mucho más importante que lo que los separa: para uno y la otra, el concepto de acuerdo consiste en que vengan a acordar con lo que ya el convocante acordó previamente consigo mismo, las coincidencias son tan básicas que para qué las vamos a discutir y el contrato social es un contrato de adhesión, del tipo firmás o firmás, y a llorar a la piecita si no leíste bien la letra chica.
En cualquier caso, entre las propuestas no habrá demasiadas diferencias, en todo caso pequeños matices sobre temas menores cómo qué hacemos con el FMI, con el dólar, con Venezuela e Irán, con la Justicia, con los medios de comunicación, con las industrias, con el campo, con los bancos, con los sistemas electorales, con los subsidios a las investigaciones para curar el cáncer, con los subsidios a las telenovelas con Andrea del Boca y con la tenencia de Felipe Solá, que desde hace treinta años no puede decidirse solo si se queda con el papá o con la mamá. Es decir, pavaditas que en medio de una campaña electoral, en la que la dirigencia más predispuesta está a presentar su mejor versión, ocupada como está en la búsqueda de instrumentos para modificar la realidad en beneficio del pueblo, no van a poner palos en la rueda para que se corporice el profundo deseo que siempre han tenido los políticos de dejar de lado los enfrentamientos estériles y marchar juntos hacia el futuro que nos merecemos.
Mauricio convoca porque “los argentinos y el mundo quieren tener más claridad y certeza de que hemos podido dejar de discutir algunas cosas que ya no se discuten más en la mayor parte de los países". Y en efecto, se nota en el aire que la predisposición a discutir es para nosotros cosa del pasado, apenas quedan cortocircuitos sobre algunas cuestiones verdaderamente espinosas y difíciles de discernir, como si la tierra es redonda o es plana (el debate sobre si la luna está hecha de queso gruyere lo diferimos para más adelante porque se iban de mambo con la violencia verbal), si las vacunas provocan autismo, si los crímenes cometidos por borrachos celosos son la constatación de las peligrosas mafias que operan en el país o si Messi le pega realmente bien en los tiros libres. Pero en lo básico, por ejemplo la receptividad de los empresarios y los banqueros a los pedidos hechos con el corazón de que den una mano para que no se desborde la inflación, la efectividad de los desinteresados consejos de las autoridades econó- micas a la población de que no compre dólares porque va a perder plata si lo hace o los decisivos aportes al avance de las artes audiovisuales realizado por el programa “Caniggia Libre”, estamos de acuerdo todos antes de que nos llamen para tratar de convencernos.
Ahora sí, más allá del justificado entusiasmo que sentimos frente a la inminencia del Gran Contrato Social de Responsabilidad Ciudadana de las Diez Coincidencias Esenciales sobre Cosas que Hemos Podido Dejar de Discutir, no debemos caer en la ingenuidad de soslayar que aquí y allá hay cosas que seguimos discutiendo. Una particularmente inquietante es la grave acusación formulada por Cristina, en la presentación de su obra “Sinceramente”, a Mauricio de que tiene “muchos más” planes sociales “que los que tenía el gobierno de los choriplaneros o planeros". Se entiende lo de Cris, una cosa es tenderle la mano al adversario y otra dejarle pasar estas exageraciones populistas que tienden a perpetuar la pobreza y a usarla políticamente, reprobable conducta que el movimiento al que Cris pertenece ha combatido históricamente con energía, sobre todo cuando otros lo utilizan sin reconocerle el copyright.
Suponemos que el planerismo clientelista será uno de los blancos que nuestra lideresa tendrá en la mira cuando ponga en marcha oficialmente la gesta con vistas a poner “orden” en el “caos” actual, aunque todavía no nos confirme su candidatura porque, como la Walt Disney con los próximos capítulos de Star Wars, quiere dejar a la audiencia hambrienta y pidiendo por favor antes de darle el gusto. Por eso todavía no salió la desmentida de que la denuncia contra los planes sociales de Macri y el caos populista de su administración sean un intento de atraer al votante que hoy se inclina por José Luis Espert hacia una opción más competitiva, y a la porción del electorado que quedó en banda con la declinación de la frustrada candidatura de Alfredo Olmedo.
En la misma línea, podemos encontrar otra pista acerca de la estrategia de campaña en las referencias a los Estados Unidos: "Miren lo que está pasando allá, la economía vuela, tienen el índice de desempleo más bajo desde hace 50 años. Algunos se dieron cuenta de que tenían que volver a generar trabajo industrial en el país para volver a generar riqueza, sería bueno que aquellos que viajan tanto para allá y escuchan tanto las cosas que les dicen allá imiten lo que hacen allá", reiteró. Ahí tienen, esos que quieren alentar el miedo a Cristina con la historia de que conduciría al país por los caminos por los cuales el pajarito chiquitico y su fiel ladero Nicolás Maduro están llevando al suyo. En realidad, la senda que Cristina propone seguir es la de Donald Trump, lo que por supuesto debería tranquilizarnos a todos los que esperamos una gestión ordenada, previsible y que no se maneje a los barquinazos. En realidad no es tan rara esta admiración, tratándose de un empresario hotelero y emprendedor inmobiliario tan exitoso como ella, aunque en algunas cosas, a decir verdad, se parezca un poco más a Mauricio: por ejemplo, en la posibilidad de que alguna vez se convierta en un best seller, o en que alguna vez escriba un libro, o, si me apuran, en que alguna vez lea uno.
Y hablando del acontecimiento editorial del año, nos quedamos con la gran novedad de la presentación: “Este libro no es el Talmud, ni la Biblia ni el Corán”, oportunísima aclaración que pone freno a una equivalencia que a cualquier observador atento se le ocurriría de inmediato frente a la infalibilidad de la palabra de les respectives autores, la calidad de las verdades abordadas y la iluminación y el fervor que son capaces de despertar en los lectores. Dijo que en un principio “Sinceramente” iba a llamarse “Néstor y yo”, pero nos vamos a permitir, con todo respeto, discrepar y sugerir una alternativa que nos parece más apropiada: “Modestamente”…
Jorge F. Legarda
Sí, ya sé, los diez puntos de coincidencias esenciales de él no serán exactamente lo mismo que el nuevo contrato social de responsabilidad ciudadana de ella, pero en esencia lo que los une es mucho más importante que lo que los separa: para uno y la otra, el concepto de acuerdo consiste en que vengan a acordar con lo que ya el convocante acordó previamente consigo mismo, las coincidencias son tan básicas que para qué las vamos a discutir y el contrato social es un contrato de adhesión, del tipo firmás o firmás, y a llorar a la piecita si no leíste bien la letra chica.
En cualquier caso, entre las propuestas no habrá demasiadas diferencias, en todo caso pequeños matices sobre temas menores cómo qué hacemos con el FMI, con el dólar, con Venezuela e Irán, con la Justicia, con los medios de comunicación, con las industrias, con el campo, con los bancos, con los sistemas electorales, con los subsidios a las investigaciones para curar el cáncer, con los subsidios a las telenovelas con Andrea del Boca y con la tenencia de Felipe Solá, que desde hace treinta años no puede decidirse solo si se queda con el papá o con la mamá. Es decir, pavaditas que en medio de una campaña electoral, en la que la dirigencia más predispuesta está a presentar su mejor versión, ocupada como está en la búsqueda de instrumentos para modificar la realidad en beneficio del pueblo, no van a poner palos en la rueda para que se corporice el profundo deseo que siempre han tenido los políticos de dejar de lado los enfrentamientos estériles y marchar juntos hacia el futuro que nos merecemos.
Mauricio convoca porque “los argentinos y el mundo quieren tener más claridad y certeza de que hemos podido dejar de discutir algunas cosas que ya no se discuten más en la mayor parte de los países". Y en efecto, se nota en el aire que la predisposición a discutir es para nosotros cosa del pasado, apenas quedan cortocircuitos sobre algunas cuestiones verdaderamente espinosas y difíciles de discernir, como si la tierra es redonda o es plana (el debate sobre si la luna está hecha de queso gruyere lo diferimos para más adelante porque se iban de mambo con la violencia verbal), si las vacunas provocan autismo, si los crímenes cometidos por borrachos celosos son la constatación de las peligrosas mafias que operan en el país o si Messi le pega realmente bien en los tiros libres. Pero en lo básico, por ejemplo la receptividad de los empresarios y los banqueros a los pedidos hechos con el corazón de que den una mano para que no se desborde la inflación, la efectividad de los desinteresados consejos de las autoridades econó- micas a la población de que no compre dólares porque va a perder plata si lo hace o los decisivos aportes al avance de las artes audiovisuales realizado por el programa “Caniggia Libre”, estamos de acuerdo todos antes de que nos llamen para tratar de convencernos.
Ahora sí, más allá del justificado entusiasmo que sentimos frente a la inminencia del Gran Contrato Social de Responsabilidad Ciudadana de las Diez Coincidencias Esenciales sobre Cosas que Hemos Podido Dejar de Discutir, no debemos caer en la ingenuidad de soslayar que aquí y allá hay cosas que seguimos discutiendo. Una particularmente inquietante es la grave acusación formulada por Cristina, en la presentación de su obra “Sinceramente”, a Mauricio de que tiene “muchos más” planes sociales “que los que tenía el gobierno de los choriplaneros o planeros". Se entiende lo de Cris, una cosa es tenderle la mano al adversario y otra dejarle pasar estas exageraciones populistas que tienden a perpetuar la pobreza y a usarla políticamente, reprobable conducta que el movimiento al que Cris pertenece ha combatido históricamente con energía, sobre todo cuando otros lo utilizan sin reconocerle el copyright.
Suponemos que el planerismo clientelista será uno de los blancos que nuestra lideresa tendrá en la mira cuando ponga en marcha oficialmente la gesta con vistas a poner “orden” en el “caos” actual, aunque todavía no nos confirme su candidatura porque, como la Walt Disney con los próximos capítulos de Star Wars, quiere dejar a la audiencia hambrienta y pidiendo por favor antes de darle el gusto. Por eso todavía no salió la desmentida de que la denuncia contra los planes sociales de Macri y el caos populista de su administración sean un intento de atraer al votante que hoy se inclina por José Luis Espert hacia una opción más competitiva, y a la porción del electorado que quedó en banda con la declinación de la frustrada candidatura de Alfredo Olmedo.
En la misma línea, podemos encontrar otra pista acerca de la estrategia de campaña en las referencias a los Estados Unidos: "Miren lo que está pasando allá, la economía vuela, tienen el índice de desempleo más bajo desde hace 50 años. Algunos se dieron cuenta de que tenían que volver a generar trabajo industrial en el país para volver a generar riqueza, sería bueno que aquellos que viajan tanto para allá y escuchan tanto las cosas que les dicen allá imiten lo que hacen allá", reiteró. Ahí tienen, esos que quieren alentar el miedo a Cristina con la historia de que conduciría al país por los caminos por los cuales el pajarito chiquitico y su fiel ladero Nicolás Maduro están llevando al suyo. En realidad, la senda que Cristina propone seguir es la de Donald Trump, lo que por supuesto debería tranquilizarnos a todos los que esperamos una gestión ordenada, previsible y que no se maneje a los barquinazos. En realidad no es tan rara esta admiración, tratándose de un empresario hotelero y emprendedor inmobiliario tan exitoso como ella, aunque en algunas cosas, a decir verdad, se parezca un poco más a Mauricio: por ejemplo, en la posibilidad de que alguna vez se convierta en un best seller, o en que alguna vez escriba un libro, o, si me apuran, en que alguna vez lea uno.
Y hablando del acontecimiento editorial del año, nos quedamos con la gran novedad de la presentación: “Este libro no es el Talmud, ni la Biblia ni el Corán”, oportunísima aclaración que pone freno a una equivalencia que a cualquier observador atento se le ocurriría de inmediato frente a la infalibilidad de la palabra de les respectives autores, la calidad de las verdades abordadas y la iluminación y el fervor que son capaces de despertar en los lectores. Dijo que en un principio “Sinceramente” iba a llamarse “Néstor y yo”, pero nos vamos a permitir, con todo respeto, discrepar y sugerir una alternativa que nos parece más apropiada: “Modestamente”…
Jorge F. Legarda