Cosas que fueron desencaminando la semana
Ya estaba encaminado, lo juro, a hacer foco en el default que no es default. No es tampoco la gran novedad, ya sabemos, en la Argentina hay muchas cosas que no son lo que son sino otra cosa. El jamón es pernil de cerdo con soja y conservantes autorizados, los ajustes son reacomodamientos, la leche es alimento lácteo a base de leche, las maniobras para lavar dinero a través de alquileres fraudulentos son “faltas éticas” y andar a los tumbos y dando barquinazos de un lado a otro es redoblar la convicción de que “este es el único camino”. Pero bueno, no somos nosotros solamente, si Standard & Poors, que tiene un oído superafinado para escuchar la música que tocan los mercados, un día dice que estamos en default y al otro dice que no, qué se puede esperar de un neófito que apenas si guitarrea un poco. Creíamos que el default venía cuando uno le avisaba a un acreedor: “Mirá, eso que te debo no te lo voy a pagar nada”, cosa que efectivamente les dijimos a esos tenedores de Letras que las compraron creyendo que éramos gente de palabra y salieron ensartados por hacernos esa gauchada sin más pretensión que un muchas gracias y unos intereses que les avergonzaría cobrar a Saillén y Catrambone. Pero parece que con agregarle un “por ahí vemos más adelante”, entonces no es default sino “reperfilamiento”. Es decir, a la deuda le despejamos la frente, le afinamos la nariz, le afirmamos la mandíbula y la mandamos a hibernar un tiempo, total los acreedores son gente comprensiva y paciente y, sobre todo, muy sensible y empática con las dificultades de los que les deben plata.
Ya estaba encaminado, decía, desde el momento en que trascendió que en la reunión de gabinete del jueves la principal preocupación de Mauricio era instruir a su gente para que dejen claros los puntos: “Esto no es un default”. Prueba de humildad, esta valiente renuncia a pasar a la historia como un primus inter pares. Porque declarar un default lo declara cualquiera, vamos, pero un hipotético, eventual e imaginario default de Mauricio sería el primero en ser declarado por el mismo gobierno que tomo la deuda defaulteada. Porque el del Adolfo, ponele, fue un señor default, no lo vamos a negar, pero llegó después de una década de endeudamiento sistemático, con Carlos Saúl para sostener el uno a uno después de que se le acabaron las empresas públicas para privatizar, más el fugaz pero significativo aporte del blindaje y el megacanje del que al final no resultó tan aburrido; pero Mauricio lo armó él solito, mitad con gradualismo y mitad a lo bruto, por más que no quiera quedarse con el mérito de puro modesto. Como el de ir por el tercer acuerdo con el FMI en cuestión de meses, aunque en este sí, nobleza obliga, hay que reconocer que sin la prodigalidad y la solvencia del socio nada habría sido posible. En cualquier caso, así como inauguró el bolonqui a principios de la semana con su generosa caricia conjunta al Gobierno y al Fondo, era justo que el cierre también quedara a cargo de Alberto: “Argentina está en un default virtual y escondido”, le dijo al Wall Street Journal, como para que la definición no se les fuera a escapar a los operadores que no leen Página 12. Lo de virtual lo entendemos, qué cosa no es virtual por estos días, desde la economía nacional al presidente electo. Ahora, si este default está escondido, el Gobierno debe ser tan bueno para esconder cosas como Jair Bolsonaro sus sentimientos acerca de la naturaleza.
Ya estaba encaminado, también, con los últimos esfuerzos de los que pusieron en el banquillo a los héroes emblemáticos del proyecto nac & pop para encubrir su proyecto de saquear al país con el endeudamiento y las tarifas, como denunció Amado Boudou antes de ser condenado por truchar los papeles de un auto para no incluirlo en el reparto de bienes con la mujer de la que se estaba divorciando. Como se advierte, un típico acto revolucionario de los que el imperialismo no perdona. "Gracias a Dios y al pueblo, esto se está terminando", agregó Amado, se ve que tiene info de primera y que después del 10 de diciembre también se va a descubrir que en realidad nunca se quiso quedar con la fábrica de hacer billetes y que Vandenbroele era un agente de la CIA como Antonini Wilson. Pero, justo cuando esto se está terminando, aparece en Córdoba la burda operación contra el movimiento obrero que se opone al Gobierno oligárquico, se ve que acá con las burdas operaciones llegamos para los aplausos. Y con ejecutantes medio raros, uno recuerda que el fiscal Senestrari, un justiciero legítimo de la primera hora, quedó en la mira del susodicho Gobierno oligárquico cuando pidió por radio la caída del oligarca número uno, Mauricio Macri, así que uno no lo imaginaba laburando para el enemigo. En fin, es que el imperialismo no corta puntada sin hilo, porque la otra posibilidad, la de que los muchachos del Surrbac hayan hecho algo incorrecto, es directamente impensable: mirá si los gobiernos municipales cordobeses le van a dar tanta plata a empresas que cobijan a gente cuya honestidad está en entredicho.
Ya estaba encaminado, lo vuelvo a jurar, pero bueno, me encontré con la bomba, el misil, el big bang, la noticia al lado de la cual todas las demás noticias se inclinan humildes y, a la hora de competir por la atención del público, no ponen ni las manos. Es virtualmente redundante transcribirla, pero por las dudas de que alguno de nuestros lectores haya estado escondido en un agujero negro, o distraído por el profundo drama que vive una familia argentina tan querida como la de los Caniggia, la transcribo: “Veganos separan los gallos de las gallinas porque no quieren que las violen”. Impresionante, ¿no? En rigor, quienes vivimos egoístamente enfrascados en nuestros deseos y necesidades ya estábamos en deuda con la cultura vegana, con su inclaudicable compromiso de expandir la conciencia sobre las atrocidades que se cometen en este planeta. Mucho blablá sobre los migrantes que se ahogan en el Mediterráneo, sobre las ablaciones de clítoris en África, sobre el hambre de los venezolanos y la opresión de los tibetanos y la lapidación de adúlteras en Irán y los bombardeos en Siria y los tiroteos racistas en los Estados Unidos y los curas pedófilos castigados con traslados para que conozcan chicos nuevos, y las masacres narcos en México y los huracanes cada vez más destructivos por el calentamiento global y andá a saber cuántas pavadas más, y resulta que nadie se ocupaba de la integridad sexual de las gallinas. Hasta que llegó este grupo español, llamado “Almas Veganas”, para poner las cosas en su lugar, cobijándolas en un “santuario animal” donde se las protege no sólo de la voracidad del capitalismo consumista sino de la propia concupiscencia de la especie.
Aquí estamos ante un debate incipiente. Nos imaginamos que habrá otros grupos veganos que saldrán a hablar en nombre de los gallos, con posible presentación de un recurso de amparo ante foros internacionales, para denunciar que separarlos de las gallinas constituye un “trato cruel y degradante” sancionado por la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura. Es más, estaríamos en condiciones de asegurar que no menos del 90 por ciento de las gallinas se sumarían al reclamo. Les miembres de Almas Veganas (nos colocamos aquí en línea con su política lingüística adoptada porque “el género es mentira, es una construcción social"), rechazan el argumento porque “les gallines están muy contentes con su sororidad” y los gallos son unos machirulos que pretenden convertirlas en esclavas sexuales. Además, aclaran que no sólo protegen la virtud de les gallines, sino los productos de sus procesos biológicos (los huevos, vendrían a ser), advirtiendo a quienes los comen que son cómplices de la explotación a la que son sometides en “campos de concentración” que hacen parecer colonias de vacaciones a los de la Alemania nazi. Este es veganismo en serio, ¿no? A ver si aprenden esos tibios que tenemos acá, que todavía están llorando por los rebencazos recibidos en la Rural.
Jorge F. Legarda
Ya estaba encaminado, decía, desde el momento en que trascendió que en la reunión de gabinete del jueves la principal preocupación de Mauricio era instruir a su gente para que dejen claros los puntos: “Esto no es un default”. Prueba de humildad, esta valiente renuncia a pasar a la historia como un primus inter pares. Porque declarar un default lo declara cualquiera, vamos, pero un hipotético, eventual e imaginario default de Mauricio sería el primero en ser declarado por el mismo gobierno que tomo la deuda defaulteada. Porque el del Adolfo, ponele, fue un señor default, no lo vamos a negar, pero llegó después de una década de endeudamiento sistemático, con Carlos Saúl para sostener el uno a uno después de que se le acabaron las empresas públicas para privatizar, más el fugaz pero significativo aporte del blindaje y el megacanje del que al final no resultó tan aburrido; pero Mauricio lo armó él solito, mitad con gradualismo y mitad a lo bruto, por más que no quiera quedarse con el mérito de puro modesto. Como el de ir por el tercer acuerdo con el FMI en cuestión de meses, aunque en este sí, nobleza obliga, hay que reconocer que sin la prodigalidad y la solvencia del socio nada habría sido posible. En cualquier caso, así como inauguró el bolonqui a principios de la semana con su generosa caricia conjunta al Gobierno y al Fondo, era justo que el cierre también quedara a cargo de Alberto: “Argentina está en un default virtual y escondido”, le dijo al Wall Street Journal, como para que la definición no se les fuera a escapar a los operadores que no leen Página 12. Lo de virtual lo entendemos, qué cosa no es virtual por estos días, desde la economía nacional al presidente electo. Ahora, si este default está escondido, el Gobierno debe ser tan bueno para esconder cosas como Jair Bolsonaro sus sentimientos acerca de la naturaleza.
Ya estaba encaminado, también, con los últimos esfuerzos de los que pusieron en el banquillo a los héroes emblemáticos del proyecto nac & pop para encubrir su proyecto de saquear al país con el endeudamiento y las tarifas, como denunció Amado Boudou antes de ser condenado por truchar los papeles de un auto para no incluirlo en el reparto de bienes con la mujer de la que se estaba divorciando. Como se advierte, un típico acto revolucionario de los que el imperialismo no perdona. "Gracias a Dios y al pueblo, esto se está terminando", agregó Amado, se ve que tiene info de primera y que después del 10 de diciembre también se va a descubrir que en realidad nunca se quiso quedar con la fábrica de hacer billetes y que Vandenbroele era un agente de la CIA como Antonini Wilson. Pero, justo cuando esto se está terminando, aparece en Córdoba la burda operación contra el movimiento obrero que se opone al Gobierno oligárquico, se ve que acá con las burdas operaciones llegamos para los aplausos. Y con ejecutantes medio raros, uno recuerda que el fiscal Senestrari, un justiciero legítimo de la primera hora, quedó en la mira del susodicho Gobierno oligárquico cuando pidió por radio la caída del oligarca número uno, Mauricio Macri, así que uno no lo imaginaba laburando para el enemigo. En fin, es que el imperialismo no corta puntada sin hilo, porque la otra posibilidad, la de que los muchachos del Surrbac hayan hecho algo incorrecto, es directamente impensable: mirá si los gobiernos municipales cordobeses le van a dar tanta plata a empresas que cobijan a gente cuya honestidad está en entredicho.
Ya estaba encaminado, lo vuelvo a jurar, pero bueno, me encontré con la bomba, el misil, el big bang, la noticia al lado de la cual todas las demás noticias se inclinan humildes y, a la hora de competir por la atención del público, no ponen ni las manos. Es virtualmente redundante transcribirla, pero por las dudas de que alguno de nuestros lectores haya estado escondido en un agujero negro, o distraído por el profundo drama que vive una familia argentina tan querida como la de los Caniggia, la transcribo: “Veganos separan los gallos de las gallinas porque no quieren que las violen”. Impresionante, ¿no? En rigor, quienes vivimos egoístamente enfrascados en nuestros deseos y necesidades ya estábamos en deuda con la cultura vegana, con su inclaudicable compromiso de expandir la conciencia sobre las atrocidades que se cometen en este planeta. Mucho blablá sobre los migrantes que se ahogan en el Mediterráneo, sobre las ablaciones de clítoris en África, sobre el hambre de los venezolanos y la opresión de los tibetanos y la lapidación de adúlteras en Irán y los bombardeos en Siria y los tiroteos racistas en los Estados Unidos y los curas pedófilos castigados con traslados para que conozcan chicos nuevos, y las masacres narcos en México y los huracanes cada vez más destructivos por el calentamiento global y andá a saber cuántas pavadas más, y resulta que nadie se ocupaba de la integridad sexual de las gallinas. Hasta que llegó este grupo español, llamado “Almas Veganas”, para poner las cosas en su lugar, cobijándolas en un “santuario animal” donde se las protege no sólo de la voracidad del capitalismo consumista sino de la propia concupiscencia de la especie.
Aquí estamos ante un debate incipiente. Nos imaginamos que habrá otros grupos veganos que saldrán a hablar en nombre de los gallos, con posible presentación de un recurso de amparo ante foros internacionales, para denunciar que separarlos de las gallinas constituye un “trato cruel y degradante” sancionado por la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura. Es más, estaríamos en condiciones de asegurar que no menos del 90 por ciento de las gallinas se sumarían al reclamo. Les miembres de Almas Veganas (nos colocamos aquí en línea con su política lingüística adoptada porque “el género es mentira, es una construcción social"), rechazan el argumento porque “les gallines están muy contentes con su sororidad” y los gallos son unos machirulos que pretenden convertirlas en esclavas sexuales. Además, aclaran que no sólo protegen la virtud de les gallines, sino los productos de sus procesos biológicos (los huevos, vendrían a ser), advirtiendo a quienes los comen que son cómplices de la explotación a la que son sometides en “campos de concentración” que hacen parecer colonias de vacaciones a los de la Alemania nazi. Este es veganismo en serio, ¿no? A ver si aprenden esos tibios que tenemos acá, que todavía están llorando por los rebencazos recibidos en la Rural.
Jorge F. Legarda