Dónde estamos parados y hacia dónde vamos desde aquí
Por Jorge F. Legarda
Ya en otras oportunidades nos hemos referido al tema, pero estas postrimerías del verano de 2019 han sido particularmente desconcertantes para quienes pretendemos entender la compleja realidad que nos rodea. No es una sensación nueva, pero la acumulación de ciertas informaciones críticas conocidas por estos días nos hace sin embargo sentir desbordados. Por ejemplo (no sé si estarán enterados, pero todo esto ha salido en los medios por estos días), después de pasarnos una vida convencidos de estar viviendo en un planeta con forma de pelota, aparecieron los “terraplanistas” para avisarnos que esa idea es producto de una conspiración de la NASA para quedarse con los fondos destinados a la exploración espacial. Otros avispados refutadores de teorías pseudocientíficas nos advierten que las vacunas destruyen el organismo y siembran la muerte, se ve que los laboratorios y sus esbirros de la ONU, que lucran con ellas, son tan arteros que para convencernos de lo contrario han duplicado la expectativa de vida desde que las vacunas existen. También nos enteramos de que Natacha Jaitt fue asesinada porque estaba a punto de denunciar tenebrosos manejos de la red de trata más extendida y secreta que jamás ha existido, que los supuestos actos de corrupción en la Argentina no son más que una burda operación de la embajada norteamericana y que Luis Miguel no es Luis Miguel, sino un doble que lo remplazó cuando el original fue abducido por extraterrestres. Todo lo cual nos sume en la zozobra, y nos lleva a preguntarnos quién podrá cantarnos la justa, al menos para saber dónde estamos parados. Menos mal que, respiramos aliviados, justo llegó el primero de marzo, y con ello el luminoso y esclarecedor discurso de apertura de sesiones del Congreso, pronunciado por el Presidente de la Nación.
Dónde estaremos parados era la pregunta, y ahora ya empezamos a ubicarnos: “La Argentina está mejor parada que en 2015”, fue una de las frases más destacadas del discurso, una de las que los argentinos recibieron con más alivio y satisfacción. Los que la entendieron, bah. Los que no van más allá de la superficie de las cosas pueden quedarse con las fotos inventadas de la tierra redonda o la idea de que en los contratos de obra pública puede haber habido coimas. Pero a quien quiera oír, le explicamos. La Argentina está mejor parada ahora porque en 2015 estaba mal pero iba camino a estar peor. En cambio ahora está peor, pero al estar mejor parada puede empezar a mejorar y mejorar hasta, con mucho trabajo y viento a favor, dejar de estar peor y volver a estar como en 2015, es decir mal. Y todo gracias a que “no hay vuelta atrás”, otra originalidad de Mauricio que nos hace hervir la sangre de gozo y esperanza.
Otra parte que entusiasmó a todo el mundo fue la de la feroz autocrítica, aunque nos pareció un poco exagerada. Esto es, al principio la gestión funcionó como un violín perfectamente afinado, el gradualismo fue una genialidad que sólo pudo habérsele ocurrido al mejor equipo de la historia, y durante dos años y medio la economía creció, se generaron cientos de miles de empleos, bajó la inflación y de la pequeña deuda que fuimos asumiendo en el camino para qué vamos a hablar, te la debo para el próximo discurso de apertura de sesiones, después de la reelección. Hasta que de repente pasaron cosas: la salida de capitales de los mercados emergentes, la sequía y la causa de los cuadernos, cosas que, desde luego, nadie pudo haber imaginado que podrían llegar a pasar. La sequía, ponele, nadie podía verla venir, quién hubiera sospechado que en el campo a veces llueve y a veces no. Y quién hubiera dicho que en la Argentina los contratos de obras públicas se consiguen pagando coimas, y que las que las pagan son los mismos empresarios con los que íbamos a trabajar juntos para engrandecer al país. Pero la mayor sorpresa fue la fuga de capitales, porque se sabe que los brokers, los fondos de inversión y todos esos tipos expertos en hacer guita con la guita acostumbran ser muy prudentes a la hora de mover activos, y siempre se cuidan de hacerlo de manera que no perjudique los mercados que les han hecho ganar mucha plata; y estando todos esos CEOs del gobierno familiarizados con la ética capitalista para realizar operaciones financieras nadie podía imaginar que fueran a rajarse dejando el tendal a la primera de cambio. Menos mal que “nos estamos integrando al mundo de manera pragmática e inteligente”, como bien dijo Mauricio en otro tramo del discurso, que si llegábamos a integrarnos atropelladamente y a lo tonto a lo mejor nos desconfiaban.
Tan importantes como los éxitos económicos son los alcanzados en materia de seguridad: “Estamos frenando la entrada de las bandas por nuestras fronteras, como la frontera norte, ahora con el apoyo del narcotráfico”. Formidable anuncio, ahí tienen los que acusan al gobierno de no ser capaz de obtener los consensos necesarios para hacer frente a los problemas. A lo mejor no convence a la oposición de que lo ayude a sacar una ley de extinción de dominio, por ejemplo (la idea de devolver lo ganado durante los largos años de ejercicio de la función pública es un poco excesiva, se entiende), pero haber conseguido el apoyo del narcotráfico para controlar las fronteras asegura el éxito de los operativos, porque quién conoce el terreno mejor que ellos. En rigor, parece que a Mauricio se le escapó una noticia que debía permanecer en reserva para tomar por sorpresa a las bandas, porque en seguida se hizo el que corregía: “con el apoyo del Ejército fortalecemos la lucha contra el narcotráfico”, pero a nosotros no nos engaña. Lo dicho dicho está y además, ¿quién va a creer que el Presidente puede cometer semejante acto fallido?
Ahora bien, si lo de Mauricio fue brillante, lo de la oposición no se quedó nada corto. La idea de poner carteles delante de las bancas para dar a conocer sus posiciones sin necesidad de faltarle el respeto al Presidente con interrupciones, exabruptos e insultos es una prueba de tolerancia democrática que los deja muy bien parados ante la opinión pública, que tanto festeja la altura con que se ejercita en la Argentina el debate político. Pero además fue una demostración de inteligencia usar una frase abierta y propositiva co-mo “#HayOtroCamino”, que permite la automática adhesión de quienes no necesariamente comulgan con ellos. Hemos visto por ahí “#HayOtroCamino que termi-na en un convento”, “#HayOtroCamino y nos lleva a Venezuela”, “#HayOtroCamino si traés bolsos para el peaje” y “#HayOtroCamino que se bifurca hacia Ezeiza y Marcos Paz”. ¿Ven? Ahora es seguro que esa compleja y desconcertante realidad que nos rodea nos pesa mucho menos, y el futuro ya no se nos presenta tan incierto como hace un rato.
Jorge F. Legarda
Dónde estaremos parados era la pregunta, y ahora ya empezamos a ubicarnos: “La Argentina está mejor parada que en 2015”, fue una de las frases más destacadas del discurso, una de las que los argentinos recibieron con más alivio y satisfacción. Los que la entendieron, bah. Los que no van más allá de la superficie de las cosas pueden quedarse con las fotos inventadas de la tierra redonda o la idea de que en los contratos de obra pública puede haber habido coimas. Pero a quien quiera oír, le explicamos. La Argentina está mejor parada ahora porque en 2015 estaba mal pero iba camino a estar peor. En cambio ahora está peor, pero al estar mejor parada puede empezar a mejorar y mejorar hasta, con mucho trabajo y viento a favor, dejar de estar peor y volver a estar como en 2015, es decir mal. Y todo gracias a que “no hay vuelta atrás”, otra originalidad de Mauricio que nos hace hervir la sangre de gozo y esperanza.
Otra parte que entusiasmó a todo el mundo fue la de la feroz autocrítica, aunque nos pareció un poco exagerada. Esto es, al principio la gestión funcionó como un violín perfectamente afinado, el gradualismo fue una genialidad que sólo pudo habérsele ocurrido al mejor equipo de la historia, y durante dos años y medio la economía creció, se generaron cientos de miles de empleos, bajó la inflación y de la pequeña deuda que fuimos asumiendo en el camino para qué vamos a hablar, te la debo para el próximo discurso de apertura de sesiones, después de la reelección. Hasta que de repente pasaron cosas: la salida de capitales de los mercados emergentes, la sequía y la causa de los cuadernos, cosas que, desde luego, nadie pudo haber imaginado que podrían llegar a pasar. La sequía, ponele, nadie podía verla venir, quién hubiera sospechado que en el campo a veces llueve y a veces no. Y quién hubiera dicho que en la Argentina los contratos de obras públicas se consiguen pagando coimas, y que las que las pagan son los mismos empresarios con los que íbamos a trabajar juntos para engrandecer al país. Pero la mayor sorpresa fue la fuga de capitales, porque se sabe que los brokers, los fondos de inversión y todos esos tipos expertos en hacer guita con la guita acostumbran ser muy prudentes a la hora de mover activos, y siempre se cuidan de hacerlo de manera que no perjudique los mercados que les han hecho ganar mucha plata; y estando todos esos CEOs del gobierno familiarizados con la ética capitalista para realizar operaciones financieras nadie podía imaginar que fueran a rajarse dejando el tendal a la primera de cambio. Menos mal que “nos estamos integrando al mundo de manera pragmática e inteligente”, como bien dijo Mauricio en otro tramo del discurso, que si llegábamos a integrarnos atropelladamente y a lo tonto a lo mejor nos desconfiaban.
Tan importantes como los éxitos económicos son los alcanzados en materia de seguridad: “Estamos frenando la entrada de las bandas por nuestras fronteras, como la frontera norte, ahora con el apoyo del narcotráfico”. Formidable anuncio, ahí tienen los que acusan al gobierno de no ser capaz de obtener los consensos necesarios para hacer frente a los problemas. A lo mejor no convence a la oposición de que lo ayude a sacar una ley de extinción de dominio, por ejemplo (la idea de devolver lo ganado durante los largos años de ejercicio de la función pública es un poco excesiva, se entiende), pero haber conseguido el apoyo del narcotráfico para controlar las fronteras asegura el éxito de los operativos, porque quién conoce el terreno mejor que ellos. En rigor, parece que a Mauricio se le escapó una noticia que debía permanecer en reserva para tomar por sorpresa a las bandas, porque en seguida se hizo el que corregía: “con el apoyo del Ejército fortalecemos la lucha contra el narcotráfico”, pero a nosotros no nos engaña. Lo dicho dicho está y además, ¿quién va a creer que el Presidente puede cometer semejante acto fallido?
Ahora bien, si lo de Mauricio fue brillante, lo de la oposición no se quedó nada corto. La idea de poner carteles delante de las bancas para dar a conocer sus posiciones sin necesidad de faltarle el respeto al Presidente con interrupciones, exabruptos e insultos es una prueba de tolerancia democrática que los deja muy bien parados ante la opinión pública, que tanto festeja la altura con que se ejercita en la Argentina el debate político. Pero además fue una demostración de inteligencia usar una frase abierta y propositiva co-mo “#HayOtroCamino”, que permite la automática adhesión de quienes no necesariamente comulgan con ellos. Hemos visto por ahí “#HayOtroCamino que termi-na en un convento”, “#HayOtroCamino y nos lleva a Venezuela”, “#HayOtroCamino si traés bolsos para el peaje” y “#HayOtroCamino que se bifurca hacia Ezeiza y Marcos Paz”. ¿Ven? Ahora es seguro que esa compleja y desconcertante realidad que nos rodea nos pesa mucho menos, y el futuro ya no se nos presenta tan incierto como hace un rato.
Jorge F. Legarda