Opinión | jorge-f_-legarda

Fernández al gobierno, Fernández al poder

Por Jorge F. Legarda.
 
Lunes 13.- Los fanáticos de Game of Thrones, entre el desconcierto y la indignación por la temporada final de la serie.- Y sí, no es para menos. En la reflexión posterior a la emisión del penúltimo capítulo, uno pensaba sobre todo en una fanática en particular, en cómo enfrentaría la cruel ocurrencia de los guionistas a las que acabábamos de asistir: ¡Daenerys Targaryen se volvió mala! Nos preguntábamos qué efecto podría tener en quien allá lejos y hace tiempo nos recomendó este complejo drama sobre una violenta e inescrupulosa lucha por el Trono de Hierro, un Sillón de Rivadavia armado con espadas en desuso, y confesaba su debilidad por Daenerys, una rubiecita de aspecto frágil que liberaba esclavos e incineraba a sus opresores con el fuego que vomitaban tres dragones, uno montado y los otros dos teledirigidos por ella. El paso de heroína a responsable de una masacre de tan fogosa lideresa, ¿qué efecto tendría en nuestra propia lideresa fogosa, que tanto la admira? Bueno, al final de la semana nos enteramos. Digamos que no horneó a una ciudad entera con todos los habitantes adentro, pero lo que hizo fue, qué duda cabe, una masacre: de los cálculos políticos de propios y extraños, consumidores de ríos de tinta, millones de segundos de tiempo radial y televisivo y andá a saber cuántos megabytes por las redes, no quedan ni las cenizas en que quedó convertida King’s Landing. ¿Y ahora qué hacemos, eh? ¿Dónde estamos parados? ¿Hubo un renunciamien- to histórico o se prepara la renuncia presidencial para que asuma la vice? ¿Quién sería quién en un Fernández al gobierno, Fernández al poder? Game of Thrones termina esta noche, pero para saber quién se queda por nuestro Trono de Hierro parece que vamos a seguir pariendo por varios meses.



Martes 14.- Cristina volvió al PJ después de diez años y pidió una coalición “lo más ancha posible”.- Frente a las versiones de que después de lo de Córdoba aquello de la “ancha avenida del medio”, que en realidad siempre pareció tan angosta como la cintura política de Sergio Massa, podía empezar a reflotar desde el fondo de la grieta, Cristina se apresuró a presentar su propia versión: una que, como íbamos a descubrir días más tarde, es tan ancha que permite la coexistencia del traidor que siempre trabajó para Clarín con la enajenada que tiene una visión completamente distorsionada de la realidad y en sus últimos cuatro años de mandato no hizo una sola cosa bien. El primer paso fue volver a un pago al que según las malas lenguas no le guardaba mucho respeto, vaya uno a saber por qué, será porque alguna vez se la sacó de contexto cuando dijo “son tan primitivos y elementales que ni siquiera lo disimulan”. Y fue muy bien recibida por quienes al parecer están encantados de que les venga a suturar el orto una cirujana de dedos tan delicados. En realidad, las sonrisas desplegadas en las reuniones de las cúpulas de los partidos siempre son una representación simbólica extraordinariamente fiel de los motivos por los cuales la ciudadanía tiene en tan alta estima a la actividad política, pero las de este encuentro del Consejo Nacional del pejota, plagado de “imbéciles importantes”, como diría, cariñosamente por supuesto, la hija pródiga recién regresada al ruedo, le añaden a ese valor el de aparecer como punto de partida de una epopeya fundacional. ¿Qué malparido podría, si mira bien la foto de familia, sugerir que algo podría salir mal? Una vez más, con las definiciones escuchadas en tan magno evento podríamos hacer dulce, pero a la hora de elegir cómo no inclinarnos por una voz tan cercana a Cris como alejada del oportunismo ventajero: “Los peronistas somos así, un día decimos una cosa, al otro día otra”, explicó Hugo Moyano y todos los aspirantes al premio Luis Barrionuevo al “Sincericidio del Día” declinaron humildemente sus candidaturas hincándose de rodillas ante el maestro. No en vano el día peronista por excelencia es el Día de la Lealtad.



Miércoles 15.- Optimismo en el Pro por la leve recuperación de la imagen de Macri en las encuestas.- “Y eso que son encuestas hechas antes de que empeza- ra a circular la foto del encuentro del pejota”, dijo uno de los susodichos optimistas, persuadido de que hay ensanchamientos que angostan. Cierto, es notable el cambio de clima, la sutil baja en la convicción de las multitudes que corean el ya clásico MMLPQTP, la explosión del consumo graficada por las ventas récord de azúcar y pañales en el “hot sale”, la tranquilidad con que se toma el anuncio del paro de la CGT porque, pa’ lo que hay para hacer... Seguramente tuvo mucho que ver el enésimo respaldo a Mauricio de Donald Trump, un tipo tan popular en la Argentina que todo aquel que aparezca asociado a él ve cómo se levanta automáticamente la consideración del público hacia su persona. Ahora que la inflación se derrumbó a apenas el 55 por ciento anual, los resultados de cada elección provincial invitan a los adversarios del oficialismo a bajar la guardia y los ex- pone a ser tomados por sorpresa, el debate interno de Cambiemos genera propuestas supe- radoras como la de incorporar peronistas a la alianza (ya nos imaginamos las legiones de peronistas haciendo fila para sumarse, a riesgo de que los traten de oportunistas, para aprovechar el gran momento del Gobierno), ¿qué hace falta para que la recuperación deje de ser leve y el optimismo se afiance? A lo mejor que las encuestas empiecen a medir la sugerencia de radicales de que Macri no sea candidato... Qué vivos, así cualquiera…



Jueves 16.- Luego del escándalo, la Corte devolvió el expediente y el juicio por la causa Vialidad empezará el martes.- Otra buena para Cristina, nos imaginamos lo frustrante que debe de haber sido para ella la noticia de que el juicio por ahí se suspendía. No solamente por lo interesada que siempre está por aclarar las insidiosas sospechas instaladas por los medios al servicio de los intereses de los poderosos, seguramente cuando le den la oportunidad de hacerlo podremos por fin enterarnos de cómo se dio maña para montar un emporio hotelero e inmobiliario mientras sacaba al país de la ruina, en los ratitos que le quedaban libres entre una cadena nacional y la siguiente. Pero también porque debe de haberse pasado meses soñando con el reencuentro con viejos amigos y compañeros de ruta con los que, seguramente por falta de espacios libres en la agenda, no ha podido juntarse para rememorar aquellas entrañables tertulias de abnegada militancia y licitaciones transpa- rentes de las épocas doradas: Lázaro Báez, Julio De Vido, José López, el primo Carlos Kirchner… Ojalá se venga otra foto para exhibir con orgullo y sonrisas tan anchas como la ancha avenida del movimiento nacional y popular, esperemos que los jueces tengan sensibilidad y les permitan sentarse todos juntos, sin odiosas discriminaciones entre los que están presos y los que siguen con fueros.



Viernes 17.- Siguen los pases de facturas por el resultado de la elección cordobesa.- Aunque la tentación de subirnos al carro triunfal de los vencedores es grande, mucho más cuando en él marcha un discurso tan cargado de originalidad, gracia e inspiración como los del gringo Schiaretti, a la hora del análisis de los resultados de la elección cordobesa vamos a optar por escuchar la voz de los humillados, porque no creemos que sea justo que luego de su digna lucha sean olvidados en el desván de la historia. En realidad, no hay que dramatizar. Que entre Negri y Mestre sumados hayan obtenido unos cuántos votos menos que el milico Aguad solito hace cuatro años se explica perfectamente, es que igualar el carisma y el sex appeal de nuestro querido ministro de Defensa está fuera del alcance del más esforzado. Que los cordobeses de la capital le hayan dado a Mestre menos votos que los del resto de la provincia se explica por su disgusto ante la perspectiva de perder un intendente que aprecian tanto. La explicación de los números de Negri, en cambio, se la dejamos a Lilita: la culpa es de los traidores que se borraron y lo dejaron solo en lugar de venir a dar una mano tan apreciada como la que dio ella en sus visitas. Pero la definición más sagaz de lo ocurrido nos la entregó, con su habitual mesura y sobriedad, la Pato Bullrich: “Cambiemos no se presentó”. Línea argumental salida no del laboratorio del ecuatoriano Durán Barba sino del mexicano Chavo del Ocho: “Total que yo ni quería”. Bien, Pato, pero igual llegaste un poco tarde a sumarte a la estrategia ganadora de Cristina, que directamente bajó a su candidato de un hondazo antes de la elección para no tener que andar ahora mostrando la hilacha enarbolando excusas traídas de los pelos, y concentrarse en las próximas masacres a perpetrar como candidata, y sobre todo después.



Jorge F. Legarda