La campaña en los tiempos de las fake news
Jorge F. Legarda.
Lástima, veníamos bien, en línea con esa tradición argentina de llevar adelante la competencia política con un cuidadoso apego a las normas de urbanidad y de respeto mutuo. Pero, por increíble que nos parezca a quienes estamos familiarizados con los valores que se despliegan en estas enriquecedoras etapas de la vida democrática, parece que la campaña va camino a ensuciarse. La manipulación del video de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich para sugerir que el particular peinado con que fue sorprendida no provenía de haberse pasado la noche en vela elucubrando estrategias para combatir el narcotráfico, sino de haberse excedido en los brindis que comparte con las tropas a su cargo, para reforzar la moral, luego de cada allanamiento exitoso, demuestra que hay gente dispuesta a todo para desacreditar al adversario. Felizmente, la maniobra ha sido desactivada y la reputación de la Pato como dechado de sobriedad y compostura ha quedado a salvo, pero la infame falta de escrúpulos que la inspiró sigue allí, y despliega su artero arsenal para tratar de estropear la fiesta de cultura cívica que caracteriza en la Argentina a todos los períodos preelectorales. Por estos días, sin ir más lejos, se han desplegado innumerables operaciones análogas a la montada contra la ministra, con tanta habilidad que han pasado inadvertidas, salvo para el sagaz escrutador de la realidad que firma esta columna.
Sagaz y todo, de hecho, se quedó de una pieza cuando escuchó que nuestro también sagaz Presidente de la Nación había anunciado que junto a su flamante amigo Jair Bolsonaro buscarían un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. ¿Pero cómo, no sabe nuestro presidente que su también amigo Donald Trump es más bien de los que voltean acuerdos antes que firmar otros nuevos, que considera el libre comercio una maniobra de los menesterosos de todas las latitudes para joderlo a su país y a él mismo personalmente, y que si tuvimos que bajarnos los lienzos para venderle cuatro limones, abrirle nuestra economía sería un poco exagerado como prueba de amor? ¡Claro que lo sabe! Pero con lo ocurrido con Patricia nos dimos cuenta: en realidad nunca anunció semejante cosa, le han manipulado el audio para que aparezca como un ingenuo atropellado que, entusiasmado por ese acuerdo con la Unión Europea que con suerte va a empezar a dar alguna señal de vida dentro de diez años, carga la campaña electoral de propuestas irreflexivas que le dan argumentos al adversario para tratarlo de improvisado y de vendepatria. Sin embargo, mucho más artero e inescrupuloso fue hacerlo aparecer comparando a la Argentina con los Jaguares justo antes de que nuestros muchachos se mancaran en la final, para reforzar la injusta fama de mufa que le han endilgado a nuestro afortunado líder.
Lo grave es que no serían casos aislados, ni sacados del sombrero por algunos bromistas de mal gusto, sino de una verdadera campaña concertada con blancos múltiples. Otra que no se salvó de la manipulación fue Elisa Carrió, a quien le hicieron decir algo que no diría ni ebria ni dormida ni empastillada: “Hay que revisar las sentencias injustas a militares”. Aparentemente, la quieren presentar como una oportunista que, después del enorme respaldo popular que obtuvo Alberto Fernández al anunciar la revisión de las resoluciones judiciales contra los presos políticos kirchneristas como Julio De Vido, Amado Boudou o José López, quiere explotar electoralmente la solidaridad que también despiertan los presos políticos más antiguos, igualmente tributarios del cariño del pueblo, como Astiz o Barreiro. Pero sabemos que la declaración que se le atribuye es un engaño porque sería imposible que una demócrata como Lilita, ferviente defensora de la República, propusiera algo tan antirrepublicano como revisar desde el poder político una sentencia judicial.
Consultados referentes de la oposición acerca de la existencia de esta aviesa campaña para desacreditar a referentes del oficialismo, han descartado terminantemente estar detrás de las manipulaciones denunciadas, faltaba más, mirá vos si gente con una trayectoria tan extensa y nutrida de apego a la verdad y al respeto por las reglas va a andar haciendo esas cosas. Aunque en realidad no les andarían faltando motivos si se tienen en cuenta las que les hicieron a ellos. Fíjense si no en esta progresión que no puede ser producto más que de una cuidadosa planificación: primero se hace aparecer a un dirigente de ética intachable como Guillermo Moreno diciendo que hay que robar con códigos y sin romperles las caderas a las viejitas, después a otro amigo entrañable del Papa como Grabois lamentando no haber nacido pobre para salir “de caño” en lugar de vivir de las dádivas distribuidas, luego del descuento del diezmo, a través de una organización como la que dirige él; y finalmente Dady Brieva, otro declarante juicioso y moderado, reivindicando la dignidad del oficio del chorro. La verdad, son muy básicos en esto de sugerir que en un movimiento tan coherente como el kirchnerismo existen diferencias en torno de cuestiones como la ética del choreo, la regulación de los delitos contra la propiedad desde la Secretaría de Comercio, y el rol de la actividad criminal dentro de los circuitos productivos de la economía informal, cuando todos sabemos que su caracterización como un instrumento de lucha anticapitalista ya ha sido suficientemente demostrada por una eminencia como Zaffaroni.
Lo extraño, en medio de esta campaña centrada en los chorros y el choreo, acaso sea que la grosera manipulación que realizaron en las declaraciones de Albertito el ungido se haya autolimitado en la referencia a la exitosa actividad hotelera de su ilustre compañera de fórmula. Lo hicieron decir que haber tenido como único inquilino de sus decenas de habitaciones vacías a Lázaro Báez pudo haber sido como mucho un “desliz ético”, y como prueba contundente de que no hubo delito, enfatizó que en relación con los montos de los contratos de obra pública otorgados al cajero de banco más exitoso de la historia (¡qué lejos quedó el legendario Fendrich, un tipo con códigos según la definición de Moreno!) esos alquileres eran muy poca plata. ¿Sugieren que era una jefa de banda generosa hasta la ingenuidad, que repartía el botín sin quedarse más que con las migajas? De todas formas, tampoco cuestionarla por el lado de la ética deja de ser un burdo intento de desacreditar la imagen de alguien que ha probado reiteradamente su intención de poner la ética como leit motiv de su campaña. Por ejemplo, sin ir más lejos, con su reclamo sin antecedentes a los grandes medios hegemónicos de que se ocupen de la vida amorosa de las divorciadas que se hacen las mosquitas muertas. Imaginamos lo orgullosas que deben de estar sus legiones de seguidoras de los pañuelos verdes.
En cualquier caso, la prueba definitiva de que en el reino de las fake news no se salva nadie la encontramos no sólo en los ataques al oficialismo y a la oposición más polenta, sino hasta en el ámbito más ideológicamente puro e inmaculado de la izquierda argentina, desde donde llegan ruidos de un bolonqui más propio de los vicios de la partidocracia tradicional. La ruptura de Altamira y su grupo con Del Caño y los suyos, justamente a pocos días de las elecciones y con las candidaturas ya jugadas, no puede ser sino producto de una serie concertada de manipulaciones de la información, ya que si algo ha caracterizado históricamente a la izquierda argentina es haber privilegiado la unidad en la lucha revolucionaria por encima de las pequeñas diferencias estratégicas y las ambiciones personales de sus dirigentes: una línea de conducta que constituye la más firme de las explicaciones de sus continuos éxitos electorales.
Jorge F. Legarda
Sagaz y todo, de hecho, se quedó de una pieza cuando escuchó que nuestro también sagaz Presidente de la Nación había anunciado que junto a su flamante amigo Jair Bolsonaro buscarían un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. ¿Pero cómo, no sabe nuestro presidente que su también amigo Donald Trump es más bien de los que voltean acuerdos antes que firmar otros nuevos, que considera el libre comercio una maniobra de los menesterosos de todas las latitudes para joderlo a su país y a él mismo personalmente, y que si tuvimos que bajarnos los lienzos para venderle cuatro limones, abrirle nuestra economía sería un poco exagerado como prueba de amor? ¡Claro que lo sabe! Pero con lo ocurrido con Patricia nos dimos cuenta: en realidad nunca anunció semejante cosa, le han manipulado el audio para que aparezca como un ingenuo atropellado que, entusiasmado por ese acuerdo con la Unión Europea que con suerte va a empezar a dar alguna señal de vida dentro de diez años, carga la campaña electoral de propuestas irreflexivas que le dan argumentos al adversario para tratarlo de improvisado y de vendepatria. Sin embargo, mucho más artero e inescrupuloso fue hacerlo aparecer comparando a la Argentina con los Jaguares justo antes de que nuestros muchachos se mancaran en la final, para reforzar la injusta fama de mufa que le han endilgado a nuestro afortunado líder.
Lo grave es que no serían casos aislados, ni sacados del sombrero por algunos bromistas de mal gusto, sino de una verdadera campaña concertada con blancos múltiples. Otra que no se salvó de la manipulación fue Elisa Carrió, a quien le hicieron decir algo que no diría ni ebria ni dormida ni empastillada: “Hay que revisar las sentencias injustas a militares”. Aparentemente, la quieren presentar como una oportunista que, después del enorme respaldo popular que obtuvo Alberto Fernández al anunciar la revisión de las resoluciones judiciales contra los presos políticos kirchneristas como Julio De Vido, Amado Boudou o José López, quiere explotar electoralmente la solidaridad que también despiertan los presos políticos más antiguos, igualmente tributarios del cariño del pueblo, como Astiz o Barreiro. Pero sabemos que la declaración que se le atribuye es un engaño porque sería imposible que una demócrata como Lilita, ferviente defensora de la República, propusiera algo tan antirrepublicano como revisar desde el poder político una sentencia judicial.
Consultados referentes de la oposición acerca de la existencia de esta aviesa campaña para desacreditar a referentes del oficialismo, han descartado terminantemente estar detrás de las manipulaciones denunciadas, faltaba más, mirá vos si gente con una trayectoria tan extensa y nutrida de apego a la verdad y al respeto por las reglas va a andar haciendo esas cosas. Aunque en realidad no les andarían faltando motivos si se tienen en cuenta las que les hicieron a ellos. Fíjense si no en esta progresión que no puede ser producto más que de una cuidadosa planificación: primero se hace aparecer a un dirigente de ética intachable como Guillermo Moreno diciendo que hay que robar con códigos y sin romperles las caderas a las viejitas, después a otro amigo entrañable del Papa como Grabois lamentando no haber nacido pobre para salir “de caño” en lugar de vivir de las dádivas distribuidas, luego del descuento del diezmo, a través de una organización como la que dirige él; y finalmente Dady Brieva, otro declarante juicioso y moderado, reivindicando la dignidad del oficio del chorro. La verdad, son muy básicos en esto de sugerir que en un movimiento tan coherente como el kirchnerismo existen diferencias en torno de cuestiones como la ética del choreo, la regulación de los delitos contra la propiedad desde la Secretaría de Comercio, y el rol de la actividad criminal dentro de los circuitos productivos de la economía informal, cuando todos sabemos que su caracterización como un instrumento de lucha anticapitalista ya ha sido suficientemente demostrada por una eminencia como Zaffaroni.
Lo extraño, en medio de esta campaña centrada en los chorros y el choreo, acaso sea que la grosera manipulación que realizaron en las declaraciones de Albertito el ungido se haya autolimitado en la referencia a la exitosa actividad hotelera de su ilustre compañera de fórmula. Lo hicieron decir que haber tenido como único inquilino de sus decenas de habitaciones vacías a Lázaro Báez pudo haber sido como mucho un “desliz ético”, y como prueba contundente de que no hubo delito, enfatizó que en relación con los montos de los contratos de obra pública otorgados al cajero de banco más exitoso de la historia (¡qué lejos quedó el legendario Fendrich, un tipo con códigos según la definición de Moreno!) esos alquileres eran muy poca plata. ¿Sugieren que era una jefa de banda generosa hasta la ingenuidad, que repartía el botín sin quedarse más que con las migajas? De todas formas, tampoco cuestionarla por el lado de la ética deja de ser un burdo intento de desacreditar la imagen de alguien que ha probado reiteradamente su intención de poner la ética como leit motiv de su campaña. Por ejemplo, sin ir más lejos, con su reclamo sin antecedentes a los grandes medios hegemónicos de que se ocupen de la vida amorosa de las divorciadas que se hacen las mosquitas muertas. Imaginamos lo orgullosas que deben de estar sus legiones de seguidoras de los pañuelos verdes.
En cualquier caso, la prueba definitiva de que en el reino de las fake news no se salva nadie la encontramos no sólo en los ataques al oficialismo y a la oposición más polenta, sino hasta en el ámbito más ideológicamente puro e inmaculado de la izquierda argentina, desde donde llegan ruidos de un bolonqui más propio de los vicios de la partidocracia tradicional. La ruptura de Altamira y su grupo con Del Caño y los suyos, justamente a pocos días de las elecciones y con las candidaturas ya jugadas, no puede ser sino producto de una serie concertada de manipulaciones de la información, ya que si algo ha caracterizado históricamente a la izquierda argentina es haber privilegiado la unidad en la lucha revolucionaria por encima de las pequeñas diferencias estratégicas y las ambiciones personales de sus dirigentes: una línea de conducta que constituye la más firme de las explicaciones de sus continuos éxitos electorales.
Jorge F. Legarda