La estrategia ganadora inspirada por la Chiqui
Por Jorge F. Legarda
No sé si se enteraron de que acaba de empezar la campaña. Fue ayer. En serio, ayer. Lo que hubo hasta el momento eran prolegómenos, escaramuzas, fake news, movimientos precompetitivos, nada de lo que valga la pena ocuparse demasiado. ¿Y el 11 de agosto? ¿Y el 47,78 convertible en 49,49? Bueno, parece que hay una estrategia para lidiar con la coyuntura que no se limita al reperfilamiento y al neocepo, nuevos valerosos aportes de la Argentina a la teoría económica, sino que lleva sus innovaciones a un nivel donde la política se vincula con la metafísica: “El 11 de agosto no ocurrió”. Hay que pasarlo al archivo rápidamente porque “si no me acuerdo no pasó”, de modo que llegamos a la competencia del 27 de octubre con las convicciones, la dignidad y todos los orificios intactos, con vocación ganadora, dispuestos a dar vuelta no se sabe bien qué cosa porque, como queda dicho, en realidad no pasó nada. Por lo pronto, si se me disculpa la infidencia personal, les cuento que para mí es una excelente noticia, porque si lo del 11 de agosto “no ocurrió”, el dólar sigue estando a 47 y chirolas, de modo que puedo dejar de flagelarme a mí mismo por haber renovado el plazo fijo en pesos el viernes anterior.
Desde luego, lo de “las Paso no pasaron” es sólo parte de la estrategia para ganar el mes que viene, y en la reunión a la que convocó a la tropa para arengarla con vistas a la carrera que se avecina, Mauricio fijó otro leit motiv que seguramente hizo temblar los cimientos del Instituto Patria: “Como te ven te tratan, y si te ven mal te maltratan”, les dijo a los atónitos legisladores de Cambiemos que no podían creer lo que estaban escuchando. Una genialidad. Dejemos que otros basen su filosofía política en sus lecturas de Maquiavelo, Montesquieu, Thomas Hobbes, Foucault, Gramsci, John Stuart Mill, Ayn Rand o cualquiera de esos pesados autores que seguramente Mauricio ha estudiado con el esmero y la dedicación que pone en todo lo que hace, pero sobre todo en el enriquecimiento de su intelecto. En cambio él, a la hora de los bifes, elige a la Chiqui. Parece que Durán Barba ya fue, a pesar de la generosa oferta que pasó para las elecciones del 27 de octubre: cobrar las explicaciones del resultado con un 15 por ciento de rebaja respecto de lo que cobró para explicar el resultado que no ocurrió, el del 11 de agosto. Ahora los fundamentos de la campaña salen de una fuente de sabiduría mucho más sólida.
Un gesto de grandeza el de Mauricio, después de que su amiga lo tratara de “fracasado”, doce horas antes de formular una sentida retractación: parece que entre la noche del sábado y el mediodía del domingo tuvo tiempo de reflexionar sobre el dolor que son capaces de provocar palabras pronunciadas sin consideración por la sensibilidad del otro, sobre todo si el otro todavía tiene la llave de la pauta publicitaria oficial y de la Afip. Igual, Mauricio hace muy bien en no ser rencoroso, porque el pensamiento legrandiano es una fuente de sabiduría decididamente apta para proporcionarle el impulso que anda necesitando para superar la dura prueba que se avecina.
Bien mirado, podría decirse que el criterio ha estado planeado a lo largo de toda la gestión. Por ejemplo, si uno se fija en esa admirable capacidad de adaptarse a las demandas del rating: si de golpe no te funcionan, ponele, Facundo Manes, Julio Bocca y un ignoto plomazo que advierte sobre las terribles consecuencias del cambio climático, armás la mesa con Lizzy Tagliani, Charlottte Caniggia y Natasha Jaitt. ¿No es más o menos así como Mauricio ha ido armando su gabinete? Y lo del mejor equipo de los últimos cincuenta años remite inequívocamente a “¡Me-sa-za!”, hasta en la capacidad de generar la misma reacción en el público: Aaaahhh… ¿esto era?
Una vez que tenemos la idea base, podemos evaluar cómo aplicarla específicamente a cada ítem que aparece en la campaña. Dicen que una de las claves, andá a saber por qué, es la economía. Que para que Mauricio tenga alguna chance de ser reelecto, debe lograr que su programa económico gane credibilidad, algo que según los sesudos analistas de la coyuntura es medio complicado cuando dos veces por semana dicta una medida que se contradice con todo lo que venía diciendo y haciendo. ¿Cómo recuperar la confianza de la ciudadanía en el programa económico, entonces? Fácil, explicándole que “este programa trae suerte”, como el de Mirtha.
Y sí, invocar a la suerte parece ser lo único que a esta altura puede parecer más o menos realista para revertir el fantasma carente de entidad que nos perturba el ánimo. Porque reconozcámoslo, aunque afortunadamente el 11 de agosto no pasó, no ocurrió, no fue, es un espejismo producto de una pesadilla, hay mucha gente confundida que cree que sí pasó. Y para ellos hay que armar un discurso positivo, optimista, movilizador, eso sí, no tan movilizador como el que sacó a la gente a la calle hace dos semanas, que después Alberto se enoja, dice algo contra el FMI y nos desacomoda todas las variables. Pero por lo menos como para que los nuestros se sacudan la depresión y salgan a la cancha con la idea de que por ahí, con viento a favor, zafamos de la goleada. Y frente a un interrogante inoportuno como de dónde pueden llegar a salir los goles o los votos para hacer el milagro, nos aparecen las enseñanzas de Mirtha: “El público se renueva”. Así que, ¿por qué no vamos a creer que lo podemos volver a conquistar contándole la misma anécdota chispeante, el mismo drama lacrimógeno, la misma historia esperanzadora de siempre? Total, “lo que no es puede llegar a ser”.
Hay otras frases inspiradoras, claro, como la advertencia de que “se viene el zurdaje”, que Grabois agitó con su propuesta de repartir las tierras productivas entre familias del conurbano, pero con la aclaración de que en el Frente de Todos no todos están de acuerdo con el proyecto: cierto, algunos hasta recuerdan que los bancos ganaron más con Cristina que con Mauricio. Además, la reforma agraria del amigo del Papa ni siquiera viene con fusilamientos a los terratenientes, ni siquiera con becas para la reeducación de los garcas en campos de trabajo, sino que propone pagarles por los campos “el precio de mercado”, o sea, medio timorato como zurdo, un blando y un pacifista, con razón Hebe le salió a pegar por “sacar a la gente a la calle, con los niños, con los cochecitos, a las 7 de la mañana, a las 5 de la mañana, hacerlos caminar, traerlos abajo del agua, abajo de la lluvia, para después darles una bolsa de comida” cuando en realidad “a la gente hay que enseñarle a pedir trabajo". ¿No darles bolsas de comida y enseñarles a pedir trabajo? ¡Se está cerrando la grieta, Hebe suena casi como Pichetto!
Pero no nos vayamos del tema, estamos con Mirtha, que aunque supo criticar a Mauricio porque “no ve la realidad” -una manera de indicarle que tendría que andar más por el barro como ella-, también ratificó su apoyo porque “daría la vida para que el kirchnerismo y La Cámpora no vuelvan nunca más”. Claro que con su última vuelta de tuerca respecto de que ahora sí lo invitaría a comer al amigo Alberto, la perspectiva de la autoinmolación da la impresión de ir alejándose. Es que “pasaron cosas”, aunque en realidad no haya pasado lo que pasó. Cualquier cosa para mantener el espíritu, y postergar el momento de pronunciar la última pregunta legrandiana y, en este caso, también de reminiscencias futboleras cuando el resultado viene medio cantado: “¿Lo digo o no lo digo?”.
Desde luego, lo de “las Paso no pasaron” es sólo parte de la estrategia para ganar el mes que viene, y en la reunión a la que convocó a la tropa para arengarla con vistas a la carrera que se avecina, Mauricio fijó otro leit motiv que seguramente hizo temblar los cimientos del Instituto Patria: “Como te ven te tratan, y si te ven mal te maltratan”, les dijo a los atónitos legisladores de Cambiemos que no podían creer lo que estaban escuchando. Una genialidad. Dejemos que otros basen su filosofía política en sus lecturas de Maquiavelo, Montesquieu, Thomas Hobbes, Foucault, Gramsci, John Stuart Mill, Ayn Rand o cualquiera de esos pesados autores que seguramente Mauricio ha estudiado con el esmero y la dedicación que pone en todo lo que hace, pero sobre todo en el enriquecimiento de su intelecto. En cambio él, a la hora de los bifes, elige a la Chiqui. Parece que Durán Barba ya fue, a pesar de la generosa oferta que pasó para las elecciones del 27 de octubre: cobrar las explicaciones del resultado con un 15 por ciento de rebaja respecto de lo que cobró para explicar el resultado que no ocurrió, el del 11 de agosto. Ahora los fundamentos de la campaña salen de una fuente de sabiduría mucho más sólida.
Un gesto de grandeza el de Mauricio, después de que su amiga lo tratara de “fracasado”, doce horas antes de formular una sentida retractación: parece que entre la noche del sábado y el mediodía del domingo tuvo tiempo de reflexionar sobre el dolor que son capaces de provocar palabras pronunciadas sin consideración por la sensibilidad del otro, sobre todo si el otro todavía tiene la llave de la pauta publicitaria oficial y de la Afip. Igual, Mauricio hace muy bien en no ser rencoroso, porque el pensamiento legrandiano es una fuente de sabiduría decididamente apta para proporcionarle el impulso que anda necesitando para superar la dura prueba que se avecina.
Bien mirado, podría decirse que el criterio ha estado planeado a lo largo de toda la gestión. Por ejemplo, si uno se fija en esa admirable capacidad de adaptarse a las demandas del rating: si de golpe no te funcionan, ponele, Facundo Manes, Julio Bocca y un ignoto plomazo que advierte sobre las terribles consecuencias del cambio climático, armás la mesa con Lizzy Tagliani, Charlottte Caniggia y Natasha Jaitt. ¿No es más o menos así como Mauricio ha ido armando su gabinete? Y lo del mejor equipo de los últimos cincuenta años remite inequívocamente a “¡Me-sa-za!”, hasta en la capacidad de generar la misma reacción en el público: Aaaahhh… ¿esto era?
Una vez que tenemos la idea base, podemos evaluar cómo aplicarla específicamente a cada ítem que aparece en la campaña. Dicen que una de las claves, andá a saber por qué, es la economía. Que para que Mauricio tenga alguna chance de ser reelecto, debe lograr que su programa económico gane credibilidad, algo que según los sesudos analistas de la coyuntura es medio complicado cuando dos veces por semana dicta una medida que se contradice con todo lo que venía diciendo y haciendo. ¿Cómo recuperar la confianza de la ciudadanía en el programa económico, entonces? Fácil, explicándole que “este programa trae suerte”, como el de Mirtha.
Y sí, invocar a la suerte parece ser lo único que a esta altura puede parecer más o menos realista para revertir el fantasma carente de entidad que nos perturba el ánimo. Porque reconozcámoslo, aunque afortunadamente el 11 de agosto no pasó, no ocurrió, no fue, es un espejismo producto de una pesadilla, hay mucha gente confundida que cree que sí pasó. Y para ellos hay que armar un discurso positivo, optimista, movilizador, eso sí, no tan movilizador como el que sacó a la gente a la calle hace dos semanas, que después Alberto se enoja, dice algo contra el FMI y nos desacomoda todas las variables. Pero por lo menos como para que los nuestros se sacudan la depresión y salgan a la cancha con la idea de que por ahí, con viento a favor, zafamos de la goleada. Y frente a un interrogante inoportuno como de dónde pueden llegar a salir los goles o los votos para hacer el milagro, nos aparecen las enseñanzas de Mirtha: “El público se renueva”. Así que, ¿por qué no vamos a creer que lo podemos volver a conquistar contándole la misma anécdota chispeante, el mismo drama lacrimógeno, la misma historia esperanzadora de siempre? Total, “lo que no es puede llegar a ser”.
Hay otras frases inspiradoras, claro, como la advertencia de que “se viene el zurdaje”, que Grabois agitó con su propuesta de repartir las tierras productivas entre familias del conurbano, pero con la aclaración de que en el Frente de Todos no todos están de acuerdo con el proyecto: cierto, algunos hasta recuerdan que los bancos ganaron más con Cristina que con Mauricio. Además, la reforma agraria del amigo del Papa ni siquiera viene con fusilamientos a los terratenientes, ni siquiera con becas para la reeducación de los garcas en campos de trabajo, sino que propone pagarles por los campos “el precio de mercado”, o sea, medio timorato como zurdo, un blando y un pacifista, con razón Hebe le salió a pegar por “sacar a la gente a la calle, con los niños, con los cochecitos, a las 7 de la mañana, a las 5 de la mañana, hacerlos caminar, traerlos abajo del agua, abajo de la lluvia, para después darles una bolsa de comida” cuando en realidad “a la gente hay que enseñarle a pedir trabajo". ¿No darles bolsas de comida y enseñarles a pedir trabajo? ¡Se está cerrando la grieta, Hebe suena casi como Pichetto!
Pero no nos vayamos del tema, estamos con Mirtha, que aunque supo criticar a Mauricio porque “no ve la realidad” -una manera de indicarle que tendría que andar más por el barro como ella-, también ratificó su apoyo porque “daría la vida para que el kirchnerismo y La Cámpora no vuelvan nunca más”. Claro que con su última vuelta de tuerca respecto de que ahora sí lo invitaría a comer al amigo Alberto, la perspectiva de la autoinmolación da la impresión de ir alejándose. Es que “pasaron cosas”, aunque en realidad no haya pasado lo que pasó. Cualquier cosa para mantener el espíritu, y postergar el momento de pronunciar la última pregunta legrandiana y, en este caso, también de reminiscencias futboleras cuando el resultado viene medio cantado: “¿Lo digo o no lo digo?”.