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La hora de la más feroz y despiadada autocrítica

Por Jorge F. Legarda

Lunes 9.- Macri admitió por primera vez que “algunos temas de la propia gestión” estuvieron entre las causas de las “turbulencias”.- La respuesta a aquellos disconformes que sugieren que al gobierno le andaba faltando autocrítica fue oportuna, aunque uno se pregunta si no se habrá pasado de rosca. Hasta ahora teníamos claro que la “tormenta” en la que dicen estar ahogándose los nostálgicos del populismo era ocasionada por a) la pesada herencia del gobierno anterior y b) el comportamiento de los mercados externos. Ahora parece que hay que agregar c) los errores de la propia gestión: el error de no haber explicado claramente la pesada herencia del gobierno anterior; y el error de no haber convencido a los mercados externos que nos merecíamos que se comportaran mejor con nosotros. Así que a no asustarse: la feroz autocrítica de Mauricio no es de las que prenuncian un cambio de rumbo, sino de las que se pronuncian como demostración de nuestro nivel de autoexigencia. Apenas nos falta convencer a los que no entienden ni comprenden que todo va bien y que los problemas no son por culpa nuestra para que se acaben las turbulencias. Y si no se acaban, bueno, podremos decir, ahora sí, que ya no hay “temas de la propia gestión” entre sus causas.



Martes 10.- En Nueva York, Dujovne intentó despejar dudas en los inversores.- Y quién mejor para dar explicaciones que un maestro en el arte de la persuasión como Nico. No sé a ustedes, pero quien esto escribe tiene muy presente cómo quedó de impresionado por la convicción con que defendió sus principios y su actuación pública en los albores de su gestión, cuando había sido objeto de ataques durísimos e injustos. Quizá la parte de por qué tiene toda la guita afuera no nos haya quedado del todo clara, abombados como somos en materias tan abstractas como dónde guardan la tarasca los expertos en finanzas que tan celosamente cuidan nuestros intereses, pero estamos absolutamente convencidos de que en su consumición de un chocoarroz durante una reunión de gabinete no existe ninguna malversación de fondos públicos. Lo de ahora no es menos peliagudo: después de pasarnos dos años explicando que no podíamos hacer ajustes porque si no éramos gradualistas volvía el populismo, ahora tenemos que explicar que el populismo no vuelve porque vamos a hacer los ajustes que no hicimos por ser gradualistas. No se entiende de dónde salen las dudas que Nico tiene que andar despejando.



Miércoles 11.- Carrió, contra los gobernadores: “¿Por qué nadie fue tan machito para reclamarle a Cristina?”.- En las continuas recorridas que hace por todo el territorio nacional para denunciar entuertos, repartir propinas, recordarnos la gran amenaza para la República que representan Angelici y Lorenzetti, y reforzar los lazos que mantienen la unidad de Cambiemos –porque cada vez que abre la boca Cambiemos tiene que salir en bloque a proclamar que la alianza está más unida que nunca–, Lilita pasó por Córdoba y retó en particular a nuestro Juan Schiaretti no porque no lo quiera, sino porque lo ve como medio renuente a apoyar el gobierno de su amigo autocrítico. La enoja que los gobernadores se le encocoren al pobre Mauricio mientras con la lideresa, “que les robaba todos los días la coparticipación”, eran todo sonrisas cuando los llamaba para hacer número en la Casa Rosada cada vez que refundaba la Patria por cadena nacional. Pero igual, la pregunta del título se responde sola. Pensemos en cómo trata Cris a Parrilli, nada más que por ser Parrilli y actuar como Parrilli, e imaginemos cómo reaccionaría frente a un inoportuno que fuera a pedirle plata o hacerle planteos propios de machirulo. Es lógico que a un CEO onda new age, menos predispuesto a los ataques de furia, se le animen más a reclamarle cosas, aunque en la malaria actual lo más que pueden llegar a obtener es una canasta de vegetales orgánicos de los que cultiva Juliana en la Quinta de Olivos.



Jueves 11.- Según una auditoría, sólo el 2 por ciento de los acusados de corrupción son condenados.- Ahora sí, si vamos a hacer autocrítica, este dato del informe del Consejo de la Magistratura nos da cuenta de un estado de cosas inadmisible, frente al cual no podemos quedarnos de brazos cruzados. Que solamente uno de cada cincuenta acusados de corrupción reciba efectivamente una sanción nos llena de vergüenza, pero lejos de esconder la cabeza en el natural deseo de que nos trague la tierra frente a semejante falta de proporción, es preciso exigir un cambio drástico y contundente, que debe operar lo más rápidamente posible y resistir cualquier operación interesada de las que seguramente pulularán desde los sectores que pretenden mantener esta inercia. Esa estadística tiene que modificarse profundamente, sí o sí y caiga quien caiga. Y para eso no hay que vacilar y adoptar el único camino posible para lograrlo: ¡que haya menos acusaciones por corrupción! Bastaría con bajar las denuncias a la mitad para pasar a tener dos condenas cada cincuenta causas en vez de una, un éxito total.



Viernes 12.- Procesaron y embargaron a Andrea del Boca y Julio De Vido por la novela Mamá Corazón.- Justo cuando acababa de aclararle al tribunal que la tragedia de Once ocurrió porque el maquinista no apretó los frenos (algo que sólo pudo haber hecho para atacar al proyecto nacional y popular), Julio se encuentra con este mal trago por su noble intento de incluir la promoción de la producción audiovisual entre los objetivos del ministerio que conducía, con la misma impronta de cuentas claras y transparencia con que se financiaban las compras de gas en barco, el sistema ferroviario y las viviendas de Sueños Compartidos. Pero a esta costumbre de denunciar al cuete no le alcanza con cuestionar la honorabilidad de funcionarios tan honorables como De Vido, sino que también se la toma con las expresiones mayores del Arte con mayúsculas como Mamá Corazón. Lástima que nunca llegamos a verla, porque a juzgar por los doce millones de dólares o algo así que sabiamente se invirtieron en ella, y lamentablemente resultaron insuficientes para completarla, seguramente debe de haber sido buenísima.