Opinión | jorge-f_-legarda

Los sabios e inapelables juicios de la Historia

Por Jorge F. Legarda
 
Lunes 2.- Cristina, desafiante ante los jueces: “A mí la historia me absolvió”.- Tomá pa’ vos. Ella no está para mariconadas ni medias tintas. Ni las de los integrantes del tribunal, que temerosos de ser puestos en evidencia como instrumentos del lawfare quisieron impedir que su vibrante discurso de tres horas y media fuera seguido palabra por palabra en vivo y directo por la subyugada audiencia que clama por el regreso de las cadenas nacionales, ni las de ese advenedizo de Fidel Castro en cuya frase “La historia me absolverá” supuestamente se inspiró. No señor, no tenemos por qué ser tímidos y hablar en tiempo futuro: la historia, o mejor digamos la Historia, ya decretó que Cristina no le adjudicó a Lázaro Báez obra pública que no le correspondía, no ordenó pagarle a Lázaro Báez por obra que no había hecho ni tenía la menor intención de hacer, no hizo ningún negocio raro con Lázaro Báez, no tuvo nada que ver en la transformación de un cajero de banco en el segundo mayor terrateniente de la Argentina justo durante los gobiernos de Néstor y de Ella. Y es más, la Historia estableció asimismo que tampoco hizo un pacto con Irán para encubrir el atentado contra la Amia, que jamás se puso al frente del esquema montado por Néstor para cobrar por cada obra adjudicada y que nunca pero nunca utilizó el avión presidencial para hacerse llevar a Santa Cruz muebles para los hoteles o los diarios del día. Habrá por ahí gente poco perspicaz o poco informada que no está al tanto de los últimos veredictos de la Historia, pero ahí está la oradora –sin responder preguntas, eso sí que no, porque Ella nunca ha sido de humillar a nadie, que lo diga si no el pelotudo de Parrilli o los ortos suturados del pejota– para espabilarlos: ¡La Historia absolvió a Cristina! Nos imaginamos que ya estará en imprenta el histórico fallo, para distribuir en los colegios junto con “Sinceramente” y las historietas del Nestornauta que quedaron de la gestión pasada. Una tranquilidad para los argentinos, no vaya a ser cosa que alguno se hubiera quedado con la espina por la sospecha de haber votado a una vicepresidenta con alguna cuenta pendiente con la Historia.



Martes 3.- Afirman que Macri cumplió dos de las veinte promesas que formuló durante la campaña.- Para quienes no creemos en las casualidades, un anticipo estratégico del balance de gestión que sobrevendría en la cadena nacional del jueves. Por las dudas de que a alguien se le ocurriera poner en duda algún elemento aislado dentro de la extensa lista de grandes logros conseguidos no gracias a un gobierno, sino a todos los argentinos, resulta oportuno este recordatorio del valor de la palabra de Mauricio, igualmente confiable en sus referencias al pasado como lo había sido cuando estaba hablando del futuro. Un mensaje para aquellos hipercríticos a los que nada les viene bien, que se resisten a calificar a este gobierno con la nota sobresaliente que ha sabido ganarse, es más, ni siquiera quieren darle la absolución que con argumentos igual de sólidos reclama Cristina. Es cierto que Mauricio no cumplió con toooodo lo que prometió, pero bueno, apenas faltó el 90 por ciento, y queda probado que no fue por falta de voluntad ni de capacidad, fue por falta de tiempo: con el promedio que venía, si le hubieran dado veinte años, capaz que le entregaba el gobierno a María Eugenia, a Antonia o a Máximo, ponele, con la mitad de las promesas cumplidas. Pero bueno, si al tipo no le tienen paciencia tampoco puede hacer milagros.



Miércoles 4.- Macri criticó a los diputados electos por Cambiemos que abandonaron el bloque.- Comprensible, tratándose de alguien tan apegado a los compromisos asumidos y a la palabra empeñada como Mauricio. Que en ese aspecto, para qué nos vamos a engañar, se limita a ser fiel a una larga y virtuosa tradición de la política argentina. Después de todo, si tenemos en cuenta que Cambiemos se formó con experonistas, exradicales, exconservadores, exucedeístas, exdesarrollistas, exsocialistas, exceos, exgremialistas y exnada, ¿quién podría haber imaginado que entre sus integrantes había algunos y algunas de lealtades más bien flexibles? Yo que Mauricio no sería tan duro con los fugados, podría empatizar con el terrible desgarramiento interno que significa abandonar la cómoda pertenencia al oficialismo para marchar al incierto destino que les depara la integración con el oficialismo. Podría ser solidario con ese terrible dilema moral, que no obstante un político de coraje no vacila en enfrentar porque para él lo fundamental es mantener la coherencia con los propios principios. Podría tomar nota de que, precisamente por fidelidad a esos principios, en cuatro años por ahí los tenés a los tres de vuelta, ¿por qué no?, mirá si no a los presidentes que nos agenciamos: el presidente pero no tanto, la vicepresidenta con plus y el presidente de la Cámara de Diputados, ejemplos descarnados de la verdad encerrada en aquello de “Nunca digas nunca”. Eso sí, totalmente justo el reclamo de que devuelvan las bancas. Yo que Mauricio le encargaría a Pichetto que vaya a convencer a los tránsfugas de que en su situación eso es lo que corresponde, si es que pretenden que la Historia los absuelva.



Jueves 5.- Polémica por la biblioteca dedicada a Jorge Luis Borges anunciada por Alberto Fernández.- No hay caso, la de Borges con el peronismo es una historia de malentendidos, desde aquella ocasión en que Juan Domingo lo llevó de un oscuro puesto en la biblioteca, sin mayor relevancia, a un cargo de altísima responsabilidad como Inspector de Aves de Corral, y por algún motivo que se nos escapa nuestro escritor insignia parece que no lo interpretó como un ascenso. Después Georgie sentenció aquello de que los peronistas no son buenos ni malos, son incorregibles, y como se olvidó de aclarar que lo decía en el buen sentido el error de interpretación fue de los otros. Y ahora que Alberto quiere homenajearlo María Kodama sale a decir que las cosas donadas por el fabricante de remedios Roemmers que se exhibirían en el Museo K de Borges son fruto de un viejo choreo del que nadie se acordaba. Como aquella carta de San Martín a O’Higgins que le encontraron a Cristina en uno de los quichicientos allanamientos, y después aclaró que había sido un regalo de Vladimir Putin. ¿Coincidencia? Esto de que de manera totalmente imprevista te caigan encima regalos de procedencia trucha, ¿no será parte del lawfare? Yo le sugeriría a Alberto que encare a la guardiana del legado de Borges y le advierta que tiene muchas preguntas por contestar, que en la Argentina que viene se acabaron los operadores mediáticos y judiciales y que no hay ninguna prueba de que las cosas de Borges coleccionadas por Roemmers hayan sido de Borges, en todo caso estaríamos frente a un “desliz ético” o una paradoja digna de convertirse en base de la trama de uno de los geniales cuentos del homenajeado.



Viernes 6.- Fernández anunció oficialmente su elenco de colaboradores, con un jefe de Gabinete y veinte ministerios.- Un arranque a la altura de las expectativas, un equipo de lujo que refleja la riqueza y la amplitud del Frente que si es de Todos tiene naturalmente que ensancharse para no dejar a nadie afuera. Hay algún reproche, no obstante, por la pequeña omisión de Alberto al olvidar reconocerle a su antecesor el copyright de la idea esta de poner un toco de ministros y ministras (¡pensar que la Constitución de “la época de las carretas” que Menem tuvo la deferencia de actualizar para nuestro beneficio decía que tenían que ser ocho!), y sobre todo la de repartir entre cinco las responsabilidades relacionadas con la economía: se ve que supo interpretar que los grandes logros resumidos por Mauricio la tarde anterior tenían mucho que ver con esta descentralización en la toma de decisiones y en la ejecución de los programas. También parece haberle copiado la exitosa idea de poner un montón de amigos de esos que le fue dejando la vida, como se encargó de comunicarnos en la presentación, aunque la parte que más nos conmovió fue la referencia al flamante jefe de los abogados del Estado, el Chino Zannini: “Nadie me lo impuso”, dijo, y ni falta que hacía, si ya dejó claro que no acepta imposiciones de nadie, apenas por ahí alguna sugerencia de las que aceptaría cualquiera que sepa con qué bueyes ara y qué es lo que le conviene. Se ve que la Historia, que andaría en modo perdonador, cuando absolvió a Cristina del encubrimiento del atentado a la Amia también absolvió de paso a Zannini, uno de los enviados injustamente a la cárcel por esa causa que, hasta donde recordamos, todavía sigue abierta. El puesto en que quedó colocado el Chino le será muy útil para, entre otras cosas, recordarle a la Justicia, de un modo acaso menos explícito pero igualmente eficaz que el de su jefa, lo inteligente que sería de su parte ponerse a tono con el juicio de la Historia.