Opinión | jorge-f_-legarda |

Salidas laborales para las víctimas del ajuste político

Era hora. Ya se sabe que entre los cambios que Cambiemos vino a traer a una sociedad satisfecha pero algo achanchada, poco acostumbrada a los sobresaltos, está el de liberar a los argentinos de trabas burocráticas y regulaciones inconducentes para regalarles la oportunidad de vivir cada día un poco mejor. En eso estamos, por ejemplo, al sacarles la pata de encima a los compatriotas que manteníamos esclavizados a través de contratos que los confinaban en prisiones como el INTI, el Senasa, Fabricaciones Militares, etc, para que cada uno pueda, sin ese pesado yugo, desarrollar sus potencialidades. Pero nos faltaba hacer lo propio con la política, dar el ejemplo, con esos cientos de funcionarios de alto rango que oprimíamos con agobiantes empleos públicos con sueldos de seis cifras y viáticos de cinco, y ahora van a poder buscar su destino en el mismo mercado laboral  donde día a día evaluamos nuestras múltiples opciones aquellos afortunados que jamás habremos de ser convocados a servir a nuestros conciudadanos desde una oficina estatal. Bueno, imaginamos que exactamente el mismo mercado laboral no va a ser. Que después de su sacrificio no los van a enviar a la calle sin una red de contención social, que además vuelva menos traumática la experiencia de tener que desprendernos de gente, como dice Mauricio, tan valiosa.



La primera idea es la instrumentación de talleres de reinserción laboral: tejido crochet, peluquería, bordado de ojotas, elaboración de dulces y conservas, tarot, bijouterie, bricolaje, cerveza artesanal, tatuaje, reciclado urbano, por nombrar algunas opciones. Sin embargo, no hace falta un análisis demasiado exhaustivo para advertir la incompatibilidad entre las habilidades requeridas para desempeñar las actividades mencionadas y las capacidades de los interesados, para quienes someterse a semejante nivel de exigencias constituiría un abuso y una crueldad. Además, nadie se arriesgaría a acudir a un tatuador egresado de estos cursos, a ver si pedías una imagen del Che y terminás con una de Aranguren. Es preciso buscar otras alternativas de empleo.



En algunos casos, claro está, la solución está al alcance de la mano. El ministro Jorge Triaca, por ejemplo, sabrá cómo mantener cerca a la nutrida parentela que el decreto presidencial dejó súbitamente desocupada: la experiencia con su apreciada empleada Sandra, a quien tenía conchabada en un sindicato intervenido, le indica el camino. Mirá qué le puede costar en la Argentina, tan prolífera en Caballos Suárez y Patas Medinas, encontrar más organizaciones donde, después de la correspondiente intervención decretada por un juez compenetrado en la lucha contra las mafias, haga falta personal de confianza. Y en quién va a confiar más que en su propia familia un tipo tan familiero como Triaca.



Es cierto, igual, que hacen falta estrategias de uso más genérico, ya que no todos los ministerios pueden intervenir sindicatos. Pero es cuestión de aguzar el ingenio. Todos los ministerios necesitan insumos, suponete, papel. Entonces el ministro puede ir con su amigo empresario proveedor de papel y hacerle el favor de explicarle cómo puede hacer para ganar todas las licitaciones, recomendándole el gerente de relaciones institucionales ideal, que no es otro que el yerno del ministro, recién renunciado debido al decreto presidencial. Otro ministro acongojado por haberse debido desprender de su jefe de asesores, casualmente su hermano menor, podría, ponele, reemplazar los valiosos consejos del tipo contratando la asesoría externa de una consultora que debería estar encabezada, sí, adivinaron, por su hermano menor. O por la novia de su hermano menor, si es demasiado escrupuloso y fanático de la transparencia.



De todas formas, buscarle la vuelta para permitirles a los seres queridos crecer profesionalmente en empleos privados de calidad sin por ello prescindir del imprescindible servicio que le prestaban al país desde sus empleos públicos no es fácil, y no es extraño que no todos estén dispuestos a sumarse a la iniciativa. Nuestro gobernador, por ejemplo, ya hizo saber que por mucho que aprecie a su amigo Mauricio en Córdoba seguimos un modelo de desarrollo autónomo donde no hay lugar para discriminaciones y exclusiones. En cualquier caso, si en algún momento llegó a evaluar seriamente la posibilidad de dictar un decreto similar, la desechó por completo de inmediato por razones estrictamente funcionales: acaso la gestión podría sobrevivir sin el arrollador carisma de Ale Vigo, pero cómo dejar afuera a Schiaretti hijo, que está a cargo del área de “Deportes Extremos”. Estamos convencidos de que el Gringo, con todo el dolor del alma pero compenetrado con el supremo interés de todos los cordobeses, nunca le va a permitir que se vaya de su lado.