Juan Manuel Llamosas hilvanó ayer en el Concejo Deliberante un discurso sin anuncios pero poblado de definiciones políticas controvertidas y ejecutado con un movimiento temporal doble: el intendente miró hacia atrás y aseguró que su gobierno cumplió cada uno de los compromisos asumidos desde 2016; hacia adelante generó una elevada expectativa, al vaticinar que el 2018 será el año de la obra pública a pesar de que la economía del país no habilita precisamente el optimismo desmesurado.
Por supuesto, no hay que esperar de un gobernante un ejercicio de autocrítica, como suelen reclamar invariablemente los miembros de la oposición. La pretensión de un intendente es que la gente tenga una valoración más elevada de su gobierno y, por lo tanto, destaca lo que considera sus aciertos, enumera las acciones que cree que no han tenido la suficiente exposición pública y, sobre todo, alimenta la expectativa de que los logros por venir tendrán una magnitud aún mayor.
Sin embargo, en los últimos años, alentados por el concepto de la posverdad, los políticos suelen llevar esa actitud esperable hasta el paroxismo, al punto de ofrecer en algunos tramos de sus discursos una realidad casi paralela, en la que es difícil encontrar correspondencia con la cotidianeidad.
Llamosas dejó ayer definiciones que son veraces, indubitables; entre ellas, el cumplimiento de algunos compromisos relevantes. Allí hay que enumerar la instrumentación de un revalúo inmobiliario que es más progresivo que el anterior, la contratación de una nueva empresa de iluminación que está presente y tiene en marcha un ambicioso plan de luminarias, y el mantenimiento de las calles, uno de los más elocuentes déficits que venía padeciendo la ciudad y que ha mejorado en los últimos meses.
Sin embargo, el extenso discurso de 1 hora 40 minutos también estuvo matizado por aseveraciones discutibles y vacíos llamativos.
Primero, el intendente habló de las cuentas públicas como si estuvieran saneadas, cuando los informes trimestrales de la propia Secretaría de Economía indican exactamente lo contrario. Llamosas aseguró que se ordenó el manejo de las finanzas pero los datos oficiales señalan que el año pasado hubo un déficit primario promedio de 9,6 millones de pesos, una cifra preocupante.
El intendente deslizó que el desequilibrio se generó por las obras en marcha pero, en los hechos, lo que indica el déficit operativo es que los ingresos no alcanzaron para cubrir los gastos de funcionamiento diario, exceptuando las inversiones en infraestructura.
Llamosas pronosticó que este año la situación se revertirá y que habrá superávit. Esa fue la asunción de un compromiso.
El estado de las cuentas fue el tema que despertó en el intendente su costado menos conciliador. Esta vez, pidió que la gente hiciera memoria.
Sin nombrarla, le respondió a la oposición, que venía cuestionando la política económica de la gestión municipal y alertando por los riesgos de la emisión de deuda en dólares.
Y fue más crítico con su antecesor de lo que lo había sido en 2017. En ese punto, profundizó su rechazo al manejo económico que ejecutó Jure y recordó que en la gestión anterior se hicieron 33 emisiones de deuda que se destinaron a gastos corrientes y no a obra pública.
Allí, Llamosas introdujo un aspecto novedoso: los gobernantes suelen usar el argumento de la herencia recibida ni bien asumen, para autojustificarse y autoexculparse. El objetivo que persiguió ayer el jefe comunal fue exactamente el mismo -explicar una política propia cuestionada como la desafortunada consecuencia de un desaguisado previo-; la diferencia estuvo en los tiempos.
El eje fundamental del discurso de ayer estuvo en las obras, en una frase que tuvo las características de un slogan -“El 2018 será el año de la obra pública”- pero también en la afirmación de que es inédita la cantidad de proyectos que están en marcha en la actualidad.
De allí podría desprenderse la impresión de que la ciudad está desbordada de frentes de obra, a un nivel casi nunca visto; es verdad que se ven concreciones pero no en la magnitud que se ha planteado.
Llamosas fue construyendo un discurso que ofreció una mirada ideal y que escatimó algunos temas que fueron centrales y que ayer directamente desaparecieron.
El intendente aseguró al arrancar con el repaso de su gestión que cumplió con todos sus compromisos pero hay al menos un aspecto en el que todavía le queda un largo camino por recorrer: el de la higiene urbana.
El gobierno anunció a mediados del año pasado que ponía en marcha un sistema de limpieza de la ciudad que marcaría un antes y un después, que sería moderno, ecológico y sustentable. Hoy, en las calles, Cotreco sigue mostrando las mismas características que tuvo siempre en Río Cuarto: no padece inconvenientes considerables en la recolección de los residuos, pero casi no ha introducido novedades en el resto del servicio. Salvo algunos contenedores, la prestación continúa los lineamientos de los años anteriores.
De forma genérica, Llamosas manifestó que es consciente de que todavía queda mucho por realizar pero, a la vez, se presentó como el conductor de un gobierno que “está concretando lo que durante mucho tiempo Río Cuarto tuvo que hacer y no hizo”.
Previsiblemente, introdujo en el discurso su reciente llamado a la oposición para iniciar un proceso de diálogo: señaló que esa búsqueda de las coincidencias es una imposición de la sociedad, una exigencia sobre el tipo de política que debe ejecutarse.
Esa promocionada invitación al diálogo es todavía un enorme signo de interrogación. Desde el momento en que asomó no ha generado entre los actores más que réplicas y contrarréplicas, críticas y cuestionamientos.
Sin embargo, en los últimos años, alentados por el concepto de la posverdad, los políticos suelen llevar esa actitud esperable hasta el paroxismo, al punto de ofrecer en algunos tramos de sus discursos una realidad casi paralela, en la que es difícil encontrar correspondencia con la cotidianeidad.
Llamosas dejó ayer definiciones que son veraces, indubitables; entre ellas, el cumplimiento de algunos compromisos relevantes. Allí hay que enumerar la instrumentación de un revalúo inmobiliario que es más progresivo que el anterior, la contratación de una nueva empresa de iluminación que está presente y tiene en marcha un ambicioso plan de luminarias, y el mantenimiento de las calles, uno de los más elocuentes déficits que venía padeciendo la ciudad y que ha mejorado en los últimos meses.
Sin embargo, el extenso discurso de 1 hora 40 minutos también estuvo matizado por aseveraciones discutibles y vacíos llamativos.
Primero, el intendente habló de las cuentas públicas como si estuvieran saneadas, cuando los informes trimestrales de la propia Secretaría de Economía indican exactamente lo contrario. Llamosas aseguró que se ordenó el manejo de las finanzas pero los datos oficiales señalan que el año pasado hubo un déficit primario promedio de 9,6 millones de pesos, una cifra preocupante.
El intendente deslizó que el desequilibrio se generó por las obras en marcha pero, en los hechos, lo que indica el déficit operativo es que los ingresos no alcanzaron para cubrir los gastos de funcionamiento diario, exceptuando las inversiones en infraestructura.
Llamosas pronosticó que este año la situación se revertirá y que habrá superávit. Esa fue la asunción de un compromiso.
El estado de las cuentas fue el tema que despertó en el intendente su costado menos conciliador. Esta vez, pidió que la gente hiciera memoria.
Sin nombrarla, le respondió a la oposición, que venía cuestionando la política económica de la gestión municipal y alertando por los riesgos de la emisión de deuda en dólares.
Y fue más crítico con su antecesor de lo que lo había sido en 2017. En ese punto, profundizó su rechazo al manejo económico que ejecutó Jure y recordó que en la gestión anterior se hicieron 33 emisiones de deuda que se destinaron a gastos corrientes y no a obra pública.
Allí, Llamosas introdujo un aspecto novedoso: los gobernantes suelen usar el argumento de la herencia recibida ni bien asumen, para autojustificarse y autoexculparse. El objetivo que persiguió ayer el jefe comunal fue exactamente el mismo -explicar una política propia cuestionada como la desafortunada consecuencia de un desaguisado previo-; la diferencia estuvo en los tiempos.
El eje fundamental del discurso de ayer estuvo en las obras, en una frase que tuvo las características de un slogan -“El 2018 será el año de la obra pública”- pero también en la afirmación de que es inédita la cantidad de proyectos que están en marcha en la actualidad.
De allí podría desprenderse la impresión de que la ciudad está desbordada de frentes de obra, a un nivel casi nunca visto; es verdad que se ven concreciones pero no en la magnitud que se ha planteado.
Llamosas fue construyendo un discurso que ofreció una mirada ideal y que escatimó algunos temas que fueron centrales y que ayer directamente desaparecieron.
El intendente aseguró al arrancar con el repaso de su gestión que cumplió con todos sus compromisos pero hay al menos un aspecto en el que todavía le queda un largo camino por recorrer: el de la higiene urbana.
El gobierno anunció a mediados del año pasado que ponía en marcha un sistema de limpieza de la ciudad que marcaría un antes y un después, que sería moderno, ecológico y sustentable. Hoy, en las calles, Cotreco sigue mostrando las mismas características que tuvo siempre en Río Cuarto: no padece inconvenientes considerables en la recolección de los residuos, pero casi no ha introducido novedades en el resto del servicio. Salvo algunos contenedores, la prestación continúa los lineamientos de los años anteriores.
De forma genérica, Llamosas manifestó que es consciente de que todavía queda mucho por realizar pero, a la vez, se presentó como el conductor de un gobierno que “está concretando lo que durante mucho tiempo Río Cuarto tuvo que hacer y no hizo”.
Previsiblemente, introdujo en el discurso su reciente llamado a la oposición para iniciar un proceso de diálogo: señaló que esa búsqueda de las coincidencias es una imposición de la sociedad, una exigencia sobre el tipo de política que debe ejecutarse.
Esa promocionada invitación al diálogo es todavía un enorme signo de interrogación. Desde el momento en que asomó no ha generado entre los actores más que réplicas y contrarréplicas, críticas y cuestionamientos.

