Ya le habían tomado juramento por Dios. Minutos antes, su cliente y amigo Marcelo Macarrón lo había relevado del secreto profesional que le concede su condición de abogado.
Pero todavía faltaba una aclaración más del presidente del tribunal: el juez Daniel Vaudagna le pidió al hombre corpulento y vestido con traje azul y corbata al tono que si advertía que el fiscal o la defensa le hacían preguntas que pudieran llevarlo a una acusación contra sí mismo, directamente evitara responderlas.
No hizo falta.
Ni el fiscal de Cámara Julio Rivero ni mucho menos la defensa de Marcelo Brito pusieron en apuros a Daniel Lacase. Ni uno ni otro siquiera intentaron ahondar en los graves señalamientos que le hicieran al vocero de Macarrón los testigos que desfilaron por este juicio, y el propio acusado.
Repasemos.
- De Lacase, testigos dijeron que había direccionado intencionadamente la investigación para embarrarla (Alberto Bertea, Nicolás Curchod, Rafael Magnasco y Víctor Daniele dixit).
- De Lacase, Justo César Magnasco dijo que se sumó a último momento al viaje a Punta del Este sin que ningún golfista lo invitara, e incluso el testigo se molestó porque trató de llevarse consigo a otro “foráneo a la peña del 36”, a Daniel Muñoz, que entonces era nada menos que el juez de Control y Garantías de los tribunales.
- De Lacase, el testigo Ricardo Araujo dijo que lo llamó telefónicamente para ofrecerle a su jefe, Miguel Rohrer, “lavarle la cara” en la causa, a cambio de una suma de dinero.
- De Lacase, los hijos de Macarrón, Facundo y Valentina, sospechan que fue la persona que le armó la coartada a Rohrer para ayudarlo a zafar de la Justicia.
Con semejante background, se preveía una mañana incendiaria.
Tanta era la expectativa que por primera vez desde el 14 de marzo se sumó al público de la sala el hermano de Nora, Juan Dalmasso.
Llegó de apuro, junto a su esposa, y consiguieron ubicarse en las butacas traseras, cuando faltaban segundos para que el testigo empezara a declarar.
Sin embargo, el paso de Lacase por los tribunales acabó siendo intrascendente.
Empezando por el “encarecido” pedido del juez para que no se “pise” en las respuestas, siguiendo por las preguntas del fiscal que apenas sobrevolaron las acusaciones más comprometedoras, y concluyendo con las amables alusiones de Brito a una vieja amistad que aún hoy parece gozar de buena salud, el testigo clave se desembarazó de la citación judicial, sin daños colaterales.
Con el rostro adusto, Juan Dalmasso, el hombre que ayudó al viudo a librarse de la presencia de un querellante, ensayó una tímida queja a la salida: “¡Son abogados!”, se limitó a decir y como saludo final, les agradeció a los periodistas “por estar” (?).
Alejandro Fara. Especial para Puntal

