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En Juntos vuelve a merodear la ruptura

Escala la tensión en la fuerza opositora: Juez se niega a ir a una interna y señala que prefiere ir solo. De Loredo presiona para que se firme el acuerdo. Una situación que favorece al justicialismo

Una de las máximas aspiraciones de la política es imponerse a la realidad: moldearla, configurarla de tal manera que actúe en función de los intereses propios.

Pero la realidad suele rebelarse, desatarse y salirse del cauce que debería haber seguido.

Algo de eso está ocurriendo en Córdoba, con un gobierno que inició prematuramente el proceso electoral para el 2023 pero que a la vez se encontró con una sucesión de circunstancias que lo obligaron a redefinir sus planes.

Gobernar y hacer campaña en paralelo encierra ventajas indudables pero también riesgos no menores. Hacemos por Córdoba, que por supuesto sabe de esos peligros, decidió asumirlos. Ya había padecido algunas crisis como las muertes de bebés en el Neonatal, el caso Blas Correas y la derrota en Marcos Juárez. Y había tomado decisiones, fundamentalmente cambios de gabinete, para tratar de acotar sus efectos.

Sin embargo hubo dos hechos que se produjeron en simultáneo con el lanzamiento de Martín Llaryora y que se convirtieron en un símbolo y en una posible anticipación.

Uno fue el accidente que protagonizó quien hasta hace dos semanas era la tercera autoridad de la provincia: Oscar González. Ese choque trágico terminó actuando como un exponente de los privilegios de los que gozaba el legislador y que, en un contexto como el actual, suenan insultantes. Por si fuera poco, esos privilegios no eran privativos ni exclusivos del hombre de Traslasierra.

La complicación que le introdujo al oficialismo el choque en las Altas Cumbres es que González pasó a ser un arquetipo, una representación de lo que la política no debe ser. Con el paso de los días el PJ fue percibiendo que González se había transformado en una figura incómoda y, por eso, primero hubo una licencia hasta el 21 de noviembre, después hasta el 31 de diciembre y finalmente hasta mayo. Probablemente no vuelva.

El segundo hecho, que alcanzó repercusión nacional, fue la crisis que se desató en el Hospital de Río Cuarto, con 30 médicos emergentólogos que protagonizaron una protesta no sólo por sus salarios sino además por las condiciones laborales, que suelen ser un indicador de la calidad en la prestación de un servicio.

El gobierno provincial, después de que se sucedieran los interlocutores y se viera obligada a actuar incluso la ministra de Salud Gabriela Barbás, terminó cediendo en casi todo: habrá un plus de 70 mil pesos remunerativo y además se cubrirán las vacantes que los médicos reclaman.

Uno de los problemas de adelantar los tiempos electorales es que puede ser un potenciador de conflictos, más aún en un contexto de crisis económica profunda y de alta inflación como el actual: los actores sociales, en este caso específico el personal de salud, saben que una campaña deja vulnerable al poder político, que necesita apagar las crisis ni bien se producen.

En el caso del Hospital de Río Cuarto el gobierno provincial tuvo una virtud o un golpe de suerte: no se generó un contagio en el resto de los hospitales públicos sino que se circunscribió a la ciudad. Extrañamente, quedó encapsulado. Pero la situación puede ser anticipatoria: una campaña de largo aliento implica varios meses de potenciales situaciones críticas.

¿Cuál podrá ser el efecto electoral de los episodios que han ocurrido en Córdoba? Imposible de mensurar a esta altura. Sin embargo, el problema fundamental que está teniendo el oficialismo es la sucesión de circunstancias que generan costo político y la posibilidad de que esa dinámica induzca un efecto de acumulación.

Por ahora lo favorece que Juntos por el Cambio se encuentre principalmente entretenido en sí mismo.

No es una rareza: esa fuerza política arrastra en su pasado reciente la fractura de 2019 que contribuyó al histórico triunfo de Schiaretti.

Ahora, los socios de la UCR, el Frente Cívico, el Pro y la Coalición Cívica no ahorran en fotos de unidad -ayer se mostraron en el acto de Mario Negri- pero, mientras tanto, no se ponen de acuerdo. Y la tensión va en ascenso. Tanto que, por primera vez desde 2021, ha empezado a merodear la posibilidad, aún lejana, de una nueva ruptura.

Las posturas son dos: Rodrigo deLoredo, el diputado radical, quiere definir la candidatura a gobernador en una interna, mientras que Luis Juez pretende que exista un acuerdo fundamentado en encuestas.

La semana pasada, tres de los cuatro partidos -la UCR, el Pro y la Coalición Cívica- firmaron el reglamento para la interna. El Frente Cívico de Juez no lo hizo. Y dice que no lo va a hacer.

El argumento del senador incluye al peronismo: sostiene que una interna abierta aislada en el calendario electoral le facilitará al oficialismo provincial influir en la elección y en el resultado. En el juecismo aseguran que hay ministros de Schiaretti que les admitieron que harán jugar el aparato oficialista si hay una interna en Juntos por el Cambio.

“Luis está decidido: no va a ir a la interna. Prefiere presentarse solo y perder antes que ser funcional al peronismo”, dicen cerca del senador. Es decir, la alternativa de un nuevo quiebre ya se menciona en el Frente Cívico.

Juez pretende mientras tanto preservar su relación personal con De Loredo. Pero en su fuerza política le reprochan al radical haberse dejado embarcar en una interna que fogonea Macri. “Mauricio nunca se bancó perder en Córdoba y ahora juega a lo que hizo siempre: dividirnos para beneficiar a Schiaretti”, señalaron.

De Loredo dijo en una entrevista con Puntal que el riesgo de injerencia peronista que percibe Juez es inexistente. Es la primera vez que se produce una contraposición tan ostensible de los socios; cerca del diputado radical admiten que no esperaban que la situación llegara al punto en el que hoy está.

En los hechos, lo que ocurre es que cada uno pretende elegir, como ha pasado siempre, el territorio que más le favorece para dar la pelea. Juez viene de un triunfo arrasador en 2021 y ha tenido el mérito político de reconstruirse después de haber quedado cuarto en 2015 cuando intentó nuevamente ir por la intendencia de Córdoba. Sin embargo, esa cualidad individual no estuvo acompañada por un proceso que erradicara su principal debilidad: su histórica carencia de estructura y despliegue territorial. Juez es Juez y no mucho más.

En esa situación, es vulnerable ante el despliegue del que sí puede alardear el radicalismo. Aunque, hay quienes advierten en la UCR que no necesariamente todo el partido se encolumnaría detrás de De Loredo en un eventual enfrentamiento.

Juntos por el Cambio podrá seguir estirando sus tironeos mientras la campaña del peronismo no esté acompañada del calendario electoral oficial. En cuanto se fijen las fechas, ya no habrá margen para la indefinición: o acuerdan o rompen.

Mientras tanto, en Río Cuarto hizo su aparición un actor del escenario político nacional que incomoda a Juntos por el Cambio, principalmente porque le disputa parte del discurso y, en consecuencia, una porción del electorado. Javier Milei, el diputado de La Libertad Avanza, dio una conferencia de prensa en la ciudad en la que no se privó de sus ya característicos desbordes ni de algunos toques de divismo: llegó en jet privado, se maquilló para la conferencia, no se permitían fotos de perfil y las cámaras de televisión no podían encender sus luces porque tiene ojos sensibles. Algunos detalles fueron menos coloridos, como que sus guardaespaldas fotografiaran a los periodistas que hacían preguntas que desataban la ira del candidato.

Pero lo extraño no fue la actuación (esperable) de Milei sino la de la Sociedad Rural de Río Cuarto, que le abrió al diputado sus instalaciones pero, sobre todo, su base de datos para invitar a los productores al encuentro que se hizo el viernes por la tarde. La institución apareció como la estructura de la que Milei carece en Río Cuarto.

Cuando todo terminó y el economista ya estaba en Buenos Aires, dentro de la Rural se cruzaron reproches, como mínimo, por lo que algunos consideraron un pecado de ingenuidad política.

En la disertación que dio en el predio ruralista, Milei dejó algunos episodios que causaron sorpresa y malestar. El líder de extrema derecha no se mostró muy defensor de la libertad cuando alguien insinuó algún cuestionamiento o una duda ante lo que decía. Incluso, llegó a decirle “usted es un pelotudo” a un dirigente de larga trayectoria.

A la Rural parece encandilarla la promesa de Milei de eliminar las retenciones. Sin embargo, hubo más de un productor que recordó que Domingo Cavallo, el ministro de Economía al que el actual diputado endiosa y reverencia, aplicó una política que representó una catástrofe para el campo.

A veces, los entusiasmos circunstanciales hacen perder la perspectiva histórica.