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Juntos y una crisis en cascada

Mientras el acuerdo con Schiaretti tiene conflictuado al frente opositor a nivel nacional, en la provincia impacta de lleno en el proceso electoral y redefine la campaña de Luis Juez

Juan Schiaretti, o la posibilidad que Juan Schiaretti expresa por estas horas, puso a Juntos por el Cambio, que no venía siendo precisamente un mar en calma, en máxima tensión. Por delante se vienen 10 días que pueden redefinir a ese espacio opositor o, incluso, detonarlo.

En los hechos no hay nada definitivo. Todo el escenario es tentativo y la realidad va cocinándose por debajo de la superficie. Pero está pasando más de lo que se conoce.

Hasta ahora, lo que trascendió en los medios nacionales es que mañana la conducción nacional de Juntos por el Cambio debatirá si acepta sumar al espacio al gobernador de Córdoba. Patricia Bullrich salió rápidamente a rechazar la alternativa que fogonea su principal adversario interno:Horacio Rodríguez Larreta. Pero en esa línea no está sólo él:lo acompañan Gerardo Morales, presidente de la UCR, Martín Lousteau y hasta ElisaCarrió, líder de la Coalición Cívica. Curiosamente, es Lilita una de las principales impulsoras del acuerdo.

¿Por qué pretenden esos dirigentes sumar a más socios antes de las Paso?Porque, clara y obviamente, lo que tienen puede no alcanzarles, porque hay un escenario de tres tercios, porque Javier Milei los acecha, porque el caudal de votos asegurado, que llegó a ser del 40%, bajó hasta el 25 y porque la marca Juntos por el Cambio se ha devaluado notoriamente.

Al schiarettismo no le hace ninguna gracia la lectura casi unánime que generó la noticia que sacudió el tablero político nacional. Los operadores del gobernador señalan que no se trata de una incorporación directa a Juntos por el Cambio, sino de la conformación de un espacio nuevo, más amplio, que contenga a cada uno de los actores bajo un gran paraguas. La forma del paraguas y el nombre que llevará son todavía un objeto en formación.

Dentro del espacio general habría subespacios:uno podría llevar a Patricia Bullrich; otro, a Larreta; un tercero, aunque parezca mentira, a Schiaretti y a todo el radicalismo; y otro, a José Luis Espert.

El planteo de Schiaretti es que todos esos protagonistas alcancen primero que nada un acuerdo mínimo: sería un decálogo de acciones que el próximo gobierno debería encarar para sacar al país de la crisis. Una especie de plan.

El documento para ese acuerdo ya está redactándose. El radicalismo puso a técnicos del área económica, MartínRedrado representa a Larreta; Diego Bossio yFlorencioRandazzo, al sector de Schiaretti y también hay dirigentes de la Coalición Cívica.

La expectativa es que entre el jueves y el viernes se oficialice el acuerdo programático y se firme públicamente. Es decir, las conversaciones están mucho más avanzadas de lo que se ha planteado públicamente.

A partir del momento en el que se conozca “el plan” de ese espacio político, empezarían a dispararse decisiones. Y candidaturas. En el schiarettismo plantean que, si el acuerdo se concreta, no necesariamente el gobernador deberá encabezar una de las listas sino que podría acompañar en la fórmula.

¿Por qué Schiaretti actuó como un detonador en Juntos por el Cambio? ¿Es tan sorpresivo que el gobernador de Córdoba, que desde hace años viene mostrándose considerablemente más cercano a ese polo opositor que a la versión actual del peronismo nacional, que incluso fue uno de los mandatarios más cercanos a Mauricio Macri, termine en un armado común?

Las reacciones obedecen, principalmente, a los intereses. Bullrich lo rechaza porque entiende que la puede perjudicar,Larreta especula con lo contrario.

Lo cierto es que las negociaciones con el gobernador cordobés surgen de una limitación. O, mejor dicho, de una doble limitación. Larreta necesita imperiosamente alimentar su precandidatura sobre todo en algunos distritos. Y uno de esos distritos es Córdoba: aquí, donde Macri llegó a cosechar 7 de cada 10 votos, el alcalde porteño marcha cuarto para la presidencial, detrás de Schiaretti, Milei y Bullrich. La otra limitación es la del propio Schiaretti, que no consiguió articular en el plano nacional un armado capaz de competir de igual a igual. La incorporación de gobernadores a la tercera vía no prosperó, como tampoco lo hizo la pretensión de generar fugas en Juntos.

Tanto Larreta como Schiaretti entienden que si no alimentan una coalición con más actores el escenario electoral los puede dejar afuera. A ellos y a Juntos por el Cambio en su totalidad. Porque nadie tiene asegurado hoy un boleto al balotaje.

De la historia principal que se está escribiendo se generan historias derivadas. Y una no menor, ni mucho menos, es Córdoba. Schiaretti no produjo un cimbronazo en Juntos por el Cambio sólo por sí mismo sino por lo que implica en la campaña provincial por la gobernación, a la que le quedan apenas tres semanas. Si se efectivizara la idea de un Juntos por el Cambio revisado y aumentado, el nuevo armado debería inscribirse electoralmente el 14 de junio, 11 días antes de que MartínLlaryora y Luis Juez se enfrenten en las urnas.

Uno de los argumentos que exponen quienes se oponen al entendimiento con Schiaretti es que, en realidad, lo que está buscando el cordobés es precipitar en la oposición cordobesa, en el Juntos por el Cambio vernáculo, una crisis que termine de sepultar sus chances para la gobernación.

Cerca del gobernador aseguran que son conscientes de esa lectura, que saben que el armado nacional puede terminar de desbaratar la campaña de Luis Juez, pero que no es la motivación principal. Schiaretti pretende, más allá de retener el poder en Córdoba, ocupar un lugar de relevancia en el nuevo esquema de poder que el país tendrá desde el 10 de diciembre.

“Lo que no dicen es que si Juntos por el Cambio queda herido de muerte en Córdoba no será por nosotros. Primero fue por lo que hicieron ellos. Fue porque De Loredo se bajó y lo dejó solo a Juez, porque armaron una lista que es un cachivache y porque la mayoría de los intendentes se abrieron”, dijeron en El Panal.

En la provincia, una porción de Juntos reaccionó. El radicalismo emitió un comunicado destemplado, en el que tuvo que reafirmar, incluso para terminar de convencerse a sí mismo, que no tiene nada que ver con Hacemos Unidos por Córdoba. También tuitearon sin contemplaciones Oscar Aguad, la diputada Soledad Carrizo y el candidato a vicegobernador, Marcos Carasso.

El posible acuerdo entre Juntos por el Cambio y Schiaretti es un hecho políticamente traumático para Juez. Ya el trascendido de la negociación lo es,ni que hablar si la coalición finalmente se concreta. Primero, porque lo descoloca:Horacio Rodríguez Larreta fue uno de los principales sostenes de su candidatura y ahora se alía con su adversario. Pero, fundamentalmente, porque atenta contra las posibilidades de su discurso.

La campaña de Juez está estructurada sobre un concepto, del que se desprenden los demás:los gobiernos de Schiaretti, y más ampliamente los 24 años que lleva Hacemos por Córdoba en el poder, han sido una desgracia para la provincia que la convirtieron en un distrito atravesado por la inseguridad, la desigualdad, una salud y una educación deficientes.

¿Cómo seguirá explorando esa línea si, a la vez, sus referentes nacionales convierten al artífice de ese desastre en uno de sus socios?¿Cómo puede ser que lo negativo, lo sumamente negativo, sea positivo a la vez?

El martes, cuando estuvo en RíoCuarto, a Juez se lo vio contrariado cuando le preguntaron por la campaña nacional. Dijo que, hasta el 25 de junio, no quiere que el país se entrometa en Córdoba. El problema es que la influencia externa no responde a su voluntad sino a la voluntad de otros.

El senador parece estar atado no sólo a lo que ocurre en la Nación, sino a otro de sus socios:Rodrigo de Loredo. En Juntos sostienen que la configuración final de la elección se jugará en la capital provincial y que allí, en el distrito donde Juez supo ser fuerte, dependen del diputado. La duda es si De Loredo, que siguió su propio camino y declinó la candidatura a la vicegobernación, está dispuesto a cumplir el papel que le reclaman.