Fue una muestra de lo que vendrá. Las interminables 14 horas que se consumieron en la última sesión de la Cámara de Diputados contuvieron disputas generales y particulares. Una de ellas ofreció un anticipo de lo que Córdoba presenciará en los próximos meses cuando la campaña electoral finalmente se dispare.
Allí, en Diputados, están expresados los tres actores políticos que tendrán participación central en Córdoba y los tres mostraron las cartas que usarán -o las que les faltan- para encarar las legislativas de este año.
Juntos por el Cambio protagoniza una dinámica electoral en la provincia que lo hace fuerte cuando entra en cuestión el escenario nacional. Suele imponerse, en la historia reciente, en las legislativas o en las presidenciales porque en esas ocasiones es el vehículo que le da una expresión más cabal al antikirchnerismo cordobés. Pero cuando está en juego el poder provincial, no sólo no consigue los resultados sino tampoco un elemento que lo unifique, ni en las candidaturas ni en los discursos. La división que en 2019 se produjo entre Mario Negri y Ramón Mestre derivó en la victoria más aplastante que haya conseguido el peronismo cordobés desde que hegemoniza el poder en 1999.
El 2023 puede implicar un quiebre, una oportunidad. Será la primera vez en un cuarto de siglo que el justicialismo provincial deberá encarar una elección a gobernador sin José Manuel de la Sota ni Juan Schiaretti. El cordobesismo se enfrenta al desafío de su propia renovación.
En Juntos por el Cambio, una vez que se resuelvan sus conflictos internos por supuesto, necesitan que el 2021 sea una instancia en la que no sólo vuelva a manifestarse el repudio cordobés al kirchnerismo sino que además cumpla otro cometido: empezar a dar la sensación de que el peronismo puede ser desalojado de la gobernación. Requiere, por lo tanto, un doble efecto:interno y externo.
Las estrategias que se insinuaron en el Congreso no ofrecen demasiadas novedades; repiten a grandes rasgos intentos anteriores, aunque en contextos y situaciones diferentes. El episodio de las vacunas y de las Pfizer, a la que Juntos por el Cambio se abraza con fanatismo, sirvió para vislumbrar el movimiento que intentará para dañar al schiarettismo:por supuesto, pegarlo al kirchnerismo, plantear que unos y otros son la misma cosa, que los une un acuerdo subterráneo a pesar de las diferencias que se ven en la superficie.
En ocasiones previas, esa estrategia no dio resultado, aunque esta vez la acusación puede contener una mayor carga de verosimilitud. Postular la existencia de un acuerdo entre Alberto y Schiaretti, aunque eventual, suena más posible que cuando se aseguraba que había un pacto cuando gobernaba Cristina.
Juntos por el Cambio llevó al recinto un proyecto para obligar al Ejecutivo a hacer las gestiones necesarias para comprar, por supuesto, vacunas Pfizer para ser usadas prioritariamente en niños y adolescentes de 12 a 18 años con discapacidad, enfermedades oncológicas, fibrosis quística o enfermedades prevalentes. El argumento es que las únicas vacunas aprobadas para ese grupo son Pfizer y Moderna. El schiarettismo se negó a ceder los cuatro votos que tiene en la Cámara Baja para que el proyecto avanzara. Entonces, se desató una ola de repudio en las redes, que el PJ provincial adjudica al ejército de trolls ideados y financiados por Juntos por el Cambio.
La postura del bloque conducido por Carlos Gutiérrez se originó principalmente en una lógica de política electoral. En el PJ sabían que Alberto Fernández tenía preparado un DNUpara modificar la ley de vacunas y permitir el ingreso de Pfizer y Moderna ¿Por qué darle entonces a Juntos por el Cambio, su principal adversario en 2021 pero también en 2023, la posibilidad de alzarse con un rédito derivado de las vacunas?
Hacemos por Córdoba debe instrumentar un doble objetivo:difeerenciarse del kirchnerismo pero, a la vez, disputar votos con Juntos por el Cambio sobre todo para que el resultado de este año no se entienda como el preludio de un cambio de manos en el poder cordobés.
Los diputados radicales encabezados por Mario Negri salieron a denunciar que la actitud de Hacemos por Córdoba transparentaba el acuerdo entre schiarettistas y el kirchnerismo. Así, buscó comenzar a desgastar a Hacemos por Córdoba para monopolizar el voto antikirchnerista, que como se sabe y podría parecer curioso pero no lo es, comparten radicales, macritas y el cordobesismo peronista.
El schiarettismo pretendía que de la sesión surgiera no un elemento redituable para la oposición cordobesa sino un costo político. Gutiérrez ya había planteado públicamente que Juntos por el Cambio debería explicar cómo diez de sus diputados terminaron votando junto con Máximo Kirchner y los suyos para cambiar el régimen de los biocombustibles, que golpea a las industrias cordobesas que producen etanol a partir de maíz. “Lo que hizo Juntos por el Cambio con el tema vacunas fue generar una cortina de humo. ¿Cómo les van a explicar a los productores lo que votaron con respecto a los biocombustibles”, señaló el diputado riocuartense.
La iniciativa de Máximo, que, según el oficialismo cordobés, busca aliviarle a YPF el desesperante estado de sus cuentas, puede ser contraproducente para ese sector industrial cordobés, para las inversiones y el empleo, pero en términos políticos para el schiarettismo significa una oportunidad:porque le permite reforzar su línea de acompañamiento al sector productivo y, por lo tanto, diferenciarse del gobierno nacional y del kirchnerismo.
No será una elección fácil para el schiarettismo:debe convertirse en tercera opción allí donde parece que hay sólo dos:kirchnerismo o antikirchnerismo. Pero apuesta a que el cansancio que una porción del electorado manifiesta con la grieta lo transforme en un actor más competitivo, capaz de quedarse con el segundo lugar.
Para el Frente de Todos la sesión de Diputados fue una expresión de sus limitaciones electorales en Córdoba. Debe representar en la provincia a un gobierno que le ofrece con frecuencia a la oposición hechos y discusiones potencialmente aprovechables porque incluyen temas que son sensibles a la configuración política de los votantes provinciales.
Juntos por el Cambio corre con ventaja para las Paso y las legislativas. Sin embargo, antes debe resolverse a sí mismo. La versión de que Luis Juez, que está bien en las encuestas, y Gustavo Santos, casi desconocido pero con la venia de Mauricio Macri, irían en alianza activó algunas alarmas en el radicalismo. Ahora, desde el sector de Negri señalan que la UCR debe llevar una lista única a las Paso para evitar que una dispersión sea funcional al Frente Cívico y al Pro.
Pero nada es tan sencillo en política. A la bendición de Macri a Santos, Rodrigo de Loredo le contrapuso un video de Horacio Rodríguez Larreta para mostrar el apoyo de la otra pata del Pro que protagoniza su propia interna en CABA y en provincia de Buenos Aires.
Como en toda elección, también en esta se superponen peleas simultáneas.

