Sergio Massa parece ser, al menos en público, el único funcionario encumbrado del gobierno nacional que está enfocado en el problema realmente decisivo que afecta al país: la inflación.
El resto, con el presidente Alberto Fernández a la cabeza, se distrae con una agenda alternativa, que puede ser importante pero en otra dimensión, en otra realidad. La Casa Rosada y sus alrededores parecen empeñados en habitar una especie de multiverso marveliano deslucido, medio berreta, en el que no hay superhéroes sino dirigentes errantes que se enfrascan en sus propias y minúsculas aventuras escapistas.
Mientras Alberto no se habla con su ministro político -Wado dePedro- y diseña la Mesa Multitudinaria para una Estrategia Electoral, en la que el Frente de Todos expondrá su atomización, el oficialismo legislativo dedica por entero sus afanes a tratar de enjuiciar a la Corte Suprema. Lo hace atravesado por un doble sinsentido:como si en esa épica le fuera la vida porque ha descubierto que allí se esconde la génesis de los enormes problemas que aquejan al país;y, además, como si no supiera que el proceso nació casi sin chances de sobrevida.
Cristina casi ha desaparecido del escenario -tal vez esté preparando alguna nueva carta o una lección de economía sui géneris-, mientras Máximo abunda en análisis sobre los engranajes del capitalismo mundial y da lecciones -desde afuera del Gobierno y desde adentro a la vez- sobre cómo domar a los poderes internacionales.
El único que intenta darle pelea a la inflación, ese detalle menor para el resto pero que carcome a los argentinos, es Massa. Pero, en detrimento de sus chances electorales, del oficialismo en general y de la calidad de vida de la gente en particular, es una batalla que está perdiendo. Los precios se mueven indiferentes a aquella premonición del ministro, que habló de que el índice iba a ingresar en una curva descendente para desembocar en abril en el 3%. Enero, rebelde, se habría ubicado en torno al 6.
SiMassa sigue sin poder domar la crisis, la suerte del Frente de Todos parece echada. Con un 100% de inflación, es difícil imaginar a un oficialismo con chances.
Sin embargo, la política nunca es tan lineal. El desconcierto oficialista haría presuponer que su principal adversario, Juntos por el Cambio, no tiene más que sentarse a esperar. Pero esa fuerza política también está atravesada por egos injustificados, tironeos e internas.
El Frente de Todos se desintegra cada vez más ante la semicerteza de que va a perder. Juntos por el Cambio no parece enfrascado en una coyuntura demasiado distinta porque está convencido de que va a ganar.
Pero lo afectan inconsistencias electorales serias. El último sondeo nacional de la encuestadora Zuban Córdoba pone en nivel de paridad a Horacio Rodríguez Larreta, al “libertario”Javier Milei, que no se priva de decir cuanta barbaridad se le cruza por la cabeza -y se le cruzan muchas-, y en un escalón más abajo está Massa. Ninguno sobrepasa los 20 puntos de intención de voto.
Con una complicación adicional para el jefe de Gobierno porteño:si gana la interna de Juntos por el Cambio, los votos de Patricia Bullrich tienden a irse hacia Milei.
La consultora cordobesa también midió a Juan Schiaretti, ya lanzado al tablero nacional. En tres escenarios distintos, el gobernador casi repite su performance:oscila entre 4,1 y 4,6 puntos. Es un porcentaje bajo para ser competitivo; sin embargo, no lo es tanto en términos relativos:si ninguno de los más taquilleros supera el 20 por ciento, entonces 4 o 5 puntos valen una enormidad. Todo dependerá de si Schiaretti consigue alimentar su armado político y ensanchar su base electoral.
La semana pasada el mandatario provincial cerró el Primer Encuentro Federal Pyme, organizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came). En esos ámbitos, el discurso de Schiaretti seduce porque se basa en la previsibilidad económica, la eliminación del déficit fiscal y la reducción de la presión impositiva.
Sin embargo, por ahora, la candidatura del gobernador parece asentada únicamente en la superestructura. Le faltan otros dos componentes esenciales: acuerdos con otros sectores o con figuras de la política que refuercen el armado;pero, sobre todo, no aparece instalada como una opción para el electorado. En esos dos aspectos, señalan en el schiarettismo, se enfocará en las próximas semanas. Tendrá encuentros con el componente no cristinista de la CGT, dialogará con gobernadores y, además, buscará incrementar sus índices de conocimiento a nivel de la población.
Hay un punto que el schiarettismo remarca que impacta en la provincia y que es relevante en la pulseada interna que mantiene con el llaryorismo: cerca del gobernador aseguran que, como candidato presidencial, Schiaretti encabeza las encuestas en Córdoba. Razonan, por lo tanto, que su presencia en el escenario nacional puede ayudar a traccionarle votos al candidato a gobernador. De ahí que el schiarettismo descarte la fecha del 7 de mayo que ansía Martín Llaryora y que corra la línea hasta fines de junio o principio de julio. Hay que atrasar el reloj provincial para darle tiempo a Schiaretti en el país.
Hacemos por Córdoba tiene una ventaja en ese sentido:no lo apremia su adversario. Juntos por el Cambio, fundamentalmente sus figuras más convocantes -Luis Juez y Rodrigo de Loredo- siguen sumidos en un inmovilismo que tiene atacada de los nervios al resto de la coalición.
Hasta ahora, hay un aspecto, un único aspecto, en el que Juez y De Loredo acordaron:en no mostrarle las cartas al peronismo. Con un detalle:ellos tampoco saben qué cartas tienen.
La situación merece una explicación:ni Juez ni De Loredo blanquearán sus candidaturas mientras se mantenga la incógnita sobre la fecha de la elección porque están convencidos de que el oficialismo manipulará el día de votación hacia atrás o hacia adelante de acuerdo con cómo sea el esquema electoral de la oposición.
Hasta ahí, parece lógico. Lo curioso es que ellos tampoco tienen definido cómo se resolverá su rompecabezas. Porque no es que estén ocultando un acuerdo. Están esperando la fecha para, recién después, sentarse a discutir a qué es candidato cada uno. El recorrido, entonces, es mucho más largo. Mientras tanto el tiempo corre. Y Llaryora está de campaña.
“Estamos dando una ventaja imperdonable. Hay un alto nivel de exasperación en todos los dirigentes. Juez y De Loredo estiran los tiempos -fundamentalmente Rodrigo- y recién cuando se conozca la fecha van a tomar una definición ¿Y si no nos ponemos de acuerdo? ¿O si el acuerdo se complica y todo sigue alargándose? Es desesperante ver cómo seguimos parados siempre en el mismo lugar”, indicó un dirigente radical con llegada al senador y al diputado.
En los últimos días estuvo María Eugenia Vidal de campaña por Córdoba, en su intento aún tibio de ir por la Presidencia. La exgobernadora de Buenos Aires -derrotada por Axel Kicillof cuando pretendía la reelección- los unificó a todos:el Frente Cívico, el Pro y el radicalismo difundieron las fotos de Vidal rodeada por Juez, De Loredo y Negri.
En Córdoba, a Juntos por el Cambio le sobran fotos y le faltan hechos. Es un gran dador de imágenes de unidad pero para otros, para dirigentes de Buenos Aires. Larreta, Vidal, Macri o quien sea pueden ostentar que consiguen amalgamar por un rato lo que en la provincia aún está disperso.
En la versión cordobesa de Juntos, quienes conviven en una foto lo hacen en función de un proyecto electoral de otros, pero hasta ahora no han conseguido erigirse ellos mismos como una posibilidad real de poder.
Y 24 años de gobierno no se destronan sólo con selfies sonrientes en la sombra de La Cañada.

