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El riocuartense Julio Varela rendirá para ascender a noveno Dan

El profesor dialogó con Puntal sobre lo que implica arribar a la segunda categoría en importancia dentro de la discipli

Hollywood y alguna que otra serie de animé, estilo Dragon Ball Z, han sido los que han moldeado la idea que se tiene en Argentina del karate. Para los no entendidos, estas han sido las puertas principales de acceso a una disciplina que se sustenta en una tradición ancestral y lejos está de las banalidades que presenta la industria cultural. “Muchos creen que el cinturón negro es el rango más alto y desconocen que hay otros colores que implican un nivel mucho mayor”, comenta Julio Varela, profesor riocuartense que está a punto de rendir para acceder al noveno Dan dentro de la escala de categorías que tiene el arte marcial.

En 1976, con 14 años, Varela comenzó su camino por el karate dentro de la escuela Miyazato, una de las más tradicionales del país. Hoy es uno de los profesores más reconocidos de la ciudad y el sábado 27 tendrá la oportunidad de quedar a un paso de la categoría más elevada dentro de la disciplina.

“La idea de que el cinturón negro es el más importante está muy arraigada, pero poca gente sabe que el más valioso es el rojo. Ese es el que identifica a las categorías más altas”, explica Varela. El karate se divide en distintos niveles. Estos se denominan Dan y se establecen de acuerdo con distintas variables, relacionadas con el tiempo que se lleva practicando la actividad, las destrezas aprendidas y los conocimientos obtenidos. “La escala más baja es el cinturón blanco. A partir de los seis meses se puede aspirar al amarillo. El negro se identifica con el primer Dan”, describe Varela.

En la escala, el riocuartense aspira a conseguir el noveno de los diez Dan que existen. “Para que te permitan rendir un Dan tan alto, lo primero es llevar mucho tiempo practicando la actividad. Llegar al décimo es muy difícil. Estamos hablando de senseis japoneses muy reconocidos”, señala.

Para entender la manera en la cual se puede ascender en la escala del karate, se puede trazar una analogía con el sistema educativo. Se van rindiendo exámenes que permiten avanzar. En los Dan más elevados, además del tiempo de práctica se deben realizar tesinas con investigaciones sobre temas que sean de interés para la escuela que cada karateca integre. “Existe un programa de enseñanza que tiene cada escuela que hay que saber y desarrollar. Además, este se combina con otros saberes de otras ciencias”, explica Varela.

Añade que, en su caso, su tarea investigativa la desarrolla dentro del ámbito de la Diplomatura en Karate de la escuela Miyazato. La misma se desarrolla con un convenio con la Universidad de Villa María. El riocuartense es el coordinador de dicha carrera. Allí se llevan adelante trabajos en los que se combinan saberes del karate con ciencias como la filosofía y la anatomía.

Varela arrancó su recorrido en la escuela Miyazato que arribó a Río Cuarto en 1973 desde Córdoba. “Mishamoto había llegado a Córdoba en 1959 y empezó a difundir el karate en esta zona. Acá, en Río Cuarto, en la década del 70 se empieza a desarrollar de la mano de Roberto Brito (quien después fuera secretario de Redacción de Diario Puntal) y para esa época consiguen que Miyazato venga a la ciudad con un grupo de maestros cinturón negro. Es en ese contexto en el que yo comienzo con la disciplina”, recuerda Varela.

Varela, que además de dedicarle su vida al karate es profesor de Educación Física, comanda hoy una escuela a la que concurren entre 90 y 110 alumnos. “La pandemia fue complicada, pero dentro de todo nosotros pudimos sobrellevarla. A diferencia de otras artes marciales, el karate se puede trabajar de manera virtual, por lo que no fue tan complejo seguir cuando se suspendieron las actividades presenciales”, comenta