Río Cuarto |

“La aplicación de la toxina botulínica contribuye a la relajación muscular”

El Dr. Máximo Zimerman participó ayer de una charla organizada por Neurocet, sobre   “Estrategias innovadoras en el manejo de la espasticidad. Toxina botulínica”, dirigida a profesionales de la salud, estudiantes avanzados de Kinesiología y Terapia Ocupacional. 

La toxina botulínica es una proteína comúnmente conocida como botox y por su aplicación en cirugías estéticas. Sin embargo, “se la inventó inicialmente para el tratamiento de patología neurológica, es decir, para poder beneficiar a nuestros pacientes de espasticidad, de distonía, de trastornos, por ejemplo, de aumento de salivación, que se llama hiperhidrosis, o dishidrosis, y aumento de secreción de glándulas sudoríparas”, explicó Zimerman.

“Se aplica con excelentes resultados y esto brinda la posibilidad de mejorar la rehabilitación de nuestros pacientes”, añadió. 

-¿De qué forma puede mejorar la calidad de vida de un paciente?

-Hay que tener presente que después de las secuelas de accidentes cerebrovasculares, traumatismo encefalocraneano o parálisis cerebral de un niño, existen ciertas consecuencias a nivel muscular. Una de ellas  puede ser la debilidad ósea,  o por el contrario, puede ser la hiperexcitabilidad con aumento del tono muscular, lo que se conoce como espasticidad.

La aplicación de la toxina se realiza de manera local, ya que se aplica directamente al músculo a través de distintas técnicas: puede ser por guía palpatoria o puede ser también guiada por electromiografía o por ecografía, lo que produce la relajación del músculo y permite contribuir al entrenamiento físico. 

Zimerman aclaró: “Es importante tener presente que el paciente  que se beneficie de la aplicación de toxina botulínica debe estar realizando rehabilitación física en una institución”.

-¿Hace cuánto se viene aplicando este procedimiento Argentina? ¿Qué resultados han obtenido?

-Si bien se está aplicando hace mucho tiempo en Argentina, lo importante es hacerlo de manera guiada, y, por otra parte, tener un conocimiento funcional del paciente. Es necesario aplicarlo de manera combinada con terapistas ocupacionales y con kinesiólogos porque son quienes tratan a diario al paciente. 

Por otra parte, no es solamente importante el tratamiento farmacológico, en este caso con la toxina botulínica, sino también hacer un protocolo de entrenamiento y para esto sí se está trabajando hace mucho. Yo tuve la posibilidad de liderar la Clínica de espasticidad del Departamento de Neurología del Hospital Universitario de Hamburgo durante cinco años, y  uno tiene la posibilidad de aplicar distintas estrategias terapéuticas, por lo que no hay una sola estrategia, un solo tratamiento, sino que el éxito proviene de la combinación de varias.