El orgullo de ser portadores de la imagen y un gesto que se transmite por generaciones
Los hombres que portan la Virgen llevan años de una tradición que se transmite por generaciones. Tal es el caso de Aldo Alaniz, extrabajador municipal quien es uno de los "portadores" de La Consolata desde hace 48 años.
"Creo que este año voy a entregar la vara porque hace 48 años que lo hago. El año que viene si Dios quiere me seguirá mi ahijado, quien vive en Córdoba pero por razones de público conocimiento no ha podido venir. Yo ya he cumplido", contó a Puntal.
Cuando se le consultó por qué llevó la imagen tantos años, Alaniz respondió que todo se inició por una promesa cuando nació su primera hija y comenzó a trabajar como empleado. Sostuvo que Dios quiso que estuviera presente una vez más y porque se siente "algo muy especial".
Por su parte, Juan Carlos Bértoli dijo a este diario que con el nacimiento del nuevo milenio y por un pedido de una de sus hijas, hace 20 años se animó y cargó sobre sus hombros la pesada imagen junto a otras 28 personas.
"Recuerdo que venía a novena y el padre anunció una reunión con los hombres que deseaban llevar la Virgen. Y bueno, me anoté y ahora han pasado veinte años y sigo firme".
"Es como una obligación que tenemos. Cuando se acerca junio, ya empezamos a vivir la emoción. Lloramos mucho, nos emocionamos y cuando salimos en procesión, vemos a miles de personas saludando a La Consolata que estamos llevando nosotros. Parece que la plaza se moviera con tantos pañuelos blancos. Hoy es distinto, todo muy especial, donde también nosotros recordamos a los que no están, a los seres queridos, y rezamos por ellos".
Tradición “gringa”
Luis Capellari es integrante de la comisión Pro-Templo. Este contratista rural nació y se crió en el campo. Dijo a Puntal que este 20 de junio tan distinto le trajo recuerdos de su niñez, principalmente de su abuela materna, que lo comenzó a llevar de la mano a conocer la iglesia y la virgencita gringa.
Capellari se crió en un hogar de gringos que amaban a la santa patrona y este amor por La Consolata se ha transmitido por generaciones.
Al ser consultado cómo se vive un 20 de junio esta fiesta, Luis respondió: "Se siente algo muy especial y un lagrimón se nos cae seguro. Creo que en estos momentos y más que nunca recordamos a nuestros padres y abuelos que nos iniciaron en esto tan hermoso de amar a la Virgen”.