Regionales
La estación Gavilán resiste el abandono
Este paraje está a sólo 7 kilómetros de Levalle. Javier quiere cuidar lo poco que subsistió.
De las estaciones de trenes existentes en el sur provincial, el levallense Javier Frola conoce todas: desde aquellas que aún conservan toda su estructura, a otras que fueron devoradas por el monte.
“En Curapaligüe la estación está intacta, porque el jefe de la estación nunca se fue. Y la mantiene igual, hasta con el telégrafo”, menciona Javier.
A 7 kilómetros al este de Levalle está la estación Gavilán, de la cual quedan un esqueleto y las vías. Este rincón desvela a Javier, quien se propuso algún día ir al lugar para mantenerlo. “Aunque sea cortar el pasto. Esa estación era igual a la de Levalle, estaba en un lugar muy productivo. Pero dejó de pasar el tren y fue saqueada, dice.
También en sus caminatas por las vías, Javier dio con la estación “Gondra”, ubicada en proximidades de Buchardo. “No quedó ni el andén. El monte se tragó todo. Me fue difícil encontrarla”.
Frola dice que conoce cientos de historias relacionadas a los ferrocarriles, de tragedias y otros hechos. “Pero la que más me impacta es lo que ocurrió con el tren que cayó al arroyo en Holmberg. Hace poco estuve ahí. Seguir las vías y ver que caen al precipicio es conmocionante”.
Javier se refiere a la tragedia de 1939, cuando el arroyo Santa Catalina se devoró el puente ferroviario y el tren de pasajeros que venía de Villa Mercedes no pudo ser parado ni desviado, y cayó al lecho de un furioso cauce de agua.
“En Curapaligüe la estación está intacta, porque el jefe de la estación nunca se fue. Y la mantiene igual, hasta con el telégrafo”, menciona Javier.
A 7 kilómetros al este de Levalle está la estación Gavilán, de la cual quedan un esqueleto y las vías. Este rincón desvela a Javier, quien se propuso algún día ir al lugar para mantenerlo. “Aunque sea cortar el pasto. Esa estación era igual a la de Levalle, estaba en un lugar muy productivo. Pero dejó de pasar el tren y fue saqueada, dice.
También en sus caminatas por las vías, Javier dio con la estación “Gondra”, ubicada en proximidades de Buchardo. “No quedó ni el andén. El monte se tragó todo. Me fue difícil encontrarla”.
Frola dice que conoce cientos de historias relacionadas a los ferrocarriles, de tragedias y otros hechos. “Pero la que más me impacta es lo que ocurrió con el tren que cayó al arroyo en Holmberg. Hace poco estuve ahí. Seguir las vías y ver que caen al precipicio es conmocionante”.
Javier se refiere a la tragedia de 1939, cuando el arroyo Santa Catalina se devoró el puente ferroviario y el tren de pasajeros que venía de Villa Mercedes no pudo ser parado ni desviado, y cayó al lecho de un furioso cauce de agua.