“Las circunstancias actuales nos exigen mayor creatividad”
Fanny Bandini, profesora de Filosofía en el nivel medio, señala que la prohibición, aun seguida de multas, jamás aborda el problema de fondo
“Una prohibición, aun seguida de multas ejemplares, si no va acompañada de propuestas concretas para satisfacer las necesidades culturales de nuestras juventudes, no pasará de ser una salida elegante ante un problema que seguirá sin ser abordado”. Con dichas palabras, Fanny Bandini se introduce al debate del tema.
Fanny Bandini estudió Filosofía y es profesora en el ciclo avanzado del Nivel Medio. En su rol de docente, desde hace ya una docena de años, se vincula a diario con adolescentes. “La existencia en ese período de la vida en nuestra cultura, tiene características propias, muy arraigadas por muy practicadas. La reunión de los jóvenes en busca de su tiempo de esparcimiento y diversión, no es un aspecto frívolo o de poca importancia. Hablamos de una práctica vital en el desarrollo sano de un sujeto en sociedad: generación y fortalecimiento de vínculos, expresión del cuerpo y la voz, lugares de pertenencia, de identificación”, afirma.
En ese marco, Bandini aduce que, como todo, el tema está lleno de ambigüedades y contradicciones. Por un lado, señala la presencia “de chicos y chicas, de diferentes sectores de nuestra ciudad, que tienen el deseo de salir, de beber alcohol, pero no pueden hacerlo en el marco de la ley vigente porque no tienen la edad”. “Sin embargo, y tal como la realidad nos lo está mostrando, -señala Fanny- esos jóvenes cuentan con la autorización de sus padres para asistir a estas fiestas, donde saben que se expende alcohol”. “Y aquí es donde la realidad, lo fáctico, se contradice con la ley. Porque lejos de amparar a los jóvenes estas normativas han dejado a nuestros chicos y chicas en lugares fuera del control de los adultos y del Estado como garante de su seguridad e integridad”, evalúa.
“¿Cuál es el problema de fondo que queremos abordar? ¿Qué es lo que nos preocupa? ¿Nos preocupa el consumo problemático de alcohol, de otras sustancias, la violencia?”, interroga Bandini, quien de inmediato señala que la prohibición no aborda jamás el problema de fondo, sino, por el contrario, hasta puede agudizarlo. “Prohibir una actividad, que para una franja etaria de nuestra población es parte de un desarrollo sano de la vida, no tiene como consecuencia necesaria que esa actividad deje de existir; aun con la aplicación de multas”, apunta.
“¿Y los chicos y chicas?”, se pregunta. “Más solos, más a la buena de Dios. Cada vez fiestas más clandestinas, más alejadas de la ciudad, cada vez más jóvenes saliendo a la ruta para asistir a localidades vecinas donde los lugares de esparcimiento aceptan a jóvenes desde los 16 años. El ingenio, alimentado por el deseo de nuestros chicos y chicas se agudiza, y todos conocemos prácticas tales como el uso de documentos de otros para entrar a los boliches, o las previas con mucho alcohol en las casas de familia. Esa realidad está ahí, ante nuestra mirada, y si lo único que podemos hacer es prohibir y multar, ¿qué suponemos que harán los jóvenes? ¿Pensamos que no saldrán más, esperando a los 18 años legales para beber alcohol? Es muy poco probable”, subraya.
Bandini sostiene que a través de la asamblea pública desarrollada el pasado jueves, se ha rendido honor a los mecanismos democráticos para expresarnos, dialogar y escucharnos. “El peligro sigue siendo que todo esto quede en el plano de la mera expresión, y que otra vez la palabra del ciudadano común caiga en saco roto, cuando finalmente las autoridades lo resuelvan, probablemente, como pretendían hacerlo desde el principio. No sería la primera audiencia pública luego de la cual se diga lo que se diga sobre el tema, lo que se iba a hacer, se hace. Ojalá éste no sea el caso”, enfatiza la profesora, quien añade que antes de cerrarles otra puerta más, se debe recordar que como sociedad todavía estamos en deuda con los chicos y chicas: “Todavía les debemos la posibilidad de votar en las elecciones locales”, ejemplifica.
“Nosotros, los educadores, tenemos un papel importante, y me atrevo a decir que muchos estamos comprometidos en la formación de criterios, la revisión de hábitos nocivos, el abordaje del tema del consumo problemático; y no por moralidad, sino porque son todos temas relativos a la salud pública, al aprendizaje del cuidado del cuerpo y de la vida”, precisa.
Finalmente, Bandini deja en claro que en todas las instancias se ofrecen opciones e ideas. Entonces, afirma: “Hay que tomarlas de verdad y trabajarlas. Hay que hacerse cargo de educar, cuidar y acompañar a los chicos y chicas en sus momentos de esparcimiento, prestar atención a los consumos problemáticos, a los vínculos que entablan entre sí, en síntesis, contenerlos”.
“Y la ley no puede desampararlos, debe crear un nuevo orden que brinde mayor seguridad. Las circunstancias nos exigen mayor creatividad, asumiendo las realidades que hoy nos desafían”, concluye.
Fanny Bandini estudió Filosofía y es profesora en el ciclo avanzado del Nivel Medio. En su rol de docente, desde hace ya una docena de años, se vincula a diario con adolescentes. “La existencia en ese período de la vida en nuestra cultura, tiene características propias, muy arraigadas por muy practicadas. La reunión de los jóvenes en busca de su tiempo de esparcimiento y diversión, no es un aspecto frívolo o de poca importancia. Hablamos de una práctica vital en el desarrollo sano de un sujeto en sociedad: generación y fortalecimiento de vínculos, expresión del cuerpo y la voz, lugares de pertenencia, de identificación”, afirma.
En ese marco, Bandini aduce que, como todo, el tema está lleno de ambigüedades y contradicciones. Por un lado, señala la presencia “de chicos y chicas, de diferentes sectores de nuestra ciudad, que tienen el deseo de salir, de beber alcohol, pero no pueden hacerlo en el marco de la ley vigente porque no tienen la edad”. “Sin embargo, y tal como la realidad nos lo está mostrando, -señala Fanny- esos jóvenes cuentan con la autorización de sus padres para asistir a estas fiestas, donde saben que se expende alcohol”. “Y aquí es donde la realidad, lo fáctico, se contradice con la ley. Porque lejos de amparar a los jóvenes estas normativas han dejado a nuestros chicos y chicas en lugares fuera del control de los adultos y del Estado como garante de su seguridad e integridad”, evalúa.
“¿Cuál es el problema de fondo que queremos abordar? ¿Qué es lo que nos preocupa? ¿Nos preocupa el consumo problemático de alcohol, de otras sustancias, la violencia?”, interroga Bandini, quien de inmediato señala que la prohibición no aborda jamás el problema de fondo, sino, por el contrario, hasta puede agudizarlo. “Prohibir una actividad, que para una franja etaria de nuestra población es parte de un desarrollo sano de la vida, no tiene como consecuencia necesaria que esa actividad deje de existir; aun con la aplicación de multas”, apunta.
“¿Y los chicos y chicas?”, se pregunta. “Más solos, más a la buena de Dios. Cada vez fiestas más clandestinas, más alejadas de la ciudad, cada vez más jóvenes saliendo a la ruta para asistir a localidades vecinas donde los lugares de esparcimiento aceptan a jóvenes desde los 16 años. El ingenio, alimentado por el deseo de nuestros chicos y chicas se agudiza, y todos conocemos prácticas tales como el uso de documentos de otros para entrar a los boliches, o las previas con mucho alcohol en las casas de familia. Esa realidad está ahí, ante nuestra mirada, y si lo único que podemos hacer es prohibir y multar, ¿qué suponemos que harán los jóvenes? ¿Pensamos que no saldrán más, esperando a los 18 años legales para beber alcohol? Es muy poco probable”, subraya.
Bandini sostiene que a través de la asamblea pública desarrollada el pasado jueves, se ha rendido honor a los mecanismos democráticos para expresarnos, dialogar y escucharnos. “El peligro sigue siendo que todo esto quede en el plano de la mera expresión, y que otra vez la palabra del ciudadano común caiga en saco roto, cuando finalmente las autoridades lo resuelvan, probablemente, como pretendían hacerlo desde el principio. No sería la primera audiencia pública luego de la cual se diga lo que se diga sobre el tema, lo que se iba a hacer, se hace. Ojalá éste no sea el caso”, enfatiza la profesora, quien añade que antes de cerrarles otra puerta más, se debe recordar que como sociedad todavía estamos en deuda con los chicos y chicas: “Todavía les debemos la posibilidad de votar en las elecciones locales”, ejemplifica.
“Nosotros, los educadores, tenemos un papel importante, y me atrevo a decir que muchos estamos comprometidos en la formación de criterios, la revisión de hábitos nocivos, el abordaje del tema del consumo problemático; y no por moralidad, sino porque son todos temas relativos a la salud pública, al aprendizaje del cuidado del cuerpo y de la vida”, precisa.
Finalmente, Bandini deja en claro que en todas las instancias se ofrecen opciones e ideas. Entonces, afirma: “Hay que tomarlas de verdad y trabajarlas. Hay que hacerse cargo de educar, cuidar y acompañar a los chicos y chicas en sus momentos de esparcimiento, prestar atención a los consumos problemáticos, a los vínculos que entablan entre sí, en síntesis, contenerlos”.
“Y la ley no puede desampararlos, debe crear un nuevo orden que brinde mayor seguridad. Las circunstancias nos exigen mayor creatividad, asumiendo las realidades que hoy nos desafían”, concluye.