Opinión | Laura Rodríguez Machado | Alejandra Vigo | Ignacio García Aresca

Los dos modelos en juego y la alternativa del interior del país

Mañana serán sometidos a la consideración popular los paradigmas del Frente de Todos y de Juntos por el Cambio. Pero Schiaretti impulsa una tercera opción de poder de la mano de la provincias. ¿Quién se quedará con el noveno diputado?

En general, las elecciones llamadas de medio término no suelen ser motivadoras para el electorado. En un sistema presidencialista como el nuestro, elegir al primer mandatario nacional entusiasma más a los votantes que participar de comicios legislativos. Quizás la explicación de este comportamiento electoral se encuentre en el poder decisorio que tiene un presidente, esto es el hombre que rige los destinos de un país, facultad que no poseen los diputados y senadores nacionales, por las características del régimen argentino, que es más personalista que colegiado. De ahí que no haya tenido éxito el sistema parlamentarista propuesto en más de una oportunidad desde el regreso de la democracia a esta parte. Pero toda regla tiene su excepción. Como no se percibía desde hacía años, estas legislativas tomaron una dimensión nunca antes vista en la historia democrática de la Argentina. Para ser más claros: se han convertido en cruciales no sólo en lo atinente a la nueva composición que tendrá el Congreso de la Nación, donde habrá un equilibrio de fuerzas políticas, sino también en cuanto a los desafíos electorales futuros tanto para la Nación como para las provincias.

Mañana se ponen en juego dos modelos de país:el del gobierno nacional y el de la oposición. Cada uno pugna por imponer su propio paradigma. Mañana se ponen en juego dos modelos de país:el del gobierno nacional y el de la oposición. Cada uno pugna por imponer su propio paradigma.

En concreto, mañana se ponen en juego dos modelos de país. Para sintetizarlo de alguna manera lo podemos expresar de esta forma: el del gobierno nacional y el de la oposición. Cada uno por su lado, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio pugnan por imponer su propio modelo, que tiene diferentes miradas en lo económico, el manejo de la crisis sanitaria, lo social, el abordaje de la seguridad, el sistema judicial y lo vinculado con las relaciones en materia internacional, entre otros tópicos. En Córdoba, el Frente de Todos pone en juego una banca de diputados, que es la que hoy ocupa Pablo Carro, y otra de senadores, que es la de Carlos Caserio. El dirigente albertista fue electo en la Cámara Alta a través del PJde Córdoba pero después rompió con la estructura partidaria y se pasó a las filas del oficialismo nacional que encabezan Alberto Fernández y Cristina Kirchner. En tanto, la ex Cambiemos, que impulsa como primeros candidatos a Rodrigo de Loredo y a Luis Juez, renueva cinco escaños de diputados y dos de senadores. Pero por la ola antikirchnerista que hay en la actualidad en el país, y de la cual Córdoba no está exenta, existe la posibilidad matemática de que dicho espacio político logre seis lugares. En ese caso, entraría también la riotercerense Gabriela Brouwer de Koning, además de De Loredo, Soledad Carrizo, Héctor Baldassi, Laura Rodríguez Machado y Gustavo Santos. El tema en cuestión es para quién queda esa banca, según el sistema D’Hondt, el método para asignar escaños en los esquemas de representación proporcional por listas electorales. ¿Quedará para Brouwer de Koning, la retendrá el kirchnerismo en la persona del villamariense Martín Gill o será para Hacemos por Córdoba, que lleva como tercera postulante a la riocuartense Claudia Márquez, quien va por su reelección como diputada? El peronismo cordobés, que en esta coyuntura política se autodefine como un partido provincial, totalmente alejado del cristinismo y del macrismo, pone en juego tres lugares, que son los que dejan en diciembre próximo Alejandra Vigo, Paulo Cassinerio y la propia Márquez, y sale a recuperar la banca que está hoy en manos de Caserio. Para librar la batalla de la tercera banca, el PJde Juan Schiaretti, que se puso la campaña al hombro como si fuera él mismo el candidato, puso como primera candidata a Natalia de la Sota, la hija del fallecido exgobernador José Manuel de la Sota, un apellido fuerte que tracciona votos en tiempos electorales. El segundo postulante es Ignacio García Aresca, intendente de San Francisco, hombre de Martín Llaryora, el mandatario municipal de la ciudad de Córdoba.

Schiaretti considera que la grieta que estamos viviendo los argentinos le está haciendo mucho daño al país y que hay que construir una alternativa. Schiaretti considera que la grieta que estamos viviendo los argentinos le está haciendo mucho daño al país y que hay que construir una alternativa.

Pero además de los dos modelos nacionales que competirán en las legislativas de mañana, existe una tercería vía, que está en gestación y que busca representar al interior del país de cara al 2023. Su mentor es el propio Schiaretti, quien considera que la grieta que estamos viviendo los argentinos le está haciendo mucho daño al país y que, por consiguiente, hay que construir una alternativa de poder de la mano de las provincias. De acuerdo con lo que pudo conocer Puntal, la estrategia pasa por conformar un bloque propio en el Senado, si Vigo es electa senadora, al estilo del bloque Córdoba Federal, que preside el riocuartense Carlos Gutiérrez, y a partir de ahí armar el Interbloque Argentina Federal, con el cual se buscará pelear las presidenciales del 2023. Este diario le consultó al gobernador si, en ese marco, cabía la posibilidad de que fuera candidato a presidente. Y Schiaretti respondió que es muy prematuro hablar hoy de postulaciones y agregó que a nivel provincial hay muy buenos dirigentes con visión federal, como él, y con los cuales -admitió- está hablando, a los efectos de ir consolidando ese frente político que intentará hacer su desembarco dentro de 2 años, cuando se vuelva a votar para presidente. Por ahora, el mandatario cordobés está concentrado en gobernar Córdoba. “Después veremos”, dijo a Puntal.