A propósito de su más reciente novela, "Sed", que se publicará en marzo en Argentina, la escritora belga-japonesa Amélie Nothomb ofreció una conferencia de prensa con medios de España y América Latina sobre esa ficción en la que reinterpreta la historia sagrada a partir de un soliloquio de Jesús cuando es condenado a muerte y su posterior crucifixión, y donde reimagina desde la poética del sufrimiento un nuevo testamento con una mirada humanista y luminosa en la que el cuerpo, como en muchos de sus libros, vuelve a ser protagonista omnipresente de la forma de mirar el mundo y relacionarse con los otros.
"El auténtico sufrimiento lleva a las auténticas preguntas", dice la prolífica escritora nacida en Kobe (Japón) en 1967, durante una rueda de prensa que se realiza de forma presencial en Barcelona y se transmite de manera virtual con medios de América Latina. Vestida de negro como en todas sus apariciones públicas -imposible no reconocerla, su rostro es portada de todos sus libros-, la narradora se atreve en esta brevísima novela a escribir sobre aquello que le inquietaba desde sus 3 años, cuando su papá le habló de ese personaje bíblico y "al momento me di cuenta que era un superhéroe": Jesús.
Bueno, en realidad, si como novelista "es una mentirosa honesta", como dijo alguna vez, más que la historia de Jesús la inquietaba "la historia de la cruz" y la historia de la cruz es la del sufrimiento. "Lo único que sabemos es que Jesús existió, lo que no se sabe es si fue hijo de Dios. A mí me parece más interesante pensar en él no como hijo de Dios porque entonces es una persona como cualquiera de nosotros que un buen día decidió ser Jesús, es decir, decidió estar disponible para los demás cosa que todos podemos hacer pero que es invivible".
Ella eligió su propia versión de Jesús, una versión muy humana, la del sufrimiento, la del dolor de la carne, el Jesús que encuentra en beber agua el mayor de los placeres; y por eso, y a pesar de algún que otro revuelo crítico que despertó el libro entre los creyentes, "no es un libro religioso", sostiene con tranquila convicción la autora que nació en el seno de una familia belga tradicional y católica, hija de un padre diplomático, por lo que pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente. "A mí me gusta pensar a Jesús como alguien cualquiera, como si nosotros pudiéramos vivir la misma vida pero por supuesto cambiando algunos detalles. Lo más difícil es la presencia, siempre es muy difícil estar aquí y ahora, estamos pensando en la cena, en qué falta. Lo difícil es estar presente y eso es lo más espiritual que podemos hacer", revela.
Editada por Anagrama, "Sed", que llegará a las librerías del país en marzo, engrosa la biblioteca de Amélie Nothomb. Puede que esté entre sus mejores textos -publica un libro por año de los muchos que escribe en esos meses, es decir, que tiene más de 25 libros porque el primero se publicó en 1992-, ella, en todo caso, se siente satisfecha porque es una novela que lleva "50 años de premeditación": "A los 3 años no sabía que sería escritora pero cuando empecé a escribir me di cuenta que necesitaba escribir sobre Jesús pero que necesitaría todo un camino, adquirir músculos, y que necesitaba escribir muchas novelas. En 2018, en París, pensé: ¡ostras! mira tu edad, estás empezando a envejecer, sé que no estás lista para escribir este libro pero tirate a la piscina porque va a ser demasiado tarde".
Y Nothomb sí que se zambulló para reinterpretar la imagen canonizada de Jesús postulando, en cambio, un Jesús tan sensible como terrenal. Como un soliloquio, el texto comienza con el juicio de Pilatos, relata la noche en la celda previa a la crucifixión en la que Jesús habla sobre su vida, su amor a María Magdalena, sus discípulos, su padre divino y su mayor deseo, la sed. En apenas 70 páginas, la autora relata también la crucifixión, la muerte y la resurrección. "La primera parte de escritura fue muy dura, quizá la más dura de todas mis novelas. Cada mañana cuando me levantaba decía ´ahora tienes que volver a subir a la cruz´".

