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Libros: destacados de 2018

Una selección de lo mejor del año.

Literatura extranjera

“Toda una vida”. Robert Seethaler. Salamandra.

Su personaje principal, Andreas Egger, tiene una ligera discapacidad motriz. Un rengueo que le vino no por naturaleza sino a fuerza de los golpes disciplinadores de su tutor. Pero él no permite que esa pierna enclenque lo defina. Ante el rechazo de sus contratadores de que "camina cojo y no queremos gente así", Egger le devuelve el golpe con pragmatismo irrefutable "en la calle puede ser, pero en la montaña soy el que camina más derecho".

La simpleza y el espíritu resiliente son la columna vertebral no solo de Egger, sino del relato mismo, un relato que si bien desde el título promete lo imposible, contar "toda una vida", se resuelve en una sucesión de imágenes y anécdotas, algunas más dolorosas que otras, pero toda sucediéndose sin pausa, que es sencillamente el modo en el que la vida se despliega.

“El ferrocarril subterráneo”. Colson Whitehead. Mondadori.

El ferrocarril subterráneo es una historia de ficción, basada en hechos reales. Más precisamente en la valerosa hazaña de cientos de norteamericanos antiesclavistas que, exponiéndose a un castigo certero, diagramaron vías de escape para los esclavos afroamericanos de la norteamerica sureña y esclavista. La metáfora del tren dio lugar a decenas de analogías. Los conductores eran las personas que sabían del plan y los guiaban hacia la liberación. Las paradas, las casas de particulares que los escondían temporalmente. Los jefes de estación, las personas que vivían ahí y durante años se jugaron su propia libertad para devolvérsela a otros.

Sin embargo en esta novela el autor desdobla la metáfora para crear un tren real, el tren que Cora tiene que tomar para, atravesando múltiples estados, conseguir la libertad que desea. Detrás de sus talones, un implacable cazador de esclavos representa el lado más abyecto de la américa blanca e imperialista.

“Llámame por tu nombre”. Andre Aciman. Alfaguara

La historia nos lleva a la Italia de los ochenta, en donde en una bellísima villa de la costa, la familia de Elio posee una antigua y lujosa propiedad. El padre, profesor emérito en la universidad, la madre traductora en varios idiomas, tienen una tradición casi de mecenazgo: todos los veranos un tesista viene a pasar tres meses a su casa, sin pagar un centavo y compartiendo con la familia charlas y actividades como si fuese un miembro más.

De este modo, mientras terminan sus escritos, el profesor y su mujer gozan de buena compañía para charlar y la casa se llena de vida nueva todos los veranos.

La llegada de Oliver, un joven filósofo e investigador norteamericano da vuelta la casa de pies a cabeza. Es tan seductor que todos, familia, vecinos, empleados de la casa, caen bajo su encanto y quieren pasar tiempo con él. Escrita con delicadeza e intimismo y administrando con maestría el juego del deseo y el enamoramiento, Llámame por tu nombre es una historia que no hay que perderse, un relato que nos permite identificarnos y conmovernos, sea cual sea nuestra orientación sexual, por el adolescente inseguro que todos llevamos dentro

“Que nadie duerma”. Juan José Millas. Alfaguara

¿Psicosis? ¿Realismo mágico? Millás narra la historia de manera sencilla y despreocupada, soltando, de cuando en cuando, algún tópico medio traído de los pelos que nos devuelve a la pregunta inicial. Pero la naturalidad con que la excentricidad de Lucia, su protagonista, se extiende por el relato nos lleva a aceptar de buen grado todo lo que sucede. ¿Está loca? ok. ¿Es una mujer pájaro? Veremos que nos depara la trama. La novela maneja con destreza ambos registros a la vez, para que sea el lector quien decida, en definitiva, el diagnostico que le aplicara a la protagonista. Pero es en la disyuntiva, en las zonas grises, en donde los hechos se convierten en imágenes y viceversa, donde se aloja lo más rico del texto.

¿Qué más da a que especie biológica pertenezca Lucia? Su sensibilidad es real. Su desencanto es real. Y ella, con la ingenuidad propia de un animal doméstico, ha creído que la vida le deparaba algo mágico y especial.

Literatura argentina

“La ilusión de los mamíferos”. Julián López. Mondadori


En el comienzo, un hombre, en primera persona, nos hace participes de un secreto. El, a pesar de la camisa, la corbata y la vianda con la porción de tarta que se dispone a comer en la plaza, no es un oficinista. Esta camuflado. Ha planeado deliberadamente ese acto (hacer una tarta, comerla integra hasta dejar solo una porción, prepararla en una de esas cajitas de plástico ancestrales que nuestras madres llamaban taper por la marca y ahora vaya a saber cómo se llaman) para camuflarse en el entorno, en la fauna de los oficinistas que almuerzan al sol todos los días de la semana.

Él es un infiltrado cuyo único propósito es almorzar lo más cerca posible de alguien. Si, nos dice el narrador de esta historia. Voy a almorzar solo, frente a vos.

Lo que sigue es una vorágine de imágenes, sonidos, olores, palabras, emociones. Todas ellas conforman como prismas de un cristal las distintas facetas del recuerdo. Los capítulos se suceden, no sabemos si en orden cronológico o emocional. El amante le habla al amado que ya no está como si tuviera que despertarlo de un hechizo, como si a fuerza de repetirla la historia se volviera más real o adquiriese, definitivamente, la forma de la ficción.

“Movimiento único”. Diego Gándara. Seix Barral

Hay algo en la literatura autobiográfica que nos predispone a la apertura. Curiosidad, voyeurismo, chusmerío, empatía pura. Vaya uno a saber. Pero cuando un libro empieza con un yo rotundo, sabe que en mi cabeza tiene parte de la batalla ganada.

Por supuesto que las escrituras de línea autobiográfica no tienen por qué ser estrictamente confesionales o apegadas ciento por ciento a la realidad. De hecho, Diego Gándara elige en este libro ser  un tal Santiago Novoa, un joven que, pisando los treinta, y cansado de no remontar definitivamente en su trabajo decide cruzar el Océano y jugarse algunas fichas en el viejo continente en pos de su sueño de vivir de lo que le gusta. Todos los demás nombres que allí aparecen, que son muchos y de gran impacto en el mundo literario, son reales y se prestan de buena gana a convertirse en personajes novelados de esta especie de novela de aprendizaje argentina hasta la médula en su eurocentrismo bipolar, que añora lo que sucede del otro lado del charco cuando está en tierras sudacas y cuando finalmente lo logra y se instala allá, llora como un descosido abrazado al mate y al tarro del dulce de leche.

“Magnetizado”. Carlos Bousquet. Anagrama

Diagnosticado como esquizofrénico, psicópata, autista, parafrénico y cuanta etiqueta del Manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales sirva para decir "loco", su caso tiene un segundo dudoso honor y es el de haber inventado la figura penal de "peligrosidad potencial".

Es decir Melogno asesinó a cuatro personas en una semana, hace 36 años, y luego no mato ni una mosca, no agredió a un compañero del penal, no discutió jugando al truco, nada. Pero algo hay en él, una fuerza, una extrañeza, que canta a viva voz que Ricardo Melogno es una bomba de tiempo a punto de explotar. Quizás sea simplemente que descubrió hace tiempo que nada importa nada. Lo cual, como dice en algún momento el genial personaje de la serie Fargo que interpreta Billy Bob Thorton, es un descubrimiento sumamente peligroso. Literalmente un viaje de ida.

Puesto a escribir su historia por pedido terapéutico y negado a hacerlo él mismo, aparece en escena el escritor Carlos Busqued. Otro outsider que le voló la cabeza a todo el mundo con su novela Bajo este sol tremendo y luego se llamó al ostracismo durante nueve años.

Busqued lo visito durante dos años, varias horas al día, para entrevistarlo. El resultado es Magnetizado. Una ¿novela? cuyo mérito es precisamente ese, mantenernos pegados a ella hasta la última página, simplemente para escudriñar un poco más en la mente de ese personaje tan freak como genial que es Melogno.

“La luz negra”. María Gainza. Anagrama

La luz negra es una novela sumamente inusual, un artefacto en sí mismo pensado para despistar y producir un efecto de desconcierto e irrealidad. Narración en primera persona, intercalado con fichas de una subasta de obras apócrifas, anécdotas imaginarias sobre personajes reales, el relato de lo que nos contó un amigo sobre otro, pedazos de un film que no alcanzamos a entender ni reconstruir por completo.

Verdadera experiencia estética en sí misma, la segunda novela de Gainza la confirma como una de las voces más interesantes de la narrativa argentina contemporánea.

Mariana Barron