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A la espera de una ruptura

Llaryora buscará aprovechar un posible quiebre nacional de Juntos para construir una mayoría que no tiene. Llamosas persigue el mismo objetivo. Los elogios a Nazario, Calleri y De Rivas

La construcción del poder en Córdoba está en suspenso. El peronismo provincial sigue con especial interés lo que está ocurriendo en el país, no sólo por la candidatura de Juan Schiaretti y por lo que implica en sí la elección presidencial sino, principalmente, porque de lo que ocurra el 22 de octubre, o en el eventual balotaje del 19 de noviembre, dependerá el esquema político que Martín Llaryora le dará a su gestión como gobernador desde el 10 de diciembre.

En el oficialismo cordobés existe el convencimiento, que Schiaretti ya ha expresado públicamente, de que en la elección que se dará dentro de dos domingos no sólo se elegirá a un presidente y a un nuevo gobierno sino que, además, habrá algo parecido a una demolición. El gobernador cree que se desmoronarán los dos grandes polos políticos de los últimos años -el ahora llamado Unión por la Patria y Juntos por el Cambio- y que irá surgiendo algo nuevo.

A Llaryora le interesa sobre todo, en términos prácticos, lo que ocurra en la oposición, en ese ensamble autobeligerante que es Juntos por elCambio. Si se recurre a las encuestas -con suma cautela- o sólo al análisis político, parece que Patricia Bullrich sería hoy quien tendría más limitaciones para instalarse en el balotaje. Si eso ocurre, si esa fuerza política que nuclea a radicales, al Pro y a la Coalición Cívica se queda afuera, el peronismo cordobés especula con que ya no habrá elementos ni políticos ni asociativos que sostengan la convivencia. Si Juntos por el Cambio se rompe, concluyen en el PJ, habrá una desbandada. Y del otro lado de esa desbandada estará el gobernador electo con los brazos abiertos.

Durante la campaña provincial, Llaryora expresó reiteradamente la intención de incorporar a sectores del radicalismo y del Pro. Lo hizo porque entendía las limitaciones de Hacemos por Córdoba después de 24 años de gobierno. En parte tuvo éxito, porque sumó a radicales como Myriam Prunotto y a dirigentes del Pro como Javier Pretto. Pero no fueron sectores sino sólo incorporaciones personales, individuales.

Llaryora ganó la elección provincial pero ajustadamente y con un reparto de poder inédito en la provincia:los votantes le dieron al PJ la gobernación pero le quitaron el control de la Legislatura y del Tribunal de Cuentas. El oficialismo no tendrá quorum propio en la Unicameral:contará con 33 bancas (necesitaría 36), el mismo número que Juntos por el Cambio.

Para el gobernador electo esa configuración es una limitación. Y la eventual ruptura nacional de Juntos por elCambio podría darle lo que no surgió de las urnas: una mayoría estable. Es decir, Llaryora apuesta a captar a legisladores de esa fuerza política para conformar algo nuevo en la Unicameral. El equilibrio que estableció el electorado cordobés podría desaparecer como resultado de la reestructuración del escenario nacional y de la negociación política.

Llaryora mira al radicalismo y al Pro, o a algunos dirigentes dentro de esos partidos, para diseñar su nuevo esquema. Si avanzara, no sólo debilitaría a la oposición legislativamente sino también de cara a las elecciones que vendrán.

Tanto el gobernador electo como el schiarettismo sostienen que esa misma lógica de construcción política tiene que replicarse hacia abajo, hacia los municipios. Y la primera elección importante que tendrá Llaryora ya en el poder será Río Cuarto.

Por eso Llamosas remarcó en los últimos días que se imagina al oficialismo yendo a las elecciones de 2024 con nuevos socios del radicalismo y del Pro. “La crisis es tan grande que ya no alcanzan los partidos ni las alianzas como las concebimos hasta ahora. Hay que construir algo nuevo”, dicen en el PJ.

Ese es el argumento teórico. La razón práctica es que esas nuevas alianzas apuntan a producir un doble efecto:fortalecer al oficialismo peronista y debilitar a la oposición, aprovechar sus inconsistencias.

Llamosas está convencido de que la oposición está debilitada electoralmente en Río Cuarto. Si bien Gonzalo Parodi surgió de una interna récord, con 14 mil votantes, es un candidato que aún tiene un alto índice de desconocimiento y que, remarca, “no tiene de dónde colgarse”. Juntos por el Cambio perdió la provincia y la ciudad de Córdoba y sufre un panorama complejo en el país y eso deja a los dirigentes riocuartenses casi sin referencias políticas y sin asistencias financieras.

El radicalismo tuvo un proceso interno sin demasiados conflictos en Río Cuarto y consiguió una votación masiva. Pero el panorama se complicó después. A tres semanas de aquella elección aún no está oficializada la lista y hay reproches y rumores sobre las razones de esa indefinición. Una de las versiones es que el radicalismo que ganó la interna, encabezado por Evolución, también está especulando con la posibilidad de que Juntos por el Cambio se rompa.

El 17 de septiembre, cuando Parodi ganó, Gabriel Abrile y Gonzalo Luján se subieron al escenario para mostrarse juntos. Pero desde entonces no hubo muchos puntos de acuerdo. Abrile incluso amenazó con irse por fuera si no se respeta la normativa que determina cómo deben repartirse las bancas; y la semana pasada, Luján, que obtuvo casi 3.500 votos en la interna, anunció que deja la política;es decir, abandonó el proceso. “El que gana conduce, el que pierde acompaña”, dice la frase que tiene en el radicalismo problemas de concreción.

En Evolución aseguran que el anuncio de Luján fue sólo en términos individuales y que todo su grupo está acompañando a Parodi. De todos modos, no es precisamente una señal positiva.

Si además Juntos por el Cambio se rompe antes de la elección municipal, y si, como tiene pensado hacer, el peronismo logra “sembrar” algunos otros candidatos que dividan más el voto opositor, entonces el camino quedaría allanado, concluyen en el Palacio.

Sin embargo, al peronismo todavía le queda un aspecto fundamental por resolver:a quién llevará como candidato. Llamosas pretende conducir el proceso; sin embargo, le van surgiendo inconvenientes. Primero, a menos de un año de las elecciones sigue habiendo demasiados precandidatos. Segundo, no está claro si el intendente podrá imponer como aspirante a la sucesión a un dirigente de su grupo político.

En la entrevista que le concedió a este diario elogió a tres:Guillermo De Rivas, Agustín Calleri y Adriana Nazario. A los dos primeros los siente como propios,la exdiputada y expareja de De la Sota va por un carril diferente.

Nazario apareció en un acto que se hizo en el Centro Cívico en los últimos días. Y generó un tironeo. Llamosas se mostró a su lado yel schiarettismo se adjudicó su reaparición en un ámbito político-institucional.

¿Esta vez Nazario será candidata o será, como ocurrió en otras oportunidades, una versión que se irá apagando? Cerca de ella aseguran que la decisión está tomada y que será candidata,en el llamosismo sostienen que la ven con más voluntad. “Pero tienen que definirse muchas cosas antes;primero, si está dispuesta al desgaste que significa gobernar un municipio como Río Cuarto en el panorama que se viene para el país”, dijeron cerca del intendente.

En el grupo político de Nazario nadie duda:dicen que se postulará. Es más, descreen de que las candidaturas que impulsa Llamosas puedan prosperar:“Juan Manuel fogonea a De Rivas y a Calleri para no llegar sin ningún nombre a la negociación. No podría poner condiciones en ese caso. Pero no son dirigentes que estén en condiciones reales de competir con Adriana y él lo sabe bien”, plantean cerca de la empresaria.

Llamosas ya anunció que asumirá en la Legislatura y volverá a la intendencia para completar el mandato y tratar de conducir el proceso electoral. Y planteó que no está prevista la alternativa de una interna, como reclama Mauricio Dova, y que deberá producirse un acuerdo para elegir al “candidato o la candidata”.

Un aspecto clave, en ese marco, será la fecha de la elección. Si Llamosas busca imponer a un candidato propio necesitará más tiempo;por lo tanto, se votaría más cerca de junio;si el PJ se inclina por una candidatura ya instalada, no sería descabellado que la elección sea en marzo.

El día en que finalmente vote Río Cuarto dependerá de esos factores internos. Y de otros externos, fuera del alcance de los dirigentes locales y hasta provinciales. Por ejemplo, cómo llega el país a los meses iniciales del sombrío 2024.