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La duración del brote convenció a Llamosas de retrasar las elecciones

La actual crisis sanitaria en Río Cuarto durará entre 3 y 4 semanas, le comunicó la Provincia al intendente. Así, la situación epidemiológica complicada conviviría con el tramo final de la campaña. Fue el dato clave para poner el freno

Hasta horas antes de que Juan Manuel Llamosas le diera el golpe de gracia, el gobierno municipal afirmaba, con convicción, que estaba dispuesto a dar pelea para sostener la fecha electoral del 27 de septiembre. El discurso parecía aceitado, extendido en el gabinete: hay que acostumbrarse a la nueva normalidad, a convivir con el virus y así como los riocuartenses pueden comprar, vender, salir a correr o ir a un gimnasio, perfectamente podrían, dentro de un mes, ir a las urnas.

Por eso la aparición televisiva del intendente, en la que dijo que a su juicio el 27 de septiembre no es la fecha adecuada, desconcertó a más de uno en el oficialismo. “La verdad, no sé qué pasó”, fue la frase que más se oyó en las últimas horas entre secretarios y subsecretarios.

No los sorprendió tanto la decisión como la oportunidad. Llamosas siempre planteó, hacia adentro y hacia afuera, que la realización de las elecciones dependía de la situación sanitaria, que claramente se ha complicado en la ciudad. Pero esperaban que si debía anunciarlo lo hiciera en otro momento y no el mismo día en que su principal opositor, el radical Gabriel Abrile, reclamó formalmente el aplazamiento.

El intendente apareció cediendo ante Juntos por el Cambio, entregándole un triunfo; de hecho, casi el único en una campaña que no encuentra la manera de imponer ejes y propuestas.

En el gobierno argumentan que era mejor cortar el tema rápidamente en vez de convivir durante una semana o diez días con la presión política y pública enfocada en posponer la elección.

¿Pero qué pasó? ¿Por qué Llamosas terminó cambiando de posición tan abruptamente?

En términos político-electorales, el intendente terminó dándole a Abrile lo que el radical más necesita: tiempo. Sin embargo, a juzgar por el desarrollo del brote de coronavirus en la ciudad y por una serie de datos que recibió, el propio Llamosas necesita ahora darse tiempo a sí mismo.

Hubo algunos hechos clave que determinaron que el intendente descartara la fecha del 27 de septiembre. Con la información sobre la evolución de la situación sanitaria en la ciudad, el aplazamiento empezó a analizarse seriamente en la mesa chica durante el fin de semana. Sin embargo, Llamosas se negaba a expresar esa posibilidad públicamente mientras no tuviera seguridad sobre los pasos a seguir.

Entre el sábado y el domingo, con 110 casos declarados, el reporte oficial implicó un impacto para los riocuartenses y tuvo también consecuencias políticas. Empezaron a multiplicarse en las redes los mensajes de gente que decía que no pensaba ir a votar el 27 de septiembre en un contexto de crecimiento del número de contagios.

Pero el hecho crucial, el que terminó de decidir a Llamosas, ocurrió el lunes. Durante la mañana, el jefe comunal recibió en su despacho al secretario de Salud de la Provincia, Pablo Carvajal, y al integrante del COE Central Diego Almada.

En esa reunión, los funcionarios provinciales le plantearon al gabinete municipal que el brote que sufre actualmente Río Cuarto tiene una proyección temporal de entre tres y cuatro semanas. Durante ese lapso, y por la constatación de que el virus está en varios barrios, no sería extraño que los casos sigan yendo en aumento.

Pero, además, los especialistas remarcaron que después de las cuatro semanas no debe esperarse una caída abrupta en el número de contagios sino progresiva.

Si el brote se extiende efectivamente por cuatro semanas, entonces en la ciudad iban a convivir el pico de contagios con el momento crucial del proceso electoral. Era probable que los riocuartenses debieran votar justo con la situación sanitaria en su peor momento.

Las encuestas que encargó el gobierno señalan que la intención de voto de Llamosas ha tenido una baja e interpretan que se trata de un fenómeno que están sufriendo todos los oficialismos y que combina varios enojos coexistentes entre la gente: por la cuarentena, por la incertidumbre sanitaria, por la crisis económica, por el deterioro en la calidad de vida y por un largo reguero de contrariedades.

También agregan que, cuando la situación mínimamente se estabilice, una porción de la población que hoy está disgustada con Llamosas va a concluir que la culpa no es del intendente sino que se trata de un problema de escala global. Pero para que ese comportamiento se produzca, plantean, debe existir un contexto que reduzca el estrés ciudadano.

Si Río Cuarto debía ir a votar en plena expansión del brote de coronavirus, claramente esa atenuación del componente traumático no iba a producirse.

“Es probable que en noviembre la gente siga enojada por la situación económica, porque no hay que descartar que la crisis sea peor. Pero por lo menos, tenemos la posibilidad de que no exista un momento de tensión máxima por la pandemia”, explicaron desde el gabinete de Llamosas.

El razonamiento del oficialismo apunta a que el alza en el número de casos provoca miedo en la gente y que se puede generar el hecho electoralmente peligroso de que se vote en función de ese miedo y, por lo tanto, de una emoción primaria, básica, que podría empujar a encontrar culpables entre los responsables del manejo de la pandemia. Es decir, en el oficialismo.

Ahora, la expectativa de Llamosas es que se contenga el brote y que la situación vaya calmándose. La Provincia es un aliado clave en ese aspecto: el propio Carvajal, el número dos de Salud, se instaló en la ciudad junto con un equipo de epidemiólogos que, en la práctica, se han hecho cargo de definir la estrategia para tratar de evitar que el virus continúe multiplicándose.