Opinión | Llamosas

Los límites que se quebraron

La dinámica oficialismo-oposición comenzará a definirse con la elección del defensor del Pueblo. La UCR pide que siga Ismael Rins, pero Llamosas dejó trascender que hay malestar con el exintendente.
 

Una elección siempre contiene a otra, a la que está por venir. Cada vez que una persona vota, no sólo elige a quién lo gobernará durante los próximos años, sino que en ese mismo acto establece posiciones, ubicaciones, en la grilla de largada para la competencia futura.

El 29 de noviembre los riocuartenses le dieron a Juan Manuel Llamosas otro período al frente del Municipio y lo convirtieron en el primer peronista que consiguió la continuidad en la ciudad. Pero, a la vez, también delinearon el mapa opositor, al menos en sus trazos gruesos.

Los votantes ubicaron a Juntos por Río Cuarto, integrado principalmente por el radicalismo y el Pro, a una distancia relativamente corta de Llamosas, casi a tiro si se tiene en cuenta que los 5,8 puntos entre el ganador y el perdedor significaron sólo 3.700 votos. Eso dejó al principal frente opositor con otra perspectiva, con otra mirada, que era impensada hasta la aparición de la pandemia.

Hay derrotas y derrotas. La de noviembre implica la apertura de una posibilidad para el ex-Cambiemos. No sólo por la cercanía en los votos, sino por otros factores que conforman el escenario actual de la política riocuartense y que alientan esa oportunidad de una competitividad futura.

El primer elemento a considerar es el propio peronismo. Llamosas consiguió el triunfo pero esta vez, a diferencia de 2016, su proyecto municipal tiene un plazo fatal. No podrá repetir en 2024 y está obligado a construir políticamente en dos sentidos: para sí mismo, porque este período debería servirle de proyección para pelear por un cargo provincial, y para que el justicialismo no sea una eventualidad en una ciudad que sólo parece prestarle el poder por un tiempo, siempre y cuando reúna ciertas condiciones.

Esas condiciones son políticas y personales, individuales del candidato. Las primeras están encarnadas en una fuerza que se llamó Unión por Córdoba y que ahora es Hacemos por Córdoba y que, desde 1999, hizo lo que debía hacer para seducir a un votante que históricamente había sido hostil al peronismo. Córdoba no cambió sus tendencias políticas dominantes; el justicialismo lo hizo para ganar Córdoba. Y Llamosas, por sus características personales, es una síntesis adecuada de esa concepción que despoja al peronismo de sus aristas más rugosas para un electorado como el riocuartense.

El interrogante es cómo se reconfigurará el oficialismo local ya sin la alternativa de Llamosas candidato. Porque, aunque por supuesto falta una enormidad, no hay quién se perfile aún como el sucesor natural y, sobre todo, que contenga las condiciones que sí reúne el actual intendente como candidato.

La primera estrategia que el PJ ha puesto en marcha ha sido darles visibilidad a todos los dirigentes que podrían aspirar a la intendencia. Varios, por ejemplo, se convirtieron en secretarios del gabinete (Germán Di Bella, Agustín Calleri, Guillermo De Rivas, entre otros). Pero, más allá de los nombres, que por supuesto son relevantes en una elección, hay un aspecto más de fondo que genera preocupación en el peronismo y provoca entusiasmo en la oposición.

Si bien Llamosas reúne, como se dijo, las características para conservar el capital político y simbólico del peronismo cordobés y para sostener la alianza con los sectores medio-altos de la sociedad, el 29 de noviembre se manifestó un quiebre en esa relación. La pandemia fue el episodio disparador. El microcentro de la ciudad y los barrios de más alto poder adquisitivo volvieron a votar mayoritariamente por el radicalismo y sus socios. Si es un fenómeno puntual o de más largo alcance es algo que aún está por verse.

Pero la fisura se produjo. Ese es uno de los elementos fundamentales que le permiten concluir a Juntos por Río Cuarto que existe una diferencia sustancial entre el escenario pos-2016 y este de 2020.

Sin embargo, esa mejora relativa es apenas un inicio. El camino no está privado de ahora en más de complicaciones significativas. Por ejemplo: después de cuatro años en que la oposición careció de un perfil definido, ¿cuál será ahora? ¿Cada dirigente seguirá diciendo lo que le parece o se establecerá una estrategia común? Pero, además, y aquí entran a tallar los posicionamientos personales, ¿quién será el intérprete principal y figura visible de esa construcción? Hay quienes pretenden, los allegados por supuesto, que sea Gabriel Abrile, principalmente por dos razones: por el resultado y porque, señalan, demostró ser capaz de captar ese voto medio-alto que venía acompañando a Hacemos por Córdoba. Otros sectores, cercanos a Juan Jure o a Benigno Rins, por ejemplo, tratan de bajarle el precio y consideran que dependerá de la capacidad que muestre el médico por mantenerse en la escena pública y de cómo vayan desenvolviéndose otros actores de la fuerza opositora.

En una primera instancia, y hasta como una aproximación, por ahora en Juntos por Río Cuarto piensan llevar adelante, sobre todo desde el Concejo, una oposición que no sólo se centre en la crítica, sino también en la generación de propuestas.

Pero el tipo de relación que existirá con el segundo gobierno de Llamosas no dependerá sólo de la oposición o de su voluntad, sino también, por supuesto, del propio Llamosas. Un primer capítulo de lo que puede venir será la elección del defensor del Pueblo, un área en la que se corporizó un acuerdo entre el intendente y el radicalismo, especialmente el rinsismo.

Juntos por Río Cuarto ya tiene decidido que propondrá que Ismael Rins continúe como ombudsman por el próximo período. Sin embargo, desde la campaña han aparecido algunos ruidos. En los últimos días, el bloque oficialista le ha hecho saber a la oposición que existe un fuerte malestar con el exintendente Rins por haber avalado públicamente las denuncias que planteaban dudas sobre la transparencia de las elecciones. Y ese malhumor no sólo es periférico; el propio Llamosas ha expresado que nunca pensó que el Toño cruzara ese límite.

La duda ahora es si el límite se traspasó tanto como para quebrar los acuerdos preexistentes. La voluntad del jefe comunal es decisiva para la elección del ombudsman: el peronismo tiene los votos para definir quién ocupará ese cargo.

El radicalismo está interesado en la continuidad de Ismael Rins pero, más aún, en conservar la Defensoría para sí. Por eso, ya anticipan que, si Llamosas no acepta la primera opción, irán por otra. Es decir, postularán otro nombre.

Creen que a Llamosas se le hará difícil argumentar la quita de ese cargo a la primera minoría, aunque también sospechan que el peronismo puede estar preparando el terreno y sondeando argumentos para que un posible cambio de mando en la Defensoría no se presente públicamente como una decisión propia, sino como una consecuencia de la imprudencia política de la fuerza opositora.