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Los riesgos y las razones de la Fase 1

La decisión de Llamosas de volver a la cuarentena estricta apunta a generar una normalización de la realidad riocuartense que permita hacer las elecciones locales el 29 de noviembre.

Esa calma previa que duró 100 días, esa extrañeza en el aire y, después, la tormenta impiadosa. Río Cuarto decidió ahora cerrar puertas y ventanas, clausurarse, volverse sobre sí misma, para reducir los daños porque llegó a la conclusión de que el afuera, la vida casi normal y la circulación conformaban una conducta elusiva, que casi negaba, o como mínimo menoscababa, la magnitud del fenómeno que la afecta.

Río Cuarto se convirtió en la primera ciudad grande de Córdoba que volvió a Fase 1. La medida implica admitir que la crisis es profunda y compleja, que amenaza con sobrepasar la capacidad de respuesta del sistema sanitario y que sólo lo drástico puede contribuir a combatirla. Pero, además, también contiene el reconocimiento de que aquellas declaraciones que sonaron incansablemente durante los 100 días en que no hubo casos, con respecto a que la ciudad estaba preparada, en realidad eran inconsistentes. Tal vez, ese tipo de frases tranquilizadoras en una pandemia no sean, de ahora en más, de uso recomendable.

Volver a la cuarentena estricta, que por ahora se pensó para un período de diez días, no fue una decisión fácil para Juan Manuel Llamosas. Porque no es lo mismo enviar al confinamiento a toda una sociedad al inicio de la pandemia que 178 días después, cuando el encierro ya es agobiante y las consecuencias económicas y sociales son profundas. Pero el intendente parece haber preferido pagar el costo del enojo que causa la Fase 1 que enfrentarse a las consecuencias humanas y políticas que generaría una salud colapsada.

Pero si la decisión en sí ya es compleja, el principal desafío es su ejecución. Porque representa una puesta a prueba para la autoridad municipal, para la del intendente, que debe garantizar el cumplimiento de su propia disposición si no quiere ver afectada enormemente la imagen de su gobierno y la suya en particular. ¿Qué pasaría si hay un alto nivel de desobediencia? ¿Si con el correr de los días existe un desafío cada vez mayor al encierro? ¿Está dispuesto a ser inflexible un intendente que a la vez es candidato?

Llamosas está obligado a hacer cumplir la Fase 1 por un cúmulo de razones. Porque necesita atenuar la curva de contagios, porque no puede ver afectada su autoridad como conductor de la ciudad y, un aspecto no menor, porque está en entredicho su futuro político. En definitiva, durante este período Llamosas se juega el poder.

No puede perderse de vista, en cada paso que da el gobierno municipal, que se trata de una gestión y de un intendente que no sólo deben lidiar con el coronavirus, sino también con la inminencia de la elección. Y, en ese punto, Llamosas actuó guiado por el instinto de supervivencia. Por eso su decisión de retornar a la Fase 1 se contrapone con una lógica de actuación que había definido la gobernación: la Provincia ha optado por no retroceder en la cuarentena -salvo excepciones en comunidades pequeñas- porque la rueda de la actividad, aun magullada, debe continuar girando.

Al principio del brote riocuartense, Llamosas adoptó ese discurso y esa estrategia. De ahí que hablara de “la nueva normalidad”, de “convivir con el virus”. La vida tenía que seguir. Pero, con el correr de las semanas, empezó a evidenciarse un desacople cada vez mayor con respecto a la realidad epidemiológica de Río Cuarto. Los cordones sanitarios no son adecuados en la ciudad básicamente porque el virus está disperso en el territorio. El único acordonamiento posible era general, total, concluyeron en el Municipio.

“Este nivel de contagios nos lleva puestos”, se sinceró un miembro del gabinete. Por eso, en Llamosas prevalecieron sus necesidades particulares. Cuando se analizó la medida, en el COE Regional, más precisamente entre los representantes del gobierno provincial, existía el convencimiento de que no se debía retroceder a Fase 1, que lo mejor era seguir esperando otra semana y confiar en el plan que está en marcha, de seguimientos barriales, testeos masivos y derivaciones de pacientes.

Llamosas prefirió volver a la cuarentena estricta. Fue la primera vez que, para una decisión de fondo, se apartó de las directrices del COE, que por lo demás también viene afectado. El desplazamiento de Carlos Pepe de la conducción no alcanza solamente una dimensión personal, no habla en exclusiva de la efectividad del director del Nuevo Hospital para manejar la crisis sanitaria, sino también es un señalamiento de que la estrategia de la Provincia para Río Cuarto fue desacertada y que debió recalcularse sobre la marcha.

Esta semana el intendente no solamente se inclinó por volver a Fase 1, también definió que las elecciones deben hacerse, salga el sol por donde salga, el 29 de noviembre. Una decisión y otra están íntimamente ligadas.

Porque para que se pueda votar dentro de dos meses y medio Llamosas necesita que la “nueva normalidad” no sea una frase hecha, sino una realidad constatable. Es decir, los casos no deben estar por las nubes.

En un Zoom que se realizó el mismo día en que se formalizó la cuarentena estricta, el oficialismo determinó que no hay otra fecha que la de noviembre. Y ese día habrá un intenso despliegue territorial: el peronismo dividió la ciudad en 49 sectores, uno por cada centro de votación, y hay militantes y dirigentes ya asignados a cada uno de ellos para que ese domingo controlen la asistencia de los simpatizantes y afiliados. La maquinaria está en marcha.

Ahora todo dependerá de la suerte que corra el gobierno en los días que se vienen. Sin embargo, hubo un momento, que fue clave, que podría haber alcanzado otra dimensión política. Llamosas, consciente del impacto del retorno a Fase 1, se rodeó el jueves de exintendentes, dirigentes sociales, religiosos y políticos. Ostentó apoyo para atemperar el costo. Pero cuando tuvo que hablar, cuando debió fundamentar su medida, eligió un discurso apagado, repetitivo y casi culposo. Podría haberle aportado a su decisión otra estatura discursiva. Prefirió dejar todo librado a los resultados.