Según la encuesta que acaba de publicar Atlas-Intel, la consultora brasileña que mide para Bloomberg y que anticipó el fenómeno Milei en 2023, el Presidente vive su peor momento. El 63% desaprueba su gestión y sólo el 35,5% la aprueba; desde junio del año pasado, el enojo ha crecido casi 20 puntos. Entre quienes ganan menos de 630 mil pesos, el 82% reprueba al gobierno; el índice baja al 70,6% entre quienes ganan hasta un millón de pesos.
Pero hay un dato todavía más llamativo, que tiene que ver con la economía, el punto fuerte del Presidente que se presenta como especialista en crecimiento con o sin dinero. El índice de confianza del consumidor, que también mide Atlas-Intel, es el peor del continente y está 30 puntos por debajo del de Venezuela. Casi 7 de cada 10 personas consideran que la economía argentina está mal y el 56% está convencido de que empeorará. Por si fuera poco, tampoco encuentran consuelo ni esperanza en lo simbólico o en lo ético: el mileísmo, con el caso Adorni como estandarte, ahora aparece como una fuerza asociada a la corrupción. Para la mitad de los argentinos, ese es el principal problema en la actualidad y el 75% está convencido de que es probable que en los próximos meses haya revelaciones sobre grandes fraudes o esquemas de corrupción.
La mayoría de las encuestas parecen estar insinuando un cambio más estructural que circunstancial en la opinión pública. Incluso en bastiones libertarios como Córdoba. La consultora Sicchar hace análisis de data science y mide sobre todo el humor social en las redes, el territorio en el que los libertarios se mueven con más comodidad. Lo que detectó Sicchar en el último sondeo es que “la corrupción cambió de lado” en el ecosistema digital. El término corrupción ya no se asocia de manera automática a Cristina; ahora, en ese plano, Adorni y Milei tomaron la delantera. “El relato de la corrupción cambió de destino. El léxico acusatorio se resignificó. Palabras como chora, ladrona y presa entraron en declive. En su lugar aparecen términos vinculados a los viajes, las propiedades y los gastos del gobierno actual”, dice Sicchar. La conclusión política del informe es que el relato fundacional del mileísmo se encuentra bajo presión estructural incluso en distritos identificados fuertemente con el mileísmo, como Córdoba.
Esa recomposición del escenario no sólo se manifiesta en los datos sino en los comportamientos políticos. En su despacho, el gobernador Martín Llaryora tiene esas encuestas y otras propias y todas coinciden en el diagnóstico. Por eso se anima cada vez más a recuperar el discurso crítico que había abandonado cuando el cordobesismo perdió con elocuencia la elección legislativa del año pasado.
Según aseguran en el peronismo, Llaryora convocaría a elecciones en abril o mayo de 2027, es decir, dentro de exactamente un año. Y ya puso en marcha el mecanismo discursivo, organizativo y territorial para una pelea por la reelección que, hoy, no parece sencilla ni mucho menos.
El gobernador está recorriendo las ciudades y pueblos de la provincia como si ya estuviera en campaña. En Río Cuarto no sólo recorrió la Circunvalación, a la que le ve destino de emblema de la gestión, sino que además puntualizó la cantidad de empleos que está generando esa obra. En ese punto, Llaryora señaló que tanto el plan infraestructura, como los programas sociales, educativos y de salud, están haciendo de amortiguador para evitar que el ajuste de Milei se exprese en toda su dimensión. Si la realidad es mala, sería mucho peor si la Provincia y los municipios no contuvieran la demanda, dijo. Y ahí apareció el segundo concepto: el mandatario provincial le reclamó al gobierno nacional que tenga corazón, que se duela por los jubilados, por las personas con discapacidad y por quienes están padeciendo la motosierra. Hace unos meses, esas frases hubieran sido impensadas.
Pero además del discurso hacia afuera, Llaryora llegó a Río Cuarto para comenzar con la organización hacia adentro. Juntó a casi todos los gremios en un locro que se hizo en la Vecinal Fénix y en el que nadie pareció acordarse del polémico papel del cordobesismo en la reforma laboral de Milei. No se oyeron reproches al gobernador por los votos en el Congreso.
Ese tema apareció, en realidad, días antes, cuando una delegación de dirigentes de las regionales de la CGT se reunió con el gobernador en El Panal y le cuestionó el acompañamiento a una reforma que no es precisamente favorable para los trabajadores. Llaryora los cortó en seco: “Muchachos, los primeros que arreglaron con Milei fueron los de la CGT nacional. Se garantizaron la plata para las obras sociales y se quedaron callados”. Fin del tema. Debe haberlos convencido porque en la vecinal Fénix nadie se acordó de cómo se votó la reforma laboral.
Lo que Llaryora buscaba lo consiguió: mostrar que los sindicatos están con él y que trabajarán por la reeleción. “Quedó en claro una cosa: primero vienen por Martín y después por los gremios. Los libertarios no van a dejar nada en pie. Acá estamos arriba del mismo barco. O nos salvamos todos o nos hundimos todos”, graficó un dirigente.
El gobernador se mostró además con los tres intendentes del Gran Río Cuarto en la Circunvalación, como para que los tres puedan capitalizar la obra. Días antes, Guillermo De Rivas había organizado un tour con los medios de la ciudad para explicar la magnitud de los trabajos.
Llaryora también pretende que las dos principales ciudades donde gobierna el oficialismo, Córdoba y Río Cuarto, generen otra percepción entre la gente. En los dos municipios las encuestas no vienen siendo favorables. Por eso, tanto el gobierno de Daniel Passerini como el de Guillermo De Rivas encararon en las últimas semanas planes de reparación de la infraestructura vial. Para los dos, los baches se han convertido en un dolor de cabeza.
La semana pasada, el gobierno riocuartense anunció que habrá un programa intensivo de mejora de las calles. Y, por primera vez, el Emos será una de las áreas encargadas de los arreglos. Hasta ahora, el ente rompía y el Municipio arreglaba. De Rivas decidió modificar esa lógica. El Emos que conduce Gastón Maldonado presentó junto al secretario de Obras y Servicios Públicos, Martín Cantoro, un plan de bacheo por 520 millones de pesos.
“Después del cambio de gabinete, estamos tratando de darle otra dinámica al gobierno, ya sea desde el punto de vista de la gestión como desde lo comunicacional. Hacíamos un montón de cosas de las que no se enteraba nadie. Eso tiene que cambiar”, relató un funcionario de primera línea.
El gobierno municipal apunta a recuperar el manejo de la agenda, a imponer todas las semanas tres o cuatro temas que le permitan mostrarse activo y con un oído en lo que le reclama la gente. Es decir, a desplegar otra dinámica. Aunque todavía le falta imaginación política: parece que la gestión sólo puede desenvolverse cuando hay presupuesto y no consigue pensar en maneras de intervenir sobre problemas que no necesariamente implican un gasto. Por ejemplo, la semana pasada avanzó en la Unicameral el proyecto del gobierno provincial para crear un régimen de protección para las víctimas de delitos. Con el caso Joaquín Sperani como estandarte, hasta sectores opositores comenzaron a hacer aportes para mejorar la futura ley. Es una iniciativa casi sin derivaciones presupuestarias pero que toma una preocupación social, la desprotección de quien sufre un delito, y la convierte en una acción política desde el poder provincial.
En Río Cuarto, esa lectura del contexto, del clima social y el ejercicio de generar una respuesta todavía escasean. A veces, en política no todo es plata.