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La bomba que Macri sembró antes de Qatar

El expresidente se reunió con Llaryora, candidato del PJ, y provocó una crisis en Juntos por el Cambio en Córdoba. Juez, que estaba por aceptar ir a una interna, suspendió la firma del acuerdo

Mauricio Macri sembró la bomba y voló a Qatar, donde se mostró en una ominosa tribuna rodeado de jeques. Pocos días después, la noticia se filtró -o mejor dicho fue filtrada- a los medios: el 17 de noviembre, antes de irse al Mundial, el expresidente se reunió en sus oficinas con Martín Llaryora, intendente de Córdoba y ya oficializado candidato a gobernador por el peronismo provincial.

¿Qué tenían que decirse el elegido de Juan Schiaretti para pelear por sostener la hegemonía del PJ y uno de los líderes nacionales de la oposición? ¿De qué pudieron hablar aparte de la elección de Córdoba? El sólo hecho de la existencia del encuentro, que además duró 90 minutos, es ya un hecho político. Y un hecho significativo que revolucionó a Juntos por el Cambio en Córdoba justo cuando habían avanzado las conversaciones sobre la forma de elegir al candidato a gobernador. Luis Juez, que venía resistiéndose a concederle al radicalismo la posibilidad de una interna, estaba a punto de firmar. Tal vez el momento en el que trascendió la reunión no haya sido precisamente casual.

Durante la gestión de Macri siempre sobrevoló una versión que se instaló como un secreto a voces: que existía entre Macri y Schiaretti un pacto. No sólo por afinidades personales e ideológicas sino también electorales: el gobernador siempre fue crítico y reacio al kirchnerismo y el entonces presidente dejó que Juntos por el Cambio se quebrara y le regalara a Schiaretti una reelección cómoda.

Ahora, la reunión entre Macri y Llaryora no sólo tiene efecto sobre el presente y posiblemente sobre el futuro sino también sobre el pasado: aparece como una confirmación.

Nadie es inocente en política y, por supuesto, Macri tampoco. Sabía que su acción iba a convulsionar a Juntos por el Cambio en Córdoba. Y, efectivamente, lo hizo.

El miércoles, un día antes de que trascendiera la reunión de Buenos Aires, los cuatro socios de esa fuerza en la provincia -la UCR, el Frente Cívico, el Pro y la Coalición Cívica- había llegado a un principio de acuerdo que parecía ordenarlos. Los términos conciliaban las pretensiones de Juez y los planteos de De Loredo: el candidato se definiría con una modalidad mixta, que contemplaría primero una canasta de encuestas que no sería vinculante pero sí orientativa. Si las diferencias entre los precandidatos no fueran concluyentes, entonces se iría a una interna abierta.

En las últimas horas, los operadores de Juez les notificaron a los radicales que, a la luz de los acontecimientos, suspendían la firma del acuerdo.

El senador no estaba muy convencido de aceptar la interna y la movida de Macri reactivó todas sus suspicacias ¿Cómo ir a una elección con un socio que se reúne con el adversario? ¿De qué manera se puede garantizar que ese entendimiento de Macri con Hacemos por Córdoba no se refleje el día de la interna y el PJ no termine ayudando con su estructura a derrotar al senador? Juez ya venía diciendo que el peronismo actuaría en una eventual interna; ahora no le quedan dudas.

Pero, además, hay otro actor fundamental, quien ha sido el aliado radical de Juez desde 2021 y que ahora quedó en una posición al menos ambigua:¿a qué está jugando Rodrigo De Loredo? Desde que se conoció la reunión Macri-Llaryora, el diputado de Evolución Radical no apareció. En el juecismo venían insistiendo con que su decisión de pelear por la gobernación y no por la intendencia de Córdoba se gestó a instancias del expresidente. “Rodrigo se deja calentar la cabeza por Macri y pueden romper todo”, les dijo Juez a los suyos días antes.

¿De Loredo sabía que su mentor iba a reunirse con el candidato del PJ? Cualquier respuesta a esa pregunta introduce ruido: o el diputado conocía la jugada y, por lo tanto, fue cómplice; o, si la desconocía, entonces Macri sólo lo venía usando como un instrumento funcional a su proyecto individual.

En el juecismo y en el radicalismo que no está alineado con De Loredo hubo otro elemento que causó sospechas en la actitud del joven dirigente: la firma del acuerdo en Juntos por el Cambio no sólo se suspendió por la actuación externa de Macri sino también porque cuando todo parecía encaminado, el diputado introdujo nuevas condiciones, algunas sumamente puntillosas como por ejemplo la carta marina de la supuesta interna, que volvieron a enrarecer la negociación.

Entonces, ¿hay interés real por acordar? La pregunta no parece ser improcedente. Y describe el estado de sospechas cruzadas que se instaló en esa fuerza política.

Al peronismo cordobés, obviamente, la crisis provocada por Macri lo regocija. Ni bien surgió la versión, se confirmó desde el PJ cordobés que la reunión había existido. El schiarettismo sueña con un quiebre similiar al de 2019 que le simplifique la faena.

¿Pero qué busca Macri? ¿Cuál es su objetivo en Córdoba? Hay varias razones para su movida. Una es de piel: no soporta a Juez ni confía en él. Nunca lo quiso y lo quiere menos desde que le ganó la interna en 2021 en un territorio que reivindicaba como propio. Otro motivo es menos emocional: Macri mira el mapa completo, no sólo Córdoba, y juega su propio juego con la mirada enfocada en una eventual candidatura a presidente el año próximo.

Ya es un hecho que Schiaretti desdoblará la elección; es más, el radicalismo sospecha que a fin de año el gobernador enviará un proyecto de ley para habilitar dos reformas fundamentales: la re-reelección de los intendentes y el adelantamiento de la fecha electoral, que hoy por hoy no podría ser antes de junio.

Si se votara en abril o incluso en marzo, un eventual triunfo de Juez sería un golpe para Macri porque el senador está alineado con Horacio Rodríguez Larreta.

El jefe de Gobierno porteño saldría fortalecido en la pulseada interna que mantiene con Macri si en Córdoba triunfara su aliado. Daría un paso importante. De ahí que el expresidente pueda no ver con malos ojos la continuidad en Córdoba de la hegemonía schiarettista. A veces, para el proyecto personal de un político, es preferible ceder un botín menor para quedarse con el principal.

El capítulo de la reunión entre Macri y Llaryora generó algunos episodios cercanos al patetismo político: el radicalismo, por ejemplo, tuvo que salir a aclarar en un comunicado que es oposición, que no comparte ni elogia las gestiones de Schiaretti y Llaryora y que es algo distinto al peronismo cordobés. Cuando hay que expresar las diferencias, exteriorizarlas y verbalizarlas es porque existe, como mínimo, algún grado de confusión.

Para Hacemos por Córdoba que la interna de Juntos por el Cambio se haya reavivado es doblemente funcional: primero, porque restablece la alternativa de una ruptura, pero además porque le bloquea a la oposición la posibilidad de capitalizar el momento complejo que vive la Provincia en términos de gestión.

El personal de los hospitales, que en los últimos días se ha organizado en la estructuración de la protesta, reforzó las medidas de fuerza y mañana inicia un paro por 72 horas. En el Ejecutivo, la ministra de Salud, Gabriela Barbás, padece ciertas flaquezas para encauzar el diálogo, lo que obligó al oficialismo a la desprolijidad de tener que introducir a Francisco Fortuna, exministro y actual legislador, como negociador de oficio. Las gestiones de Schiaretti no suelen caer en esas anomalías procedimentales.

Sin embargo, Juntos por el Cambio parece ajeno a la realidad que se desenvuelve en la calle, enfrascado como está en sus propias trampas.