El dogo, o “el fanatismo doguero”, entró a Los Cisnes por casualidad. La anécdota se remonta a una tarde de los ochenta y corrió de boca en boca hasta transformarse en un mito del pueblo de 800 almas ubicado a 96 kilómetros de Río Cuarto.
Una perra blanca de orejas cortadas, mandíbula cuadrada y físico fibroso caminaba imponente por las calles polvorientas. Carlos Calvo, mejor conocido como “Chimba” entre los lugareños, se topó con el animal y quedó flechado. Sorprendido por la belleza y el comportamiento amistoso del animal, se comunicó con su amigo Héctor Stinco, un criador de dogos de La Carlota. La llamada tardó unos minutos: “¡Héctor!”, se escuchó. Atendió la operadora. Minutos después Stinco estaba del otro lado de la línea. Chimba le describe a la perra y su amigo la reconoce y le dice que solía ser suya, pero hacía tiempo que no sabía nada de su paradero. “Ahora es tuya, te la regalo”, fueron las palabras que quedaron resonando de aquella llamada.
Chimba acogió a la perra en su hogar y la bautizó como “Chaika”. Carlos Calvo hoy es el intendente de Los Cisnes y reivindica la pasión doguera de esa localidad.
El secretario de Gobierno, Leonardo McNamara, no le va en zaga a la hora de expresar su fanatismo por “la” raza de perros argentina.
McNamara recordó que hasta una década atrás Los Cisnes concitó la atención de los cultores de este tipo de perros de todo el país.
Entre el 2008, año en que los lugareños decidieron hacerle un monumento a la raza, y el 2011, en Los Cisnes se hizo la Fiesta Nacional del Dogo Argentino, una especie de “Oscar” de este tipo de animales.
“Sacá la cuenta que el perro ganador es el mejor dogo del país”, dijo McNamara, entre exaltado y orgulloso.
Desacostumbrado a los encuentros multitudinarios, por esos días el pueblo se transformaba.
Horacio Rivero Nores, hijo del mismísimo creador de la raza, y José Luis Forlla, presidente del Club del Dogo Argentino, fueron algunas de las figuras destacadas que asistieron. También se sumaron admiradores de Francia, Italia, Brasil y Paraguay.
Abogados, médicos, veterinarios, extranjeros y argentinos. Todos, vestidos de bombacha de gaucho y sombrero y unidos por la misma finalidad: apreciar a su mejor y más fiel amigo.
Las exposiciones arrancaban a la mañana temprano, a las ocho, y duraban hasta que la luz del sol se escondía. Los ansiosos venían la noche anterior. Los dogueros que llegaban de otras provincias se hospedaban en hoteles de La Carlota, que reservaban con anticipación los miembros de la comisión.
En Los Cisnes no hay hoteles, pero algunos visitantes solían quedarse en casa de amigos, otros traían su casilla y pasaban la noche en sus refugios. La adrenalina que corría por las venas los impulsaba a superar cualquier obstáculo para dar el presente a la cita.
La exposición de animales constaba de dos niveles: estética y gimnasia funcional. El ejemplar que lograra obtener el mejor puntaje de ambos ítems sería el campeón.
El jurado evaluador le extendía la mano al dueño del perro ganador. Pero el premio llegaría más tarde, a la hora de los festejos.
La Fiesta Nacional del Dogo consistía en una cena en el Salón de la Sociedad Italiana. Al finalizar, se entregaban los premios a los perros ganadores. “Venir a Los Cisnes a las exposiciones era más venir a la fiesta porque cada año se hacía de una temática distinta. Siempre la estrella principal fue el dogo, pero variaban las decoraciones. Y la expectativa era saber qué centro de mesa sería el de ese año”, recordó McNamara con una sonrisa.
Noble y cazador
El dogo argentino es la primera y única raza nacional. Fue creada por el doctor Antonio Nores Martínez en los años 30, en la provincia de Córdoba, con la intención de lograr un perro de caza que garantice la seguridad del campo. Terminó por convertirse en algo más: una verdadera pasión.
A lo largo de los años, el dogo argentino se fue esparciendo por todo el país, como también en el resto del mundo. Y, como se dijo al inicio de este artículo, llegó a Los Cisnes, por casualidad, cuando Calvo adoptó a Chaika.
- ¿Por qué le puso ese nombre?
Carlos Calvo: -Le puse así porque su padre se llamaba Chaleco y venía de una camada de perros dogo muy importante. Su dueño solía ser el presidente del Club de Dogos de la Argentina.
-¿Cuántos perros llegó a tener usted?
C.C: Llegué a tener catorce, les abría la puerta de casa a todos y venían a jugar. Eran como unos niños más. Mis hijos aprendieron a caminar con ellos.
Emocionado, Chimba recordó los primeros pasos de sus hijos al lado de “Neguen”, hijo de Chaika.
Su hijo mayor, Bruno, siguió los pasos de su padre y se volvió un gran amante de la raza. Tan es así que decidió expresarlo en su piel. Se tatuó la cara de Neguen en su brazo derecho, abajo del hombro. El tatuaje está rodeado de una bandera argentina. El dogo representa el sol. “El perro es el sol”, dicen los dogueros.
Los años fueron pasando y las crías de Chaika también. Algunas terminaron en manos de personas curiosas por esta nueva raza. Jorge Pizarro fue una de ellas. “Chimba me dio mi primer dogo, era hijo de Chaika”, expresó Jorge, quien con el tiempo llegó a tener hasta 10 dogos. “Aprendés mucho de ellos. Tenerlos es una experiencia hermosa. Hoy en día tengo un solo dogo, pero nunca se olvida esa hermosa sensación de salir al patio y que te empiecen a saltar todos, porque te extrañan”, recordó.
Otro destino de los cachorros de Chaika fue Miguel McNamara. El vecino quedó tan encantado con la raza que decidió crear su propio criadero, al que llamó “El Gran Fay”.
“Lo nombré así en honor a un perro muy especial”, dijo Miguel.
En 2003, Carlos Calvo, primer “doguero” del pueblo, se convirtió en el intendente de Los Cisnes y su pasión siempre se mantuvo intacta. Creó la Comisión Directiva del Dogo Argentino Filial Los Cisnes, liderada por Miguel McNamara, Jorge Pizarro y el propio Calvo, y como resultado el “club de los dogueros” fue ganando reconocimiento en el mapa nacional: “Comenzamos a asistir a las exposiciones del perro dogo argentino, allí se pone en juego la estética del perro, es decir, su estructura física, pero después se pasa a una prueba de campo, en la que se evalúa la gimnasia funcional del perro. Los perros de nuestra camada local ya tenían incorporada esa gimnasia funcional, además siempre fueron muy compañeros entre sí. Eso es fundamental”, recordó Calvo.
En Los Cisnes no hay hoteles, pero algunos visitantes solían quedarse en casa de amigos, otros traían sus casillas y pasaban la noche en sus refugios.
Con simpatía y simpleza, se fueron ganando la confianza de personajes importantes en el ámbito reconocido del Club Dogo Argentino.
El Gran Fay
Miguel McNamara, el primer y único doguero que abrió un criadero en Los Cisnes se inscribió en 2004 en la Federación Cinológica Argentina (FCA).
En sus comienzos contaba con dos perras hembras y un macho, pero con el paso de los años llegó a tener hasta 25 canes. La mayoría fueron campeones argentinos en múltiples ocasiones.
Córdoba, San Luis, Santa Fe, Mendoza y Buenos Aires son algunas de las provincias por las que se multiplicaron sus cachorros. También llegaron hasta Estados Unidos, Brasil, Italia y Paraguay.
Actualmente, Miguel McNamara es presidente de la Comisión Directiva del Dogo Argentino de Los Cisnes.
Su hijo Martín, tesorero de la comisión doguera, mencionó una anécdota con su perra Laica. “Criarse alrededor de dogos hace que uno los sienta parte de la familia. Cuando era chico mi papá se iba a trabajar y nos quedábamos solos con mi mamá, pero siempre estaba Laica, que era como una persona más, fue la perra más guardiana que pude tener”.
A la hora de describir las cualidades que destacan del perro, todos coinciden en que la lealtad, inteligencia y compañerismo son, entre otros adjetivos, los que vuelven a este animal tan especial.
Con el tiempo, los cultores del perro argentino por excelencia se transformaron también en una raza con sus propios tics. Son los dogueros y, en Los Cisnes, aún hoy siguen alimentando esta curiosa pasión.

