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"Como la alimentación, la comunicación es un elemento de supervivencia"

Paula Simón y Fernando Reati realizaron un análisis de las cartas clandestinas que escribieron los ex presos políticos durante la dictadura en la Unidad Penitenciaria de San Martín en Córdoba y en medio de la prohibición de vincularse con sus familiares

Los investigadores Paula Simón y Fernando Reati acaban de presentar su investigación “Filosofía de la Incomunicación”, un trabajo que recoge cartas escritas por los ex presos políticos detenidos durante la última dictadura militar que se encontraban en la UP1 de Córdoba. Entre el 76 y el 79, bajo el mando de Luciano Benjamín Menéndez, se impuso una orden que les prohibía mantener contacto a los detenidos con sus familiares. De aquí nace la investigación que se plasmó en el libro.

“Es el resultado de un proyecto de investigación que encaramos con Fernando Reati, quien es profesor emérito de Literatura Latinoamericana en una universidad norteamericana, pero con origen cordobés y exiliado en 1982, para desarrollar su actividad académica en Atlanta, Estados Unidos”, sostuvo Simón en diálogo con Puntal y agregó: “Trabajamos temas en común, él es un referente en el trabajo de literatura, memoria y derechos humanos y este proyecto surgió porque él mismo es ex preso político de la UP1 junto con su hermano y en un momento me mostró una serie de cartas que tenía y que donaría a la Biblioteca Nacional, que resultaron ser partes del corpus que trabajamos en el libro”.

Armaron un corpus de 70 cartas, de diferentes extensiones y algunas fragmentadas. “Son las cartas que tenían los familiares, porque todo el dispositivo que habían armado para enviarlas era clandestino”, dice Paula Simón.

La investigadora indicó que el trabajo se realizó a partir de cartas que fueron escritas de manera ilegal por presas y presos de la Unidad Penitenciaria de San Martín, “en un momento en el que Luciano Benjamín Menéndez había bajado un castigo de incomunicación que se prolongó durante 3 años”, comentó, mientras que destacó que por esta medida las personas detenidas no podían tener ningún tipo de contacto con el exterior. “Es una experiencia poco habitual, aunque es una medida propia de todos los espacios que son clandestinos, pero no así en las cárceles”, señaló y precisó que en el trabajo con estas cartas comenzaron a contactar a personas que habían estado en el penal.

Armaron un corpus de aproximadamente 70 cartas, de diferentes extensiones y algunas fragmentadas. “Son las cartas que tenían los familiares, porque todo el dispositivo que habían armado para enviarlas era clandestino, por lo que los presos políticos se ponían en contacto con los presos comunes y a través de un sistema que se llamaba ‘paloma’ la enviaban en el medio de la noche con una línea que enganchaban en el patio; luego los presos comunes se las pasaban a sus mujeres en las visitas y ellas las sacaban escondidas para luego entregárselas a miembros de una red que las llevaba hasta sus padres”, explicó Paula. Sostuvo que era una red muy vulnerable: “Era muy falible de ser interceptada, por eso las que tenemos son las que llegaron a sus familiares y estos guardaron”, dijo y aclaró que muchas más han salido, pero son de hace más de 40 años.

La característica de la incomunicación en la UP1 fue la extensión en el tiempo, algo que hasta ahora no hemos visto en otras cárceles. En la UP1 la medida se dio desde 1976 a 1979, tenemos registros de que hasta septiembre de ese año estuvieron incomunicados. La característica de la incomunicación en la UP1 fue la extensión en el tiempo, algo que hasta ahora no hemos visto en otras cárceles. En la UP1 la medida se dio desde 1976 a 1979, tenemos registros de que hasta septiembre de ese año estuvieron incomunicados.

En el marco de la investigación, armaron un cuerpo de cartas para analizar, pero aclararon que es un archivo abierto para sumar más documentos.

- ¿A qué conclusiones llegaron a partir del análisis de estas cartas?

- Hicimos una selección de fragmentos, porque la idea era, más allá de publicar las cartas como estaban, hacerlas hablar a las cartas, con su análisis, desde nuestra formación y experiencia, identificar cómo se fue haciendo la memoria. Lo que primero hicimos fue una parte más teórica y luego buscamos los temas recurrentes: qué denuncian, cómo se referían a la supervivencia dentro de la cárcel, cómo aparece el tema de la incomunicación. Son cartas muy familiares, no de militantes políticos, aunque muchos militaran. Son cartas desesperadas por saber qué les pasaba a sus familiares y contarles qué estaban viviendo. Tienen un contenido subjetivo, íntimo y familiar muy importante. Del mismo modo, observamos cuestiones más de lo formal, cómo se contaba lo que se contaba, había una continua tensión entre lo que querían decir y lo que podían decir, eran ilegales y había muchas instancias de autocensura, y querían cuidar emocionalmente a sus familiares o protegerse en caso de que fueran interceptadas.

- Respecto a la idea de la incomunicación, ¿se observa en las cartas cómo se la padecía?

- Sí, es uno de los temas principales, cómo hacían para armar las vías y los juegos de señas y contraseñas, por ejemplo: “Si te llega esta carta y supiste cómo está mi causa, mándame un jabón verde”, o “Si ‘fulanito’ tuvo un hijo varón, mándame un cepillo celeste”, era todo un sistema de codificación especial, porque podían recibir paquetes de sus familias, pero no hablar con ellos. El único contacto que tuvieron con sus personas cercanas fue una hora de visita en Navidad, no podían recibir diarios, revistas ni radios. Por esto, una de las conclusiones a las que llegamos es que así como la alimentación y el vestido, la comunicación es un elemento de supervivencia. Estas cartas buscan resistir a ese castigo que apuntaba a socavar la subjetividad y la identidad de estas personas.

- Experiencias de incomunicación como esta, ¿han registrado en otras cárceles?

- La característica de la incomunicación en la UP1 fue la extensión en el tiempo, algo que hasta ahora no hemos visto en otras cárceles, sólo se han registrado medidas particulares, pero que sucedían en el día. En la UP1 la medida se dio desde 1976 a 1979, tenemos registros de que hasta septiembre de ese año estuvieron incomunicados. De todas formas, la incomunicación es común a los centros clandestinos. En las cárceles no, hay varios libros que recogen cartas legales, pero esto no ha sido común.

- ¿Qué respuestas han tenido de los ex presos a partir de la publicación de la investigación?

- Como pudimos ir contactando a ex presos como parte del proyecto, quienes fueron colaborando en la investigación, con cartas y entrevistas que dieron lugar a la construcción colectiva. Hemos tenido una respuesta muy positiva del libro, además de que nos han convocado de distintos medios de todo el país para hablar de literatura y memoria.

Luis Schlossberg. Redacción Puntal