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Fue adoptado siendo niño y después de 50 años encontró a sus hermanos

Luis Enrique Borda vive en General Cabrera y siempre supo de la existencia de una familia biológica. Su madre adoptiva guardó celosamente un papel con los datos de su origen. Tras su fallecimiento comenzó la búsqueda

En medio de la pandemia de Covid-19, Luis Enrique Borda, vecino de General Cabrera, logró cumplir un anhelo que tuvo desde niño: reencontrarse con sus hermanos, a quienes dejó de ver a temprana edad.

Fueron 50 años de desencuentros. Pero la tecnología actual y el apoyo incondicional de su hija Patricia y de su esposa Silvina, hicieron que Luis volviera abrazarse con parte de su familia biológica y verse reflejados en sus rostros.

Luis Enrique fue adoptado por Nelly y Osvaldo Borda, un matrimonio cabrerense que tenía una de las mueblerías más grandes de la ciudad, quienes no habían podido tener descendencia.

Y con el deseo de ser padres, llegaron a un hogar en Córdoba donde se encontraron con Luis. Por entonces, un niño que había sido dejado por su madre biológica, junto con sus hermanos.

Los padres adoptivos no creyeron conveniente que Luisito volviera a tener contacto con sus hermanos biológicos, que estaban internados en distintos lugares de la provincia de Córdoba, luego de que su madre, Marilú Nieves González, muriera apuñalada en un crimen pasional.

Otra tragedia había precedido el fatal desenlace. Una de las hijas murió electrocutada y la madre biológica de Luis Enrique quedó muy mal, sin poder seguir adelante.

Luis recuerda que tendría 4 años cuando su madre biológica los dejó en un hogar. Tragedias de por medio, a los años volvió a buscar a sus 7 hijos, pero Luis ya no estaba. Había sido adoptado.

Superada por los avatares que le tocó vivir, la mujer primero entregó sus hijos a un Instituto en Dique Los Molinos, para que fueran mejor cuidados, con culpa, por la fatalidad del fallecimiento de una de sus hijas. Pero el tiempo pasó y pronto la madre biológica de Luis Enrique volvió a buscar a sus siete pequeños, arrepentida de lo hecho.

Recuperó a seis de sus hijos, porque Luis Enrique ya había sido dado en adopción.

Tras el asesinato de la madre, la Justicia alojó en distintos internados a los chicos, que nunca más volvieron a ver a Luisito.

El papel con los datos

Nelly, su nueva mamá adoptiva, guardó por 50 años un papel en el que había escrito los nombres de los seis hermanos de Luisito y el lugar del que venía. Antes de morir, Nelly le entregó el papel amarillo por el paso del tiempo a Silvina, la esposa de Luis Enrique.

Patricia, una de las nietas, empezó la búsqueda por Internet. “Mi señora y mi hija buscaron en una página que se llama ¿Dónde estás? Cuando muere mi madre adoptiva, nos dejó un papel en el que estaban escritos los nombres de cada uno de mis hermanos y del lugar al que pertenecían en Córdoba", dice Luis.

Primero, Patricia encontró una mujer homónima, a una de sus tías, en Río Cuarto, Miriam González, pero no era ella.

Pasaron los días y Patricia logró encontrar a Miriam, una de las seis tías, en Córdoba Capital.

"Ellas buscaron a través de esa página, se ponen un día sábado, y conectan con Miriam, y mi señora, Silvina y Patricia, mi hija, consiguen el número telefónico de Miriam. Empiezan a preguntarle si tenía hermanos, si le faltaba un hermano, poco a poco, y ella dijo que sí, que habían perdido hace muchos años un hermano que se llamaba Luis Enrique. Nos dijo el nombre de su mamá, el nombre de sus hermanos y coincidía con todo lo del papel que había dejado mi mamá adoptiva a mi señora”, relata Luis.

Lo sucedido luego fueron emociones y más sorpresas.Primeras comunicaciones telefónicas y videollamadas, y el reencuentro con rostros que de pronto resultan familiares.

Luis Enrique pudo viajar a Córdoba y encontrarse con algunos de sus hermanos. A su vez, recibir en su casa de Cabrera a Miriam, una de sus hermanas.

Recuerdos vagos

Luis ratifica lo dicho anteriormente: fueron las tragedias que sufrió su madre, lo que llevó a la separación de sus hermanos.

De esos tiempos, tiene recuerdos vagos. Algunos que reconstruye con la ayuda de sus hermanos mayores que le relataron dónde fueron alojados en los primeros años.

“Supuestamente los 3 varones mayores, Daniel, Raúl y yo fuimos a parar al internado que había en Dique Los Molinos. A mí se me hace el trámite de adopción. Yo me acordaba muy poco de haber pasado por esa casa, tenía 4 años”.

Al tiempo que emite un consejo surgido de su propia experiencia: “El que adopta, que le diga la verdad a sus hijos. Yo la sabía. Siempre soñé con encontrarme con mis hermanos. Perseveré en ese anhelo, y en plena pandemia los encontré a todos”.

Aún falta el abrazo con tres de sus hermanos, y confía Luis en que ello ocurra pronto. “Estoy agradecido de Silvina, mi señora, de mi hija, de hacer esta conexión”.

Y en medio de todas las tragedias y emociones vividas, Luis Enrique elije quedarse con lo bueno. Con lo que le dijo uno de sus hermanos: “Teníamos una madraza. Yo no la llegué a disfrutar, porque me llevaron de chico. Pero toda su vida quiso encontrar a su hijo que le faltaba en su casa”.

Una historia con argumento para una novela. Luis apuesta a escribir ahora un mejor capítulo, el de encuentros. “Quédense tranquilos, que no nos vamos a desencontrar nuevamente”, promete.

Víctor Machuca. Redacción Puntal