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Un verano sin tregua

Juntos por el Cambio ha caído en la inactividad en la provincia mientras Hacemos por Córdoba ejecuta una estrategia para tratar de sumar a 220 intendentes. El proyecto nacional de Schiaretti

Enero es para descansar, parecen haber concluido los principales dirigentes cordobeses de Juntos por el Cambio. Después de aquella tempestad que desató Mauricio Macri cuando se reunió con Martín Llaryora días antes de que empezara el Mundial de Qatar, el escenario en la principal fuerza opositora permanece irresuelto. Luis Juez apareció para decir que ni loco está dispuesto a ir a una interna y, desde entonces, todo quedó en el aire.

Como una pareja en crisis, Juntos por el Cambio, que viene de arrasar en Córdoba en 2021, parece haberse dado un tiempo. Cuando Juez y el radical Rodrigo de Loredo vuelvan a dedicarse a las elecciones a gobernador, todavía tendrán que definir el método que usarán para dirimir la interna.

Al frente tienen a un rival que está jugando distinto. Hacemos por Córdoba, que se enfrenta a una de las elecciones más difíciles de sus 23 años de vida, no ha parado ni un minuto de hacer campaña; es más, parece haberla intensificado. En el equipo de campaña de Llaryora, el candidato a gobernador del oficialismo, explican: “Queremos sacarles 100 metritos de ventaja ahora que están distraídos”.

¿En pleno enero, en las sierras o en el mar, la gente está interesada en lo que haga la política? No especialmente. Por eso, la actividad principal de Llaryora por estos días, aunque no prescinde de estar en festivales y de hacer campaña, está enfocada en la construcción de acuerdos. Principalmente, con otros intendentes.

El 2022 no terminó en armonía entre la conducción provincial de Hacemos por Córdoba y los intendentes. Un grupo de más de 250 reclamó que se modificara la ley electoral para poder buscar otro período en 2023 pero ese cambio al final no se produjo. Queda aún la posibilidad de febrero pero no hay certezas.

Llaryora, que percibió en el enojo comunal un riesgo no menor, se impuso la tarea de salir a atender heridos. El primer objetivo: los intendentes peronistas, ofendidos casi todos por la posibilidad de tener que dejar sus municipios. Hasta ahora, según indicaron cerca del candidato, consiguió cerrar acuerdos con 120 jefes comunales. El objetivo es que esa cifra se alimente hasta llegar a 220 en febrero.

¿Qué les pide Llaryora, además de lo que ofrece en el marco de un acuerdo? Que esos 220 pueblos y ciudades convoquen a elecciones municipales el mismo día en que se elija gobernador. En Hacemos por Córdoba creen que esa tracción desde abajo puede ser fundamental a la hora del resultado final.

Pero Llaryora no se está limitando al universo del peronismo cordobés. Desde el principio apuntó a captar a intendentes radicales, del Pro o vecinalistas. A ese lote hay que sumar además a quienes están alineados con el Frente de Todos. El candidato de Hacemos por Córdoba dialoga con esos sectores y en todos los casos hay una premisa básica: les propone un acuerdo puramente provincial y libertad de acción para el plano nacional. Es decir, un intendente radical o del Pro podrá sumarse al esquema de Llaryora en Córdoba pero apoyar a su propio candidato a la presidencia. “Martín está dispuesto a compartir el poder sin pedir fidelidades nacionales”, dicen a su lado.

En ese punto ingresa Martín Gill, intendente de Villa María, que integra el Frente de Todos pero que desde hace tiempo está buscando la forma de acordar con Hacemos por Córdoba. Llaryora sabe que no puede dejar suelto aGill y la estrategia que se fijó con él es la misma que con los intendentes opositores: que apoye para la gobernación y que continúe con su pertenencia a nivel nacional.

Hay un punto relevante en el armado electoral, que es el segundo casillero: la vicegobernación. El gobernador Juan Schiaretti dio un par de definiciones importantes la semana pasada cuando estuvo en Río Cuarto: habló de que Llaryora representa una continuidad del gobierno de Hacemos por Córdoba pero con una nueva impronta; a la vez, dijo que será el candidato quien defina a su compañero de fórmula. Ahí hay una alteración con respecto a lo que venía ocurriendo. El schiarettismo ya no pretende monopolizar la decisión de elegir al número 2.

En los hechos, será una definición consensuada, admiten en Hacemos por Córdoba. El punto es que Llaryora no está dispuesto a llevar como vice a un opositor en las actuales condiciones. Remarca que para compartir el poder a ese nivel primero debería producirse una fractura importante en el radicalismo o en el Pro, cerrarse un acuerdo con ese sector de la oposición y no sólo con dirigentes aislados, y recién ahí sí podría negociarse la integración de la fórmula.

Como ese escenario hoy no existe, por ahora el vice saldría del peronismo. El oficialismo está haciendo encuestas cada vez con mayor frecuencia. Y mide cuatro o cinco escenarios. Uno incluye a Natalia De la Sota, otro a Juan Manuel Llamosas.

El intendente de Río Cuarto está recorriendo su territorio más cercano para cerrar sus propios acuerdos. Apunta a representar al sur en su conjunto; no sólo a Río Cuarto sino a los cuatro departamentos. Así, dicen en el Palacio, sus acciones tendrían otro precio.

En Hacemos por Córdoba hay una multiplicidad de estrategias que coexisten. Llaryora está enfocado en el escenario provincial, en los acuerdos, mientras Schiaretti actúa en dos planos: con su lanzamiento en el escenario nacional y con la inauguración de obras, en lo posible junto al candidato.

En el schiarettismo sostienen que la movida del gobernador a nivel nacional tiene especial gravitación en la elección provincial. Y que ese lanzamiento, que todavía es incipiente y al que todavía le falta peso específico, ya modificó el panorama en Córdoba. Por ejemplo, en lo que respecta al calendario.

Al lado del gobernador creen que se deberá elegir gobernador lo más cerca posible de las Paso nacionales. Así, aunque la candidatura de Schiaretti no consiga despegar del todo a nivel nacional, sí podría actuar como traccionador de votos para Llaryora. Recuerdan el antecedente de José Manuel de la Sota contra Sergio Massa; el cordobés aquella vez perdió pero se afianzó en su propio territorio.

El schiarettismo está pensando ahora en que la elección debería ser a fines de junio o a principios de julio, a un mes de las Paso.

Mientras tanto, en el país el gobernador seguirá ensayando incorporaciones, otros acuerdos que alimenten una construcción que se vende como un producto por fuera de la grieta. No están sepultadas, por ejemplo, las conversaciones con Facundo Manes.

El schiarettismo señala que los acuerdos tendrán un capítulo legislativo. Carlos Gutiérrez, que fue el principal negociador con el peronismo de San Luis para sumar a Alberto Rodríguez Saá, espera a más diputados en el interbloque y Alejandra Vigo podría integrar desde las próximas semanas un armado de 8 o 10 senadores.

El desafío principal de Schiaretti a nivel nacional, más allá de las alianzas, es que ese espacio sea percibido por el electorado como una opción real por fuera de la grieta y no como el hermano menor del antikirchnerismo ya afianzado.