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"Todos tenemos un rol en conservación, no es necesario ser biólogo"

El doctor en Biología e investigador del Conicet es el primer latinoamericano en obtener el Indianapolis Prize, distinción conocida como Premio Nobel a la conservación de animales en el mundo. Su labor en la preservación de pingüinos iniciada hace 34 años en su Puerto Madryn natal lo posiciona como referente global

“Hay muchas acciones que vemos que tienen un fuerte impacto y está bueno que la gente sepa que desde cada lugar se puede hacer algo. Y no necesariamente tiene que ser algo gigante. Con algo chiquito que se replique muchísimas veces vamos a obtener un impacto fuertísimo, porque todos tenemos un rol en conservación no es necesario ser biólogo para eso”.

Pablo García Borboroglu es doctor en Biología e investigador del Conicet y desde hace algunos días inscribió su nombre en la historia mundial al convertirse en el primer latinoamericano en obtener el Indianapolis Prize, distinción conocida como el Premio Nobel a la conservación de animales en el mundo. Su labor en la preservación de pingüinos iniciada hace 34 años en su Puerto Madryn natal lo llevó a transformarse en el primer argentino finalista a tal nominación y romper con la hegemonía que durante 20 años distinguió a referentes de países como Estados Unidos, Canadá e Inglaterra.

“Con el equipo que me acompaña hemos visto en primera persona el éxito de medidas de acciones de conservación. En nuestro caso, vimos como colonias iniciales destruidas y perturbadas con basura que pasaron de tener 12 individuos a más de 8 mil pingüinos, y que generan trabajo y la posibilidad de hacer educación e investigación. Hoy, esa pingüinera sigue prosperando”, comparte García Borboroglu en diálogo exclusivo con Puntal.

Y reflexiona: “Hay gente que desde su lugar tiene acceso a empujar una política pública, por ejemplo, de pedirle a su municipio que se sancione una ley en la que se prohíban los sorbetes plásticos o, en otro caso, cuidar una fuente de agua. Todos tenemos siempre cuestiones ambientales alrededor que nos preocupan, porque cuando tomamos un poquito de conciencia nos damos cuentade que el planeta nos da alimento, nos da oxígeno, regula las producciones de agricultura y que la economía mundial depende del ambiente. Estamos vivos gracias al ambiente, entonces: ¿cómo no vamos a hacer algo chiquito por el planeta que fue la casa de nuestros ancestros, la nuestra y la de nuestros descendientes?”.

-¿Cuál es la actividad que desarrolla en materia de conservación?

- Desde los años 80 me preocupa la conservación de pingüinos porque solamente en Chubut morían 40 mil pingüinos por año por derrames de petróleo. En Puerto Madryn era habitual encontrar pingüinos moribundos por petróleo o muertos empetrolados, por lo que empecé a rehabilitarlos. Rescataba los pingüinos y los llevaba a un centro de rehabilitación muy chiquito que yo mismo había hecho. En 1991 hubo un derrame gigante que mató a 17 mil pingüinos en dos meses. Estaba lleno de pingüinos muriendo e hicimos un convenio con el gobierno provincial para montar un centro de rehabilitación mayor en la reserva Punta Tombo. Eso fue muy importante para darle visibilidad al problema porque hasta ese entonces los gobiernos no lo reconocían como tal a la amenaza del derrame de petróleo. Todo ello visibilizó a nivel nacional el tema y ayudó a que años más tarde, junto a otras organizaciones de conservación, se alejara la ruta petrolera de la costa y con las medidas de seguridad que después se fueron implementando, de los 40 mil que morían antes hoy mueren menos de 20 individuos. Fue una gran historia de conservación.

-¿Cómo siguió su tarea?

-Después de eso, yo me dije: “Está muy bien esto de rehabilitar pingüinos pero no deja de ser una medida de contingencia”, por lo que consideré que debía tener más herramientas y elementos para hacer más útil la conservación de los pingüinos. Así que ingresé a la Universidad, hice la licenciatura en Biología en la Universidad Nacional de la Patagonia, San Juan Bosco, y luego el doctorado en la Universidad del Comahue, en Bariloche, y logré una formación académica siempre tratando de apostar a la conservación.

"Estamos vivos gracias al ambiente, entonces: ¿cómo no vamos a hacer algo chiquito por el planeta que fue la casa de nuestros ancestros, es la nuestra y será la de nuestros descendientes?”.

"En 1991 hubo un derrame gigante que mató a 17 mil pingüinos en dos meses. Estaba lleno de pingüinos muriendo e hicimos un convenio con el gobierno provincial de Chubut para montar un centro de rehabilitación mayor en la reserva Punta Tombo”.

-¿Cómo nació la organización Global Penguin Society?

- Fue en uno de los congresos sobre pingüinos, que se organizan cada 3 años, que en un encuentro en Tazmania advertí que tenemos muy buena ciencia sobre el tema pero que desde la ciencia solo se estudiaba lo mal que estaban los pingüinos pero no se abordaba cómo mejorarlos. Por eso consideré que había que crear una organización que pudiera capitalizar toda esa ciencia y que a la vez impulse la conservación. Ahí fundé Global Penguin Society, que es una ONG internacional dedicada a proteger las 18 especies que existen en el mundo en todos los países del hemisferio sur que tienen pingüinos pero también trabajamos en todos los países del hemisferio norte que tienen intereses de conservación de pingüinos. Trabajamos un eje en lo que es ciencia, donde recabamos información que nos permite promover acciones de conservación. Apoyamos económicamente proyectos que nos parecen importantes y a la vez protegemos su hábitat. Hasta ahora hemos protegido 13 millones de hectáreas en el mar en tierra, donde viven los pingüinos, y hacemos planes de manejo para mejorar las actividades humanas o para mejorar el turismo donde se visitan los pingüinos. También impulsamos un programa educativo local, al que ya asistieron más de 8 mil niños de establecimientos escolares que invitamos para que puedan conocer estos animales y también un programa más global, a través de socios como National Geographic y Disney con quienes compartimos nuestro mensaje de conservación, desde donde llegamos a ciento de millones de chicos.

"Fundé la Global Penguin Society, que es una ONG internacional dedicada a proteger las 18 especies que existen en el mundo en todos los países del hemisferio sur donde habitan los pingûinos”.

Actualmente, García Borboroglu reparte sus horas en la labor científica como investigador del Conicet, desde el Centro Nacional Patagónico en Puerto Madryn, y traslada ese conocimiento a su acción conservacionista mediante la Global Penguin Society. “Desde la organización trabajamos en legislación, en crear zonas protegidas, educación y también gestionamos fondos para que se genere más ciencia. Vemos que para algunas especies de pingüinos se necesitan enfoques internacionales. Entonces, creamos una especie de brazo de conservación internacional que tiene influencia sobre las políticas de los países y se llama Grupo Especialista de Pingüinos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza”, explica el científico premiado.Se trata de la organización de conservación más grande del mundo y a través de ese rol consiguen influencia internacional en muchos aspectos. A modo de ejemplo, comenta: “Tiempo atrás detectamos un buque chino capturando ilegalmente pingüinos y delfines africanos frente a Namibia. Receptamos la denuncia y a través de este grupo nos dirigimos inmediatamente al gobierno de Namibia para alertar lo que estaba pasando y poner un freno inmediato a algo que, de lo contrario, puede llegar a ser muy nocivo”.

-¿Cuál es la realidad en materia de legislación?

- Al haber 18 especies de pingüinos en el mundo existen realidades diferentes. La mayoría de los pingüinos viven en países en desarrollo, como el nuestro, salvo los que están en Nueva Zelanda o en Australia. Y así como los ciudadanos sufren el tipo de legislación vigente, también la sufren los pingüinos. Por ejemplo, Australia fija sanciones elevadísimas ante un posible derrame de petróleo y que deben pagarse a rajatabla. Mientras que acá hubo derrames, como el del año 1991 en el que un buque provocó la muerte de 17 mil pingüinos, y nunca pasó nada. No hay una ley de biodiversidad en el país ni en muchas provincias que protejan la fauna y los delitos ambientales no están tipificados en el Código Penal. No hay sanciones para delitos que van contra la fauna ni contra el ambiente, como corresponde. Muchas provincias como la nuestra, que es Chubut, no tienen fiscalías ambientales. Por eso creo que a nivel país es urgente legislar. Veo que la gente tiene una valoración de la fauna muy grande en la Argentina, pero eso no se replica en las leyes ni tampoco en la agenda política. Nadie habla del ambiente.

Hasta la fecha, la ONG que encabeza García Borboroglu lleva protegidos 13 millones de hectáreas de “mar en tierra”, sector donde habitan los pingüinos.

-¿Cómo están trabajando a nivel internacional?

- A nivel mundial, formo parte de una iniciativa global muy grande que vamos a presentar en la Cop28, la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas, en Dubai, que apunta a distintos componentes, no solamente a faunas sino también a océanos, energías renovables, cuestiones de agua, en definitiva, a todos los problemas ambientales a nivel global, contaminación y demás, donde estarán participando empresarios muy importantes que van a aportar fondos y contactos, y hasta celebridades muy importantes que van a ser la cara visible de esta campaña. Con todo esto se busca que con una perspectiva más ejecutiva se atienda los problemas ambientales por fuera de la política. Que la burocracia ni otras cuestiones detengan el avance de acciones, que tiene que ser más aceleradas para que el planeta siga funcionando y podamos seguir vivos.

"A nivel mundial, formo parte de una iniciativa global muy grande que vamos a presentar en la Cop28, la Conferencia de las Partes de Naciones Unidas, en Dubái”.