Opinión | marcelo-irastorza

A un día del traspaso, hay gran expectativa

Por Marcelo Irastorza
Estamos a un día de un histórico traspaso del poder. ¿Por qué histórico? En primer lugar, porque por primera vez un presidente no peronista le entregará la banda presidencial a otro mandatario elegido por el pueblo. El dato político no es menor. De 1983 a esta parte, los radicales Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa no pudieron concluir sus respectivos mandatos. El primero por la embestida de la hiperinflación y el segundo por la crisis del 2001 que disparó en los cuatro rincones del país el “Que se vayan todos”. Mauricio Macri concluye su gobierno con un masivo acto que se hizo en la emblemática Plaza de Mayo y no se va en helicóptero desde el helipuerto de la Casa Rosada, una imagen que sobrevoló durante varios años en la Argentina. En segundo lugar, se trata de un traspaso histórico porque se abre en el país una nueva etapa política que está signada por una gran expectativa por parte de la sociedad argentina y, a su vez, atravesada por grandes desafíos como Nación. Entre ellos, salir de la crisis y reactivar la economía, erradicar la pobreza, luchar contra la corrupción, combatir el narcotráfico y, por sobre todas las cosas, unir a los argentinos. La Argentina viene de muchos años de enfrentamientos que, sin lugar a dudas, en nada han contribuido al progreso del país.



Ayer, Macri, el presidente saliente, y Alberto Fernández, el presidente entrante, participaron de la misa por “la unidad y la paz” que fue convocada por la Iglesia en vísperas de la asunción del nuevo gobierno. Fue un gesto de madurez y convivencia política que hay que rescatar en tiempos de profunda crisis económica y de pronunciada grieta entre los argentinos. Como dos jefes de Estado que son, Macri y Fernández se dieron el saludo de la paz, tal como establece la liturgia eclesiástica, y se volvieron a saludar al final, en otro gesto que pone la próxima ceremonia de traspaso a la altura de las circunstancias. Hubo cordialidad y abrazos entre ellos. También existieron saludos entre integrantes del gabinete saliente y del entrante. La que se tomó en la víspera en la Basílica de Luján, ícono de infinidad de peregrinaciones de fieles, sobre todo de pobres y desahuciados que piden a Dios por salud y trabajo, fue la foto del día. En la oportunidad, la Iglesia aprovechó para pedirles a ambos mandatarios “no caer en la tentación de querer destruir al otro”. Históricamente, la Argentina ha padecido fuertes pujas entre caudillos y bandos políticos. Desde 1810, nuestra historia se divide entre saavedristas y morenistas, unitarios y federales, peronistas y antiperonistas, y kirchneristas y macristas. ¿Podrá Fernández cerrar la grieta que atraviesa a la sociedad argentina?



Una gran expectativa se ha generado en torno de la asunción de Alberto F. en el Sillón de Rivadavia. Los argentinos esperan que se pueda salir de la crisis y que se ponga en marcha la economía. Esto es que no se cierren fuentes de trabajo y que se genere empleo. Pero también que haya diálogo y que se busque el consenso nesario para generar políticas de Estado que sobrevivan a los gobiernos de turno, estableciéndose reglas de juego claras para los inversores. Pero no será fácil. No habrá soluciones mágicas ni cambios estructurales de la noche a la mañana. Hoy asistimos a una nueva entrega de mando, con la esperanza de que todo mejore y de que el país se reconstruya. Fernández tiene muchos desafíos por delante. Pero el mayor de ellos es lograr la reconciliación entre los argentinos.