El 2021 ha sido inolvidable para Marcelo Rojo. Después de mucho lucharla, en el más literal de los sentidos, se encontró con una puerta abierta gigante, donde pudo ingresar a ese mundo que parece de fantasía, esa suerte de NBA o Premier League de las artes marciales mixtas, como es el UFC.
Más allá de la derrota en marzo ante Charles Jourdain, el objetivo estaba en parte cumplido.
Gracias a una personalidad avasallante, de mirar siempre para adelante y teniendo lo que hay que tener para ir tras los sueños, es cómo el luchador riocuartense se instaló en las grandes ligas.
El próximo 12 de febrero y con lugar a confirmar, Rojo se enfrentará a Kyler Philips en UFC271 en lo que será el primer combate de los tres que quiere hacer en el año 2022 para ya en el 2023 jugársela por el premio gordo.
En diálogo con Puntal, desde este descanso recargando energías en Córdoba Capital, habló de lo que ha sido el año pero fundamentalmente de lo que va a venir en un 2022 que pinta muy bien:
“He estado en Las Vegas este último tiempo, entrenando al cien por cien, me dieron una chance de volver a la Argentina porque tengo pelea recién para febrero, aproveché para venir a visitar a la familia, a cargar fuerzas, a comer un poco de asado, para estar bien mentalmente, se hace muy difícil estar lejos de casa. Es lo que elegí, el camino que me toca, pero estoy bien, recargando fuerzas, viendo muchos amigos, hacía mucho que no venía”.
-¿Cómo hacés para no perder el ritmo de entrenamiento durante las vacaciones acá en Argentina?
-Ahora estoy entrenando por la mañana y por la tarde, solamente hago dos turnos y continúa con mi programación de fuerza y restablecimiento, que es lo que me mantiene bien todo el año. Sí le reduje las cargas a la parte de box y lucha porque eso te genera más lesiones, me los estoy tomando más tranquilo ahora. No hago sparrings hasta iniciar el campamento.
-Se está terminando un 2021 que ha sido muy bueno para vos. ¿qué análisis se hace del año?
-No soy de emocionarme o pensar que este fue mi año o no, la verdad que voy fluyendo y que las cosas vayan pasando. Fue un año importante para mi carrera pero hasta ahí no más, sé que los que siguen van a ser los mejores y estoy enfocado en eso, siempre para adelante, no me fijo en lo que pasó. Creo que voy a arrancar bien el 2022 y voy a seguir poniéndole ganas hasta completar el objetivo.
-¿Dentro de esos objetivos para el próximo año, qué podemos encontrar?
-Primero quiero ganar y si puedo pelearé tres veces el próximo año, me parece una buena opción para mí, dentro de mis metas a corto plazo. Es pelear en febrero, en julio y una más para volverme a Argentina para las próximas fiestas y ya apuntar al 2023 ingresar al top ten, es un nivel muy duro, muy elevado. Voy a tener que hacer muchos cambios e ir evolucionando, para en el 2023 ya quiero estar entre los diez mejores y comenzar a hacer carrera para ver si llego al título. Mi idea está en ser campeón, yo entreno con campeones, mi principal compañero de entrenamiento es Brandon Moreno, el campeón del mundo, también lo hice con el campeón de mi categoría y sé que sí se puede, eso me da un plus. No es algo imposible de lograr, lo mismo que estar en el UFC, que de tantos argentinos que somos peleando estamos solamente cuatro. De a poco voy haciendo posible mi camino, muy feliz.
-Tenés incorporado muchas cosas de México, el lenguaje, entre ellas, sos un mexicano más.
-Hace del 2015 que estoy en México y tengo todos amigos mexicanos. En Tijuana debe haber cuatro o cinco argentinos y de los pocos que llegaron fueron los que yo llevé, que es mi equipo y están hace poquito tiempo. Te tenés que adaptar y si yo hablo como argentino allá no me entiende nadie.
-Viviste una experiencia sensacional en el UFC. ¿Qué nos podés contar de ese mundo?
-Aproveché a ganar mucha experiencia, los lugares, la gente que voy conociendo y cómo se va dando y se desarrolla mi deporte, me asombró muchísimo. Porque nosotros en Argentina estamos atrasados años luz y no tenemos el apoyo que los deportistas se merecen, más que nada por representar a la bandera. Yo elegí este camino y lo disfruto pero me doy cuenta de que es difícil, la idea es ir abriendo camino para los que vienen atrás. Por eso cuando llego doy cursos, enseño todo lo que sé y lo que entreno para que las demás personas que tienen un sueño les sea más fácil. Porque a mí me llevo 17 años y para seguir ese tiempo con una pasión tan viva y estar tan cerca y no llegar, tenés que tener muchos huevos. Yo he visto a los mejores del mundo entrenar conmigo y muchas veces no tienen disciplina o no aguantan y tienen que dejar para hacer otra cosa. Eso me hizo la persona que soy hoy, además sé que va a ser mucho más fácil para mis compañeros y los argentinos que vienen atrás.
-¿Cómo fue esa decisión de viajar a México y dedicarte profesionalmente?
-Yo empecé a viajar mucho antes de que me decidiera hacerme profesional. Nosotros empezamos a pelear porque peleábamos y ser paleador profesional no era una opción, uno estaba trabajando o estudiando y cómo el deporte fluía en Argentina era muy difícil y no sabés si te vas a dedicar o no. Eso hace que tengas que trabajar, entrenar, estudiar y yo hacía todo a la vez. Me acuerdo que me salió una pelea en Rusia y recuerdo que iba caminando hacia la jaula pero iba pensando en lo que tenía que hacer para la facultad en la semana que sigue, en la entrega que tenía que terminar y no llegaba y que me iban a reprobar. Y yo estaba yendo a la jaula. Esto no es como el fútbol, que si me veo un poco apretado se la paso a un compañero, a mí me lastiman, me pegan. Es muy difícil estar arriba de una jaula, sos el centro de atención y ponés en juego tu integridad física. Ahí tomé una decisión, hablé con mi mamá, con mi familia, me apoyaron al cien por cien y empecé viajar. Me fui a Estados Unidos, después volví hasta que me salió una chance en Ultimate Fight, donde conocí a a mi actual entrenador Raúl Arvizu y me fui para México.

