Habían pasado pocos meses desde el desembarco de Cotreco en Río Cuarto. Era 2012. Como por arte de magia, las calamidades de Gamsur y los constantes conflictos gremiales habían desaparecido. Casi con ingenuidad, un periodista le preguntó entonces a uno de los directivos de la empresa cordobesa:
- ¿Cómo hacen ustedes? Cuando operaba Gamsur era un desastre, el Surrbac estaba descontrolado pero, ahora, de un día para otro todo se calmó.
- Te soy sincero. Es fácil. Nosotros le decimos siempre que sí al Surrbac. Total, después lo paga el Estado. Un día nos reímos mucho porque Flavio, uno de los socios, fue hablando por teléfono con (Mauricio) Saillén desde Río Cuarto hasta Córdoba. Saillén pedía y lo único que decía Flavio era sí. Por eso le pusimos el viaje del sí.
Esa lógica perduró durante siete años. Y se reprodujo. Cotreco, que había nacido en Carlos Paz, no sólo se instaló en Río Cuarto sino también en Villa María, Río Tercero y Córdoba, de donde debió emigrar dejando tierra arrasada. Allí, en la capital, Ramón Mestre acaba de hacerse cargo de 137 millones de pesos que dejó la empresa de Horacio Busso como recuerdo de su estadía.
Pero algo parece haber cambiado. O tocado fondo. Por un lado, porque las cajas de los municipios ya no soportan más. Por otro, porque lejos de prestar el servicio adecuadamente o de tener un manejo administrativo prolijo, Cotreco entró en una vorágine de deudas con proveedores, la Afip, los trabajadores, la obra social, el sistema previsional, y siguen las firmas. En los últimos meses, para ganar tiempo y evitar los embargos, la empresa hizo entrar en escena a un fideicomiso, denominado Más Recursos, que durante menos de dos años pagó decorosamente pero que en los últimos dos meses hizo un zafarrancho de cheques sin fondos que sumó 166 a los 1.767 voladores que Cotreco le había dado al mundo.
El panorama se ha vuelto aún más complejo en las últimas semanas. Porque Más Recursos parece haber agotado todo lo que tenía para dar: en Río Cuarto, por ejemplos, los embargos por las copiosas deudas de la empresa están entrando directamente al Municipio. Y, desde el mes que viene, se le aplicará al canon un descuento de 4,5 millones de pesos por una deuda con la obra social.
En una vuelta de tuerca de su maniobra, y para estirar aún más la agonía, ahora Cotreco le cedió su crédito mensual a otro fideicomiso y a una persona física. “Estamos mirando esa situación con detenimiento. A nosotros no nos importa qué hace la empresa con el canon; lo que nos preocupa es que esos manejos están teniendo un impacto negativo: no están cumpliendo ni el contrato ni el plan de inversiones que determina el pliego”, señaló un funcionario de primera línea.
Río Cuarto viene de una semana con cuatro días con problemas en la recolección: la basura estaba en las calles y la planta de la empresa bloqueada por un grupo de mujeres que protestaban porque Cotreco les retenía las cuotas alimentarias a sus exmaridos pero no se las pagaba a ellas. Ese capítulo marca la profundidad de la crisis. “Estuvieron 48 horas para juntar 200 mil pesos, ¿cómo podemos creer ahora que van a pagar 90 millones de pesos entre enero y febrero por las indemnizaciones atrasadas?”, se sinceró un funcionario de Juan Manuel Llamosas.
La ciudad afronta cada mes 39 millones de pesos por la higiene urbana, 1.300.000 pesos por día. El marco es un contrato relativamente nuevo, que comenzó a regir en julio de 2017, y que registró un aumento del 27% entre abril y noviembre de este año. Aun así, Busso se quejó públicamente por el monto y reclamó, de piso, una suba de otro 25%. Es decir, un plus de 9.750.000 pesos por mes.
“Ya no da para más. Son insaciables estos tipos. Te corren la cancha permanentemente; siempre piden más guita”, relató un funcionario de primera línea del Municipio.
Algo parece haberse roto definitivamente en la relación entre Busso y la administración riocuartense. Llamosas dio instrucciones de no incumplir un solo ítem del contrato para no dejarle argumentos a Cotreco. Mientras tanto, formó dos equipos para analizar una vía de escape lo menos traumática posible. “Vamos a sufrir tres meses, pero tenemos que terminar con esto”, deslizó Llamosas entre los suyos. El intendente carga, en este tema, con una mácula: él prometió en campaña que Cotreco iba a irse, pero convocó a una licitación y ganó la misma empresa. Fue a mediados de 2017; en octubre de ese mismo año, esa SA ya no le pagaba a nadie.
En el gobierno aseguran que se ha ido acumulando más de una causal de rescisión: Cotreco no ha pagado las indemnizaciones, no cumplió con las metas de contenerización, no puso ni un solo ladrillo en la planta de reciclaje por la que cobra todos los meses. Además, está inmersa en un desastre administrativo.
La reacción hacia Cotreco es un tema sensible para Llamosas. Pero también para el PJ en general. Cuando era oposición, el hoy oficialismo cuestionó con dureza a Juan Jure por cederle a Cotreco el contrato de Gamsur; incluso, lo denunció en la Justicia. Hoy, por lo tanto, en el Palacio existe el convencimiento de no ir por el mismo camino que Jure. Sería un papelón político. Por eso, la decisión es no ceder el contrato a otra empresa sino buscar otra opción, que podría ser que el Municipio se haga cargo temporariamente del servicio y llamar a una nueva licitación o crear un ente municipal similar al Emos para transferirle de manera definitiva la recolección.
La segunda modalidad plantea sus propios interrogantes: ¿con qué sueldos entrarían los más de 250 empleados de Cotreco a un ente estatal? ¿Con los que tienen o con otros, más acotados? ¿Es viable plantear un esquema salarial distinto ante un gremio tan combativo como el de los recolectores?
El servicio de higiene urbana se ha convertido en un dolor de cabeza no sólo para Río Cuarto sino para los municipios en general. Los intendentes corren con desventaja: están ante un problema que puede desestabilizar sus gobiernos pero que los trasciende.
En ese punto, se está expresando una actitud distinta desde la Provincia. Cotreco, que se expandió meteóricamente con un guiño del poder, en los últimos meses parece haber quedado desprotegido. “Hay que terminar con estas empresas que surgen desde la nada, viven de la teta del Estado, hacen millonarios a sus dueños pero son ruinosas para los municipios”, opinó un funcionario provincial.
Mañana, en Córdoba, habrá una reunión entre el Ministerio de Gobierno y los intendentes de las cuatro ciudades más grandes afectadas por Cotreco: Río Cuarto, Villa María, Carlos Paz y Río Tercero. El objetivo que se persigue desde la gobernación es que haya una estrategia conjunta, que los cuatro municipios se muevan en sintonía para comenzar a encontrar una salida definitiva.
En la Provincia consideran que el foco del desastre no es sólo Cotreco sino también el gremio, que está siendo investigado por sospechas de lavado de dinero y recibió denuncias por el millonario patrimonio de sus directivos.
Si hubiera una solución conjunta, sería un cambio de paradigma. Desde el Panal señalan que sería acomodarse a los tiempos, a las demandas de la sociedad para erradicar conductas que se habían naturalizado; una de ellas es el funcionamiento con lógica mafiosa del negocio de la basura.
En el peronismo sostienen que los tiempos apremian, que no pueden dormirse, sino que están obligados a actuar en el corto plazo, para que la posible onda expansiva no llegue hasta el cercano tiempo de la elección.
- Te soy sincero. Es fácil. Nosotros le decimos siempre que sí al Surrbac. Total, después lo paga el Estado. Un día nos reímos mucho porque Flavio, uno de los socios, fue hablando por teléfono con (Mauricio) Saillén desde Río Cuarto hasta Córdoba. Saillén pedía y lo único que decía Flavio era sí. Por eso le pusimos el viaje del sí.
Esa lógica perduró durante siete años. Y se reprodujo. Cotreco, que había nacido en Carlos Paz, no sólo se instaló en Río Cuarto sino también en Villa María, Río Tercero y Córdoba, de donde debió emigrar dejando tierra arrasada. Allí, en la capital, Ramón Mestre acaba de hacerse cargo de 137 millones de pesos que dejó la empresa de Horacio Busso como recuerdo de su estadía.
Pero algo parece haber cambiado. O tocado fondo. Por un lado, porque las cajas de los municipios ya no soportan más. Por otro, porque lejos de prestar el servicio adecuadamente o de tener un manejo administrativo prolijo, Cotreco entró en una vorágine de deudas con proveedores, la Afip, los trabajadores, la obra social, el sistema previsional, y siguen las firmas. En los últimos meses, para ganar tiempo y evitar los embargos, la empresa hizo entrar en escena a un fideicomiso, denominado Más Recursos, que durante menos de dos años pagó decorosamente pero que en los últimos dos meses hizo un zafarrancho de cheques sin fondos que sumó 166 a los 1.767 voladores que Cotreco le había dado al mundo.
El panorama se ha vuelto aún más complejo en las últimas semanas. Porque Más Recursos parece haber agotado todo lo que tenía para dar: en Río Cuarto, por ejemplos, los embargos por las copiosas deudas de la empresa están entrando directamente al Municipio. Y, desde el mes que viene, se le aplicará al canon un descuento de 4,5 millones de pesos por una deuda con la obra social.
En una vuelta de tuerca de su maniobra, y para estirar aún más la agonía, ahora Cotreco le cedió su crédito mensual a otro fideicomiso y a una persona física. “Estamos mirando esa situación con detenimiento. A nosotros no nos importa qué hace la empresa con el canon; lo que nos preocupa es que esos manejos están teniendo un impacto negativo: no están cumpliendo ni el contrato ni el plan de inversiones que determina el pliego”, señaló un funcionario de primera línea.
Río Cuarto viene de una semana con cuatro días con problemas en la recolección: la basura estaba en las calles y la planta de la empresa bloqueada por un grupo de mujeres que protestaban porque Cotreco les retenía las cuotas alimentarias a sus exmaridos pero no se las pagaba a ellas. Ese capítulo marca la profundidad de la crisis. “Estuvieron 48 horas para juntar 200 mil pesos, ¿cómo podemos creer ahora que van a pagar 90 millones de pesos entre enero y febrero por las indemnizaciones atrasadas?”, se sinceró un funcionario de Juan Manuel Llamosas.
La ciudad afronta cada mes 39 millones de pesos por la higiene urbana, 1.300.000 pesos por día. El marco es un contrato relativamente nuevo, que comenzó a regir en julio de 2017, y que registró un aumento del 27% entre abril y noviembre de este año. Aun así, Busso se quejó públicamente por el monto y reclamó, de piso, una suba de otro 25%. Es decir, un plus de 9.750.000 pesos por mes.
“Ya no da para más. Son insaciables estos tipos. Te corren la cancha permanentemente; siempre piden más guita”, relató un funcionario de primera línea del Municipio.
Algo parece haberse roto definitivamente en la relación entre Busso y la administración riocuartense. Llamosas dio instrucciones de no incumplir un solo ítem del contrato para no dejarle argumentos a Cotreco. Mientras tanto, formó dos equipos para analizar una vía de escape lo menos traumática posible. “Vamos a sufrir tres meses, pero tenemos que terminar con esto”, deslizó Llamosas entre los suyos. El intendente carga, en este tema, con una mácula: él prometió en campaña que Cotreco iba a irse, pero convocó a una licitación y ganó la misma empresa. Fue a mediados de 2017; en octubre de ese mismo año, esa SA ya no le pagaba a nadie.
En el gobierno aseguran que se ha ido acumulando más de una causal de rescisión: Cotreco no ha pagado las indemnizaciones, no cumplió con las metas de contenerización, no puso ni un solo ladrillo en la planta de reciclaje por la que cobra todos los meses. Además, está inmersa en un desastre administrativo.
La reacción hacia Cotreco es un tema sensible para Llamosas. Pero también para el PJ en general. Cuando era oposición, el hoy oficialismo cuestionó con dureza a Juan Jure por cederle a Cotreco el contrato de Gamsur; incluso, lo denunció en la Justicia. Hoy, por lo tanto, en el Palacio existe el convencimiento de no ir por el mismo camino que Jure. Sería un papelón político. Por eso, la decisión es no ceder el contrato a otra empresa sino buscar otra opción, que podría ser que el Municipio se haga cargo temporariamente del servicio y llamar a una nueva licitación o crear un ente municipal similar al Emos para transferirle de manera definitiva la recolección.
La segunda modalidad plantea sus propios interrogantes: ¿con qué sueldos entrarían los más de 250 empleados de Cotreco a un ente estatal? ¿Con los que tienen o con otros, más acotados? ¿Es viable plantear un esquema salarial distinto ante un gremio tan combativo como el de los recolectores?
El servicio de higiene urbana se ha convertido en un dolor de cabeza no sólo para Río Cuarto sino para los municipios en general. Los intendentes corren con desventaja: están ante un problema que puede desestabilizar sus gobiernos pero que los trasciende.
En ese punto, se está expresando una actitud distinta desde la Provincia. Cotreco, que se expandió meteóricamente con un guiño del poder, en los últimos meses parece haber quedado desprotegido. “Hay que terminar con estas empresas que surgen desde la nada, viven de la teta del Estado, hacen millonarios a sus dueños pero son ruinosas para los municipios”, opinó un funcionario provincial.
Mañana, en Córdoba, habrá una reunión entre el Ministerio de Gobierno y los intendentes de las cuatro ciudades más grandes afectadas por Cotreco: Río Cuarto, Villa María, Carlos Paz y Río Tercero. El objetivo que se persigue desde la gobernación es que haya una estrategia conjunta, que los cuatro municipios se muevan en sintonía para comenzar a encontrar una salida definitiva.
En la Provincia consideran que el foco del desastre no es sólo Cotreco sino también el gremio, que está siendo investigado por sospechas de lavado de dinero y recibió denuncias por el millonario patrimonio de sus directivos.
Si hubiera una solución conjunta, sería un cambio de paradigma. Desde el Panal señalan que sería acomodarse a los tiempos, a las demandas de la sociedad para erradicar conductas que se habían naturalizado; una de ellas es el funcionamiento con lógica mafiosa del negocio de la basura.
En el peronismo sostienen que los tiempos apremian, que no pueden dormirse, sino que están obligados a actuar en el corto plazo, para que la posible onda expansiva no llegue hasta el cercano tiempo de la elección.

