Cuando el término papelón ya va quedando chico
En Cambiemos, Negri tironea para que la interna no se haga y Mestre pretende lo contrario a toda costa. Mientras tanto, Macri no interviene de manera personal. ¿Hay un acuerdo con Schiaretti?
El término papelón ya le va quedando chico a la interna de Cambiemos. A sólo dos semanas de la hora señalada, los precandidatos todavía andan embarcados en un movimiento de fuerzas contrapuestas: unos, los mestristas, tratando contra viento y marea de que no les tumben la elección; otros, los negristas y juecistas, escarbando hasta en el más recóndito argumento imaginable para que, a pesar de sus constantes apelaciones discursivas sobre las virtudes de la democracia, por esta vez las urnas sean reemplazadas por un mecanismo similar al del pulgar del César.
¿Recién ahora, cuando queda sólo un domingo por delante, la lista que integran Mario Negri, Héctor Baldassi y Luiz Juez descubrió que no están garantizadas las condiciones para que la interna se haga con transparencia? La demora en llegar a esa conclusión habilita la acusación que brota desde la vereda contraria y que consigna que Negri más que a la confiabilidad del proceso, le teme al resultado.
“Tenemos encuestas y estamos 7 a 3”, dijo una fuente del mestrismo. Cerca del intendente de Córdoba aseguran además que la interna provincial ha tomado tanto vuelo, ha tenido una repercusión tan extendida en los medios nacionales, que una derrota el 17 de marzo ya no sería tanto un golpe para Negri como para el mismísimo Mauricio Macri.
Ninguno de los dos lados, ni el denominado radicalismo puro de Mestre ni la lista de Cambiemos, están aportando, en un clima tan desapacible, ni una gota de aplomo y racionalidad. Negri, después de una extensa serie de reuniones en Buenos Aires, salió a decir a los medios que la transparencia de los comicios no está garantizada, que los miembros de la junta electoral no lo representan sino que responden a Mestre y, para agregarle al cuadro una cuota de dramatismo desproporcionado, aseguró que “no puede hacerse una interna a lo Maduro”. Además, deslizó que al intendente de Córdoba va a darle una mano el peronismo porque, en realidad, se trata del candidato más débil que Cambiemos puede presentar.
Cuentan sus allegados que cuando le relataron por teléfono las declaraciones de su rival, Mestre estalló. No le dedicó ni un solo elogio a Negri y vaticinó ahí mismo que el resultado de sus declaraciones y sus maniobras para frenar la interna sería sólo uno: el quiebre de Cambiemos en Córdoba.
Que explote todo por los aires no es una posibilidad descabellada a esta altura. Pero, como en cada desastre, nadie quiere tener la responsabilidad última. “Para nosotros, la operatividad y la transparencia de la interna están aseguradas. Hemos hecho todo para que así sea. Si Cambiemos se rompe no será por nosotros”, dicen en el mestrismo.
Ayer, la conducción de la UCR, que está en manos del intendente radical, recibió una noticia que la envalentonó porque, a su juicio, deja sin argumentos a la tríada Negri-Baldassi-Juez. Después de que el Correo Argentino pasara una cifra asombrosamente alta -17 millones de pesos para la logística de una interna-, el radicalismo consiguió que, por mucho menos, otra empresa hiciera una oferta para desplegar y replegar las urnas. Además, por 600 mil pesos, la Universidad Tecnológica haría el escrutinio. Ese gasto, más los adicionales policiales necesarios en una elección, serían afrontados por la UCR. “Así no tienen más excusas. Si no quieren competir es por una cuestión política, no de logística”, indicaron.
Inmunes a esas novedades, en el Grupo Balcarce -así se los denomina por su alineamiento con la Casa Rosada- mantenían la estrategia de frenar la interna.
Lo hacen pese a que incluso hay aliados que fruncen el ceño. Incluso figuras del Pro señalan que, a esta altura, bajar la interna sería desastroso. “Hoy, cualquier alternativa es peor que perder la elección. Hay que hacerla. Nos ponemos de acuerdo todos, definimos los controles correspondientes y votamos. Si no podemos consensuar para hacer una interna, entonces no somos capaces de gobernar ni siquiera una comuna”, señaló un representante del Pro.
Sin embargo, la estrategia de Negri-Baldassi-Juez corre por otro carril. El miércoles harán una presentación ante la Junta Electoral de Cambiemos Córdoba para plantear que el proceso está viciado de nulidad, que no puede garantizarse la inexistencia de un fraude y que no debería votarse. Aún así, ratificaron su voluntad de ser los candidatos elegidos para enfrentar a Juan Schiaretti y su deseo de reelección.
La jugada apunta a que el caso llegue a Buenos Aires, más precisamente a la Mesa Nacional de Cambiemos, y que allí la balanza se incline a favor de Negri, ya ungido por el dedo de Macri para ser su hombre en Córdoba. En última instancia, quedaría la Justicia, como ya advirtió el diputado.
En ese caso, ¿qué podría pasar? Es de esperar que Mestre, que se le ha plantado al Presidente y que hasta ahora ha salido ganando con su movida, no se quede de brazos cruzados. Ahí aparece la posibilidad del quiebre: que el intendente de Córdoba se vaya de Cambiemos, arme una fuerza política por fuera y que igual sea candidato, lo que convertiría la elección del 12 de mayo en una garantía de triunfo para el actual gobernador.
La situación es tan grotesca en la principal fuerza opositora que incluso en el peronismo especulan que semejante estropicio sólo puede ser fruto de un acuerdo entre Macri y Schiaretti para que Cambiemos se encamine directamente a la derrota en Córdoba y para que, a la vez, el gobernador haga hasta lo imposible por mantener bifurcado y deshilachado al peronismo nacional.
Hay elucubraciones tanto a favor como en contra de esa hipótesis. Pero lo cierto es que, si así fuera, sería demasiado arriesgado para Macri. Porque entregaría en mayo una provincia emblema en su construcción de poder y, además, porque sería confiar tal vez en exceso en la capacidad de desunión del gobernador cordobés. Pero, además, sería a costa de dejar despedazado su propio espacio político, con un Cambiemos fracturado, deshecho, imposibilitado de aglutinarse para encarar una segunda campaña, esta vez por el poder nacional.
Porque, tal como están las cosas y como se encaminan a ser, ¿quién puede imaginar que al otro día de la elección provincial, el 13 de mayo, Macri consiga lo que necesita, que es juntar a todos los miembros de Cambiemos para que salgan a hacer campaña para retener la Casa Rosada?
En el Pro aseguran que Macri, quien por estas horas goza de un nuevo descanso en el sur, seguirá sin intervenir de manera personal para resolver el conflicto. Esa conducta, más que demostrar un respeto por la autonomía de las provincias, evidencia un error grosero en la lectura previa del mapa político cordobés y un inocultable signo de debilidad política. Pero, además, es una simulada y curiosa prescindencia. Sería como si un país se declarara neutral en una guerra en la que las bombas caen una y otra vez sobre su territorio.
Marcos Jure. Redacción Puntal
¿Recién ahora, cuando queda sólo un domingo por delante, la lista que integran Mario Negri, Héctor Baldassi y Luiz Juez descubrió que no están garantizadas las condiciones para que la interna se haga con transparencia? La demora en llegar a esa conclusión habilita la acusación que brota desde la vereda contraria y que consigna que Negri más que a la confiabilidad del proceso, le teme al resultado.
“Tenemos encuestas y estamos 7 a 3”, dijo una fuente del mestrismo. Cerca del intendente de Córdoba aseguran además que la interna provincial ha tomado tanto vuelo, ha tenido una repercusión tan extendida en los medios nacionales, que una derrota el 17 de marzo ya no sería tanto un golpe para Negri como para el mismísimo Mauricio Macri.
Ninguno de los dos lados, ni el denominado radicalismo puro de Mestre ni la lista de Cambiemos, están aportando, en un clima tan desapacible, ni una gota de aplomo y racionalidad. Negri, después de una extensa serie de reuniones en Buenos Aires, salió a decir a los medios que la transparencia de los comicios no está garantizada, que los miembros de la junta electoral no lo representan sino que responden a Mestre y, para agregarle al cuadro una cuota de dramatismo desproporcionado, aseguró que “no puede hacerse una interna a lo Maduro”. Además, deslizó que al intendente de Córdoba va a darle una mano el peronismo porque, en realidad, se trata del candidato más débil que Cambiemos puede presentar.
Cuentan sus allegados que cuando le relataron por teléfono las declaraciones de su rival, Mestre estalló. No le dedicó ni un solo elogio a Negri y vaticinó ahí mismo que el resultado de sus declaraciones y sus maniobras para frenar la interna sería sólo uno: el quiebre de Cambiemos en Córdoba.
Que explote todo por los aires no es una posibilidad descabellada a esta altura. Pero, como en cada desastre, nadie quiere tener la responsabilidad última. “Para nosotros, la operatividad y la transparencia de la interna están aseguradas. Hemos hecho todo para que así sea. Si Cambiemos se rompe no será por nosotros”, dicen en el mestrismo.
Ayer, la conducción de la UCR, que está en manos del intendente radical, recibió una noticia que la envalentonó porque, a su juicio, deja sin argumentos a la tríada Negri-Baldassi-Juez. Después de que el Correo Argentino pasara una cifra asombrosamente alta -17 millones de pesos para la logística de una interna-, el radicalismo consiguió que, por mucho menos, otra empresa hiciera una oferta para desplegar y replegar las urnas. Además, por 600 mil pesos, la Universidad Tecnológica haría el escrutinio. Ese gasto, más los adicionales policiales necesarios en una elección, serían afrontados por la UCR. “Así no tienen más excusas. Si no quieren competir es por una cuestión política, no de logística”, indicaron.
Inmunes a esas novedades, en el Grupo Balcarce -así se los denomina por su alineamiento con la Casa Rosada- mantenían la estrategia de frenar la interna.
Lo hacen pese a que incluso hay aliados que fruncen el ceño. Incluso figuras del Pro señalan que, a esta altura, bajar la interna sería desastroso. “Hoy, cualquier alternativa es peor que perder la elección. Hay que hacerla. Nos ponemos de acuerdo todos, definimos los controles correspondientes y votamos. Si no podemos consensuar para hacer una interna, entonces no somos capaces de gobernar ni siquiera una comuna”, señaló un representante del Pro.
Sin embargo, la estrategia de Negri-Baldassi-Juez corre por otro carril. El miércoles harán una presentación ante la Junta Electoral de Cambiemos Córdoba para plantear que el proceso está viciado de nulidad, que no puede garantizarse la inexistencia de un fraude y que no debería votarse. Aún así, ratificaron su voluntad de ser los candidatos elegidos para enfrentar a Juan Schiaretti y su deseo de reelección.
La jugada apunta a que el caso llegue a Buenos Aires, más precisamente a la Mesa Nacional de Cambiemos, y que allí la balanza se incline a favor de Negri, ya ungido por el dedo de Macri para ser su hombre en Córdoba. En última instancia, quedaría la Justicia, como ya advirtió el diputado.
En ese caso, ¿qué podría pasar? Es de esperar que Mestre, que se le ha plantado al Presidente y que hasta ahora ha salido ganando con su movida, no se quede de brazos cruzados. Ahí aparece la posibilidad del quiebre: que el intendente de Córdoba se vaya de Cambiemos, arme una fuerza política por fuera y que igual sea candidato, lo que convertiría la elección del 12 de mayo en una garantía de triunfo para el actual gobernador.
La situación es tan grotesca en la principal fuerza opositora que incluso en el peronismo especulan que semejante estropicio sólo puede ser fruto de un acuerdo entre Macri y Schiaretti para que Cambiemos se encamine directamente a la derrota en Córdoba y para que, a la vez, el gobernador haga hasta lo imposible por mantener bifurcado y deshilachado al peronismo nacional.
Hay elucubraciones tanto a favor como en contra de esa hipótesis. Pero lo cierto es que, si así fuera, sería demasiado arriesgado para Macri. Porque entregaría en mayo una provincia emblema en su construcción de poder y, además, porque sería confiar tal vez en exceso en la capacidad de desunión del gobernador cordobés. Pero, además, sería a costa de dejar despedazado su propio espacio político, con un Cambiemos fracturado, deshecho, imposibilitado de aglutinarse para encarar una segunda campaña, esta vez por el poder nacional.
Porque, tal como están las cosas y como se encaminan a ser, ¿quién puede imaginar que al otro día de la elección provincial, el 13 de mayo, Macri consiga lo que necesita, que es juntar a todos los miembros de Cambiemos para que salgan a hacer campaña para retener la Casa Rosada?
En el Pro aseguran que Macri, quien por estas horas goza de un nuevo descanso en el sur, seguirá sin intervenir de manera personal para resolver el conflicto. Esa conducta, más que demostrar un respeto por la autonomía de las provincias, evidencia un error grosero en la lectura previa del mapa político cordobés y un inocultable signo de debilidad política. Pero, además, es una simulada y curiosa prescindencia. Sería como si un país se declarara neutral en una guerra en la que las bombas caen una y otra vez sobre su territorio.
Marcos Jure. Redacción Puntal