Córdoba, la provincia que en 2015 le concedió más del 71,5 por ciento de los votos y que desde entonces considera como patrimonio propio, se ha convertido para Mauricio Macri en un inesperado dolor de cabeza. Y la causa no han sido el peronismo ni el kirchnerismo, sino sus propios socios, los radicales, quienes hace cuatro años aportaron su extendida estructura política para darle solidez territorial a un Pro que pecaba de ser eminentemente porteño.
Ramón Mestre nunca se allanó mansamente a los designios de la Casa Rosada y a las órdenes de la Jefatura de Gabinete basadas en encuestas. Incluso, en su mejor momento, Macri debió intervenir personalmente para que el intendente de Córdoba se disciplinara y aceptara las estrategias duranbarbistas.
Ahora, con un gobierno que no pega una, que ha sumido al país en un combo casi terminal de inflación y recesión, con un Presidente con caídas constantes en sus índices de imagen, el hijo del exgobernador encontró el resquicio justo para plantarse definitivamente, contrariar a los estrategas del Pro y obligarlos a enfrentar una interna que no querían. El elegido para enfrentar a Juan Schiaretti había sido, por voluntad de Macri, el diputado Mario Negri.
Hasta última hora, la Casa Rosada intentó aislar a Mestre para doblegar su voluntad internista. Sin embargo, el intendente se encontró en el camino con un elemento que lo ayudó y que suele ser consecuencia de la soberbia: la torpeza.
Sorpresivamente, Macri optó por Luis Juez para la intendencia de Córdoba y dejó a la intemperie a Rodrigo De Loredo, quien venía siendo un disciplinado soldado suyo, pero que terminó aliándose con Mestre, su consumado archirrival dentro del radicalismo, para convertirse en su precandidato a intendente. Así, con esa movida, los dos subsanaron sus déficits más notorios: Mestre encontró un candidato con mayor envergadura que los que estaban anotados en sus filas, y De Loredo pasó a tener una estructura, la de la Municipalidad de Córdoba, de la que carecía por completo.
En política, las imágenes hablan tanto o más que las palabras. El martes, el día después de que quedara oficializada la interna de Cambiemos para definir a sus candidatos para la elección provincial, las dos listas hicieron presentaciones ante la prensa. La de Negri-Héctor Baldassi-Juez, conocida como la lista Balcarce por su disciplinamiento irrestricto con la Casa Rosada, fue sombría. Parecía una de esas conferencias que se dan después de una derrota. Gestos adustos, tonos monocordes, seriedad a rajatabla. Juez, siempre tan jocoso y que horas antes había estado exultante porque creía que su candidatura estaba asegurada, parecía aquejado por algún tipo de indigestión estomacal.
Del otro lado, la puesta en escena de Mestre-De Loredo era desinhibida y risueña. Tal vez, por la sensación que suele provocar el acto de patear el tablero.
Para Macri es una complicación. No sólo por la interna en sí misma y el fantasma de una derrota como la que sufrió en La Pampa, sino porque el hecho de que una porción nada desdeñable de radicales cordobeses haya decidido enfrentarlo, implica para él una muestra de anemia política y liderazgo debilitado. A Macri se le animan quienes antes se peleaban por sacarse una foto con él. Ni que hablar si, encima, Mestre gana el 17 de marzo, un escenario que, a esta altura, no es descabellado. Porque no sólo posee la estructura de la Municipalidad de Córdoba, sino porque, además, ató el acompañamiento de la mayoría de los intendentes radicales del interior, lo que amplía su base territorial, un elemento fundamental en una elección para la que queda menos de un mes.
En una interna que tendrá dos platos fuertes -la definición de los candidatos a gobernador y a intendente de Córdoba-, Río Cuarto tendrá su propio capítulo no carente de interés. Aquí se enfrentarán dos exintendentes: Benigno Rins, que encabeza la lista de legisladores de Mestre, y Juan Jure, que es el número uno en la nómina de Negri y que vuelve al escenario después de tres años.
Para Jure, que abandonó el Palacio de Mójica con altos índices de imagen negativa, representa un intento de recuperación, el inicio de un camino para volver a hacer política visible después de refugiarse en el directorio del Banco Hipotecario. El exintendente sumó a “La 30 de Octubre”, la organización que lo acompañó en sus dos gestiones y le dio militancia en los barrios. Formada por dirigentes como los concejales Carlos Ordóñez y Martín Carranza, Gonzalo Parodi (candidato a legislador departamental) y Lucas Castro, a cargo del reparto de planes de empleo en el sur, supo ser una expresión progresista en el radicalismo.
Irónicamente -o no-, “La 30”, que ha hecho del discurso social su bandera política, terminó cerrando con el “Grupo Balcarce”, que responde al macrismo más rancio. Con ese paso, esos dirigentes radicales se han convertido, ahora sí indubitablemente, en socios disciplinados de una gestión que viene causando estragos en los sectores humildes y medios del país. Ese alineamiento le ha dado argumentos inmejorables al llamosismo para desestimar de ahora en más cualquier crítica que “La 30” ensaye en el Concejo y en los medios contra su política social.
En los últimos días, Negri expresó su preocupación por la posibilidad de que el PJ “meta la cola” en la interna de Cambiemos. Es un temor fundado porque los aparatos se activan cada vez que se requieren sus servicios.
¿Qué podría pasar en Río Cuarto? Jure, ya sin estructura municipal, tiene para ofrecer en la interna la militancia de “La 30”, que está menguada pero persiste en parte. En teoría, al frente, Rins ya no dispone de una tropa numerosa. Sin embargo, tal vez sea una conclusión apresurada y engañosa.
Podría decirse que el exintendente se ha quedado casi sin nada... salvo con la posibilidad de la estructura municipal. Rins cultiva una relación excelente con el llamosismo, y sus adversarios en el radicalismo lo acusan incluso de ser un aliado del jefe comunal. La interna del 17 de marzo podría ser, si decidiera actuar, una oportunidad inestimable para que el oficialismo municipal cumpla con tres objetivos: acudir en auxilio de Rins, mantener a la oposición dividida, y desbaratar cualquier intento de Jure por reinstalarse.
Por eso, la lista de Mestre podría contar con la estructura y el aparato de los municipios más importantes de Córdoba, aunque no necesariamente gobierne en los dos.
La gestión de Juan Schiaretti sigue con atención las alternativas de la interna radical. Las heridas que seguramente quedarán después del 17 de marzo podrían ser funcionales a la pretensión de extender su hegemonía de 20 años.
Pero, a la vez, padece sus propios problemas, en los que se cuelan las especulaciones electorales. Uno de ellos es el escándalo del narcolavado en Río Cuarto, que ha trascendido las fronteras de la provincia y ha instalado en el país la sensación de que la segunda ciudad de Córdoba es una nueva Rosario, meca nacional de los narcos y los crímenes mafiosos.
En el gobierno provincial están convencidos de que en las usinas financiadas por la Jefatura de Gabinete que comanda Marcos Peña se orquesta una campaña sucia para Córdoba. Y en ese marco instalan no el caso del narcolavado, sino su utilización.
En el Panal consideran que las profusas notas nacionales sobre Río Cuarto fueron “operadas” por el oficialismo macrista. Remarcan que la seguridad será un eje central de la campaña electoral que está diagramando Cambiemos y que adjudicarle a Schiaretti un nuevo paraíso narco podría estar en línea con esa estrategia.
“Pero hay dos alas en el gobierno nacional. Mientras Peña armó la campaña sucia, Bullrich vino el jueves a desactivarla y se puso al lado de la Provincia. Es que la ministra no puede saber dónde empieza y dónde termina y cuáles pueden ser para ella las consecuencias de un caso como el de Río Cuarto”, especularon en el gobierno cordobés.
Durante su visita, Bullrich se reunió en Córdoba con el juez Carlos Ochoa, quien investiga el narcolavado, y le habría transmitido el apoyo de la Nación.
Es decir, la causa, que viene destapando una cadena de complicidades con el narcotráfico que se extienden, por supuesto, incluso a la propia Policía, ya aparece entremezclada con las especulaciones electorales. Y cada uno quiere salir de ese barro lo menos manchado posible.
Ahora, con un gobierno que no pega una, que ha sumido al país en un combo casi terminal de inflación y recesión, con un Presidente con caídas constantes en sus índices de imagen, el hijo del exgobernador encontró el resquicio justo para plantarse definitivamente, contrariar a los estrategas del Pro y obligarlos a enfrentar una interna que no querían. El elegido para enfrentar a Juan Schiaretti había sido, por voluntad de Macri, el diputado Mario Negri.
Hasta última hora, la Casa Rosada intentó aislar a Mestre para doblegar su voluntad internista. Sin embargo, el intendente se encontró en el camino con un elemento que lo ayudó y que suele ser consecuencia de la soberbia: la torpeza.
Sorpresivamente, Macri optó por Luis Juez para la intendencia de Córdoba y dejó a la intemperie a Rodrigo De Loredo, quien venía siendo un disciplinado soldado suyo, pero que terminó aliándose con Mestre, su consumado archirrival dentro del radicalismo, para convertirse en su precandidato a intendente. Así, con esa movida, los dos subsanaron sus déficits más notorios: Mestre encontró un candidato con mayor envergadura que los que estaban anotados en sus filas, y De Loredo pasó a tener una estructura, la de la Municipalidad de Córdoba, de la que carecía por completo.
En política, las imágenes hablan tanto o más que las palabras. El martes, el día después de que quedara oficializada la interna de Cambiemos para definir a sus candidatos para la elección provincial, las dos listas hicieron presentaciones ante la prensa. La de Negri-Héctor Baldassi-Juez, conocida como la lista Balcarce por su disciplinamiento irrestricto con la Casa Rosada, fue sombría. Parecía una de esas conferencias que se dan después de una derrota. Gestos adustos, tonos monocordes, seriedad a rajatabla. Juez, siempre tan jocoso y que horas antes había estado exultante porque creía que su candidatura estaba asegurada, parecía aquejado por algún tipo de indigestión estomacal.
Del otro lado, la puesta en escena de Mestre-De Loredo era desinhibida y risueña. Tal vez, por la sensación que suele provocar el acto de patear el tablero.
Para Macri es una complicación. No sólo por la interna en sí misma y el fantasma de una derrota como la que sufrió en La Pampa, sino porque el hecho de que una porción nada desdeñable de radicales cordobeses haya decidido enfrentarlo, implica para él una muestra de anemia política y liderazgo debilitado. A Macri se le animan quienes antes se peleaban por sacarse una foto con él. Ni que hablar si, encima, Mestre gana el 17 de marzo, un escenario que, a esta altura, no es descabellado. Porque no sólo posee la estructura de la Municipalidad de Córdoba, sino porque, además, ató el acompañamiento de la mayoría de los intendentes radicales del interior, lo que amplía su base territorial, un elemento fundamental en una elección para la que queda menos de un mes.
En una interna que tendrá dos platos fuertes -la definición de los candidatos a gobernador y a intendente de Córdoba-, Río Cuarto tendrá su propio capítulo no carente de interés. Aquí se enfrentarán dos exintendentes: Benigno Rins, que encabeza la lista de legisladores de Mestre, y Juan Jure, que es el número uno en la nómina de Negri y que vuelve al escenario después de tres años.
Para Jure, que abandonó el Palacio de Mójica con altos índices de imagen negativa, representa un intento de recuperación, el inicio de un camino para volver a hacer política visible después de refugiarse en el directorio del Banco Hipotecario. El exintendente sumó a “La 30 de Octubre”, la organización que lo acompañó en sus dos gestiones y le dio militancia en los barrios. Formada por dirigentes como los concejales Carlos Ordóñez y Martín Carranza, Gonzalo Parodi (candidato a legislador departamental) y Lucas Castro, a cargo del reparto de planes de empleo en el sur, supo ser una expresión progresista en el radicalismo.
Irónicamente -o no-, “La 30”, que ha hecho del discurso social su bandera política, terminó cerrando con el “Grupo Balcarce”, que responde al macrismo más rancio. Con ese paso, esos dirigentes radicales se han convertido, ahora sí indubitablemente, en socios disciplinados de una gestión que viene causando estragos en los sectores humildes y medios del país. Ese alineamiento le ha dado argumentos inmejorables al llamosismo para desestimar de ahora en más cualquier crítica que “La 30” ensaye en el Concejo y en los medios contra su política social.
En los últimos días, Negri expresó su preocupación por la posibilidad de que el PJ “meta la cola” en la interna de Cambiemos. Es un temor fundado porque los aparatos se activan cada vez que se requieren sus servicios.
¿Qué podría pasar en Río Cuarto? Jure, ya sin estructura municipal, tiene para ofrecer en la interna la militancia de “La 30”, que está menguada pero persiste en parte. En teoría, al frente, Rins ya no dispone de una tropa numerosa. Sin embargo, tal vez sea una conclusión apresurada y engañosa.
Podría decirse que el exintendente se ha quedado casi sin nada... salvo con la posibilidad de la estructura municipal. Rins cultiva una relación excelente con el llamosismo, y sus adversarios en el radicalismo lo acusan incluso de ser un aliado del jefe comunal. La interna del 17 de marzo podría ser, si decidiera actuar, una oportunidad inestimable para que el oficialismo municipal cumpla con tres objetivos: acudir en auxilio de Rins, mantener a la oposición dividida, y desbaratar cualquier intento de Jure por reinstalarse.
Por eso, la lista de Mestre podría contar con la estructura y el aparato de los municipios más importantes de Córdoba, aunque no necesariamente gobierne en los dos.
La gestión de Juan Schiaretti sigue con atención las alternativas de la interna radical. Las heridas que seguramente quedarán después del 17 de marzo podrían ser funcionales a la pretensión de extender su hegemonía de 20 años.
Pero, a la vez, padece sus propios problemas, en los que se cuelan las especulaciones electorales. Uno de ellos es el escándalo del narcolavado en Río Cuarto, que ha trascendido las fronteras de la provincia y ha instalado en el país la sensación de que la segunda ciudad de Córdoba es una nueva Rosario, meca nacional de los narcos y los crímenes mafiosos.
En el gobierno provincial están convencidos de que en las usinas financiadas por la Jefatura de Gabinete que comanda Marcos Peña se orquesta una campaña sucia para Córdoba. Y en ese marco instalan no el caso del narcolavado, sino su utilización.
En el Panal consideran que las profusas notas nacionales sobre Río Cuarto fueron “operadas” por el oficialismo macrista. Remarcan que la seguridad será un eje central de la campaña electoral que está diagramando Cambiemos y que adjudicarle a Schiaretti un nuevo paraíso narco podría estar en línea con esa estrategia.
“Pero hay dos alas en el gobierno nacional. Mientras Peña armó la campaña sucia, Bullrich vino el jueves a desactivarla y se puso al lado de la Provincia. Es que la ministra no puede saber dónde empieza y dónde termina y cuáles pueden ser para ella las consecuencias de un caso como el de Río Cuarto”, especularon en el gobierno cordobés.
Durante su visita, Bullrich se reunió en Córdoba con el juez Carlos Ochoa, quien investiga el narcolavado, y le habría transmitido el apoyo de la Nación.
Es decir, la causa, que viene destapando una cadena de complicidades con el narcotráfico que se extienden, por supuesto, incluso a la propia Policía, ya aparece entremezclada con las especulaciones electorales. Y cada uno quiere salir de ese barro lo menos manchado posible.

