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"Todavía lloro cuando saco a un bebé del vientre de la mamá"

La médica Martha Aegerter se dedica a la tocoginecología desde hace 40 años y asegura que aún se sigue emocionando con los partos. Habló sobre el crecimiento de la cesárea y se refirió a la falta de especialistas

La tocoginecología, especialidad que une la obstetricia con la ginecología, es un tipo de medicina que implica dedicación full time. Por eso, las personas que la ejercen consagran gran parte de su tiempo a atender a sus pacientes. Una de ellas es la doctora Martha Aegerter, quien desde hace 40 años ayuda a traer bebés al mundo. En diálogo con Puntal, la reconocida profesional aseguró que aún se emociona mucho cada vez que saca a un niño del vientre de su madre y se refirió a la falta de tocoginecólogos.

-¿Cuánto tiempo lleva de médica?

-Soy tocoginecóloga, una especialidad que hace obstetricia y ginecología. Soy médica desde 1977, es decir, desde hace 45 años. Estudié en la Universidad Nacional de Córdoba, pero nací en Río Cuarto.

-¿Por qué eligió su especialidad?

-Siempre me gustó más la obstetricia. Mi mamá era obstetra, ella lo llevaba en el alma y yo lo fui mamando de chica. Es más, de muy jovencita le ayudaba en los partos. Ella fue la que empezó con la psicoprofilaxis para el parto. Es decir, ella trajo a Río Cuarto la gimnasia, el parto sin temor y sin dolor. Yo la ayudaba con eso.

-Es una especialidad en la que hay mucha incertidumbre para el médico, en la que hay emergencias todo el tiempo…

-Sí, el teléfono está abierto las 24 horas del día, los 365 días del año. Es una especialidad con muchas más urgencias y riesgos que otras. Si bien es cierto que la obstetra trabaja, en general, con pacientes sanas, es una caja de Pandora: no sabés cuándo puede llegar a pasar algo y, habitualmente, tenés dos vidas en tus manos, la de la mamá y la del niño.

-¿Y cómo se convive con eso de estar siempre pendiente por si pasa algo?

-Una se acostumbra. Por allí a los que más les cuesta es a los familiares.

-¿Tiene contados cuántos partos atendió en su carrera?

-No, no los tengo contados. Al principio de mi carrera los había empezado a contar, pero después no seguí.

-¿Siempre ejerció en Río Cuarto?

-Sí, siempre. Trabajé en la parte pública y en la privada. Cuando me vine a Río Cuarto empecé en la Maternidad Kowalk, cuando el director era el doctor Montes, y en un consultorio privado. Después, entré al Hospital Central. Luego, creo que por una cuestión política, varios médicos tuvimos que dejar la Maternidad. Fue allí cuando entré en la Dirección de Salud de la Universidad, a cargo del consultorio de ginecología. Hoy sigo en mi consultorio privado, en un centro médico, y asisto a las internaciones en los sanatorios en los que las pacientes se sienten cómodas.

-¿Qué es lo más gratificante que le ha dado la profesión?

-Yo tengo unos 40 años ejerciendo mi especialidad y todavía lloro cada vez que saco a un niño del vientre de una mamá, me emociona muchísimo ese momento, el poder hacer que nazcan bien, el ver la sensación de la mamá, el compartir ahora mucho más la sensación del papá, a diferencia de lo que sucedía antes. No todos los casos son iguales. Hay pacientes que no la pasan bien y el obstetra es un médico en el que las personas se apoyan mucho.

-¿Qué es lo más difícil?

-Cuando te pasa algo. Gracias a Dios son pocos los casos pero, cuando ocurren, es un momento muy feo.

-¿Cómo se sale de eso?

-Cuesta mucho, no es fácil.

-Según las estadísticas, la cantidad de cesáreas ha crecido significativamente con respecto a los partos naturales, ¿tiene un sabor diferente el nacimiento por parto natural a la cesárea?

-La emoción es la misma, aunque cuando todo viene normal y natural es mucho más lindo. La cesárea, si todo sale bien, también es hermosa.

-¿Por qué ha crecido la práctica de la cesárea?

-Hay mucha gente que dice que es por comercio. Otros aseguran que es por comodidad del médico y no es así. No es comercio porque nos pagan lo mismo por una cesárea que por un parto natural. En cuanto a la comodidad del médico, no sé si alguno lo hará por eso, yo creo que no, pero puede ser. Entiendo que las cesáreas crecieron porque se ha avanzado mucho en el estudio de la salud fetal del bebé mientras está en el vientre de la mamá. Hay más y mejores controles maternos. Entonces, se corren muchos menos riesgos de patologías y complicaciones que pueden tener consecuencias en la vida de la mamá o del bebé. Eso se puede solucionar con una cesárea.

-¿Por qué hay menos obstetras de los que se necesitan?

-Creo que tiene que ver con el pago y también con que es una especialidad de urgencia en la que no tenés feriados, no tenés fiestas de fin de año ni cumpleaños. Es una parte de riesgo dentro de la medicina porque hay dos vidas en tus manos. Asimismo, si bien hoy los juicios por mala praxis están más tranquilos que en otros tiempos, a veces se hacen con mucha facilidad, sin estudiar bien las causas. Entonces, hay gente que quiere vivir un poco más tranquila y mejor.

-¿A cuántas generaciones ha atendido?

-En algunos casos voy por la tercera generación. Atendí a la abuela, a la hija y ahora a la nieta de la primera. Cuando recibí a la segunda generación de pacientes fue todo un shock (risas).

-Debe ser gratificante que la elijan varias personas de una misma familia…

-Sí, generalmente vienen por recomendación de la madre o de la abuela.

-¿Hasta cuándo piensa seguir trabajando?

-Hasta que el cuerpo y la cabeza me den. Espero que cuando no me dé la cabeza me dé cuenta (risas). Hablando en serio, estoy pensando en retirarme, son muchos años.

-¿Tiene muchas pacientes jóvenes?

-Sí, muchas… me dicen: “No te vas a jubilar”.

-Antes se refirió a la participación del papá en el parto, ¿puede entrar siempre al parto?

-Hoy no se le puede decir que no al papá que quiere entrar al quirófano. Si bien no es lo mismo un quirófano que una sala de parto, si el papá está preparado, su presencia durante el nacimiento es muy importante. El bebé no es únicamente de la mamá, es de los dos. Es verdad que las mujeres somos las que ponemos el cuerpo, pero quién puede decir que el padre no sufre o no se emociona. Es su hijo también. Me parece que para la pareja y para el bebé son momentos muy importantes.

-¿Qué opina de la postergación de la maternidad por parte de las nuevas generaciones?

-Es cierto que la mujer ahora busca cumplir sus anhelos profesionales antes que la maternidad. La proyectan para más adelante. Hay que tener en claro que mientras la maternidad es más tardía, las complicaciones son mayores. Las cosas han cambiado, pero, desde el punto de vista de la naturaleza, la mejor edad para tener hijos sigue siendo la que va entre los 25 y los 35 años.

-¿Tienen hijos que hayan seguido con su profesión?

-Con la medicina sí, aunque no con la tocoginecología. Tengo una hija que es médica psiquiatra.