La mayoría de los pilotos de automovilismo han surgido del karting. El Automóvil Club Río Cuarto ha creado una escuela para impulsar nuevos volantes. Hoy concurren a ella doce alumnos entre niños y jóvenes, los que en la brevedad, aunque algunos ya lo hicieron, comenzarán a competir.
En el espacio denominado Haciendo Escuela que PUNTAL viene publicando, hoy reflejamos esta actividad mecánica que es considerada la cuna de los volantes.
Gabriel Franke y Rocío Viglianco nos contaron cómo se viene llevando adelante esta iniciativa.
- ¿Con qué se empieza?
- Arrancamos con lo básico, que es la enseñanza del significado de las banderas. En total son cuatro clases de una hora y media cada una y al llegar a la última los pilotos les enseñamos lo que es sobrepasos y cosas de carrera para luego poder empezar a competir.
- ¿Los alumnos tienen que llevar el karting?
- No es obligatorio. El Automóvil Club Club tiene uno para los más chicos, de entre 5 y 8 años, y al ser socios se los presta sin cargo. También tenemos otro karting para los más grandes.
- ¿Cómo es la experiencia de enseñar?
- La verdad es que a mí me gusta mucho enseñarles o tratar de acortarles los pasos a los futuros pilotos.
No es tan fácil de enseñarles a los que arrancan de cero, pero nos sorprenden cada día con sus avances. Lo que vos les decís lo hacen y eso es muy importante para uno porque aceptan las indicaciones.
- ¿Qué les sorprende de los más chicos?
- Lo rápido que aprenden; siempre decimos con Rocío (Viglianco) que muchas cosas que para uno sería difícil que las hagan, ellos las hacen muy bien y fácil.
- Al llegar a la cuarta clase, ¿ya están listos para poder correr?
- Sí, tenemos algunos alumnos que ya han competido en la primera fecha del campeonato riocuartense y lograron muy buenos resultados. Y hay otros que están en el proceso y todavía les falta la experiencia para llegar a competir.
- ¿Cómo se comportan los padres al ver a sus hijos manejar un karting?
- Los papás quedan del otro lado del alambrado y desde allí observan cómo sus hijos aprenden. Lo que pasa, como en otras disciplinas, es que por ahí creen que ya son campeones, y eso no ayuda en nada en la enseñanza que le damos. Hay una pausa de unos quince minutos en cada clase y allí pueden ingresar los padres para ver a sus hijos, pero tampoco los dejamos que influyan tanto en el manejo de ellos.
Siempre les decimos a los chicos que primero tienen que ser buenas personas y luego serán mejores pilotos.
Darío Pablo Palacio
Gabriel Franke y Rocío Viglianco nos contaron cómo se viene llevando adelante esta iniciativa.
- ¿Con qué se empieza?
- Arrancamos con lo básico, que es la enseñanza del significado de las banderas. En total son cuatro clases de una hora y media cada una y al llegar a la última los pilotos les enseñamos lo que es sobrepasos y cosas de carrera para luego poder empezar a competir.
- ¿Los alumnos tienen que llevar el karting?
- No es obligatorio. El Automóvil Club Club tiene uno para los más chicos, de entre 5 y 8 años, y al ser socios se los presta sin cargo. También tenemos otro karting para los más grandes.
- ¿Cómo es la experiencia de enseñar?
- La verdad es que a mí me gusta mucho enseñarles o tratar de acortarles los pasos a los futuros pilotos.
No es tan fácil de enseñarles a los que arrancan de cero, pero nos sorprenden cada día con sus avances. Lo que vos les decís lo hacen y eso es muy importante para uno porque aceptan las indicaciones.
- ¿Qué les sorprende de los más chicos?
- Lo rápido que aprenden; siempre decimos con Rocío (Viglianco) que muchas cosas que para uno sería difícil que las hagan, ellos las hacen muy bien y fácil.
- Al llegar a la cuarta clase, ¿ya están listos para poder correr?
- Sí, tenemos algunos alumnos que ya han competido en la primera fecha del campeonato riocuartense y lograron muy buenos resultados. Y hay otros que están en el proceso y todavía les falta la experiencia para llegar a competir.
- ¿Cómo se comportan los padres al ver a sus hijos manejar un karting?
- Los papás quedan del otro lado del alambrado y desde allí observan cómo sus hijos aprenden. Lo que pasa, como en otras disciplinas, es que por ahí creen que ya son campeones, y eso no ayuda en nada en la enseñanza que le damos. Hay una pausa de unos quince minutos en cada clase y allí pueden ingresar los padres para ver a sus hijos, pero tampoco los dejamos que influyan tanto en el manejo de ellos.
Siempre les decimos a los chicos que primero tienen que ser buenas personas y luego serán mejores pilotos.
Darío Pablo Palacio

