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Judith Themtham, la polifacética y múltiple campeona

Practicó natación, tenis, vóley, cestoball, sóftbol, atletismo y hasta jugó al fútbol. Es la golfista que más veces (14) logró el título en el torneo anual del Río Cuarto Golf Club, superando por uno a su madre, Adelina de Rodríguez

Judith Themtham. La múltiple campeona del torneo anual del Río Cuarto Golf Club (14 títulos, uno más que su madre, Adelina de Rodríguez) es hoy la protagonista de la serie de entrevistas que Puntal viene realizando en el espacio “Te acordás de...”.

Themtham, además de haber sido una brillante jugadora de golf, también se destacó en varias disciplinas. “Yo probé todos los deportes. Hasta jugué al fútbol. Hice natación, tenis, vóley, cestoball, sóftbol y atletismo. Competí a nivel provincial en lanzamiento de jabalina y disco, pero era mucho esfuerzo”, comentó en el inicio de la nota.

- ¿Se destaca en todas esas disciplinas?

- Sí, sobre todo en los deportes de lanzamiento. No tenía un gran físico, pero tenía puntería. Me gustaban más las individuales que las de conjunto. Por eso es que me incliné más hacia la natación. Competí en aguas abiertas en el lago de Embalse. Lo hacíamos desde la central nuclear hasta el paredón.

- ¿Cómo fue que de tantas disciplinas se quedó con el golf?

- Yo sola empecé a cerrar el círculo porque tenía un problema cardíaco, en la válvula mitral. Me ponía muy colorada y me agitaba mucho. Entonces empecé a optar por los deportes más suaves. En vez de ir y consultar al médico, y eso que tenía a mi padre doctor en casa. En casa de herrero, cuchillo de palo.  

Veía que con natación no me cansaba y que con el golf  podía caminar varias horas sin problemas.

Hasta que al último me incliné por un golf, pero desparejo, porque dejaba y retomaba. A mí no me gustaba ir a la práctica, como sí lo hacía mi mamá.

A mí me gustaba la cancha, me gustaba competir conmigo o contra la cancha.



- ¿A qué edad fue eso?

- A los 12 años jugué mi primer torneo abierto en Tucumán, recuerdo que fue con palos prestados por Lidia Baccino, mi compañera del alma. Lo hice con un hándicap 36, ya que por entonces se lo sacaba por teléfono pidiendo las tarjetas. 

Hice unos scores de 63 y 64. No era mi categoría, así que de 36 me bajaron a 24.

Después de ese torneo me entusiasmé y me di cuenta de que el golf era lindo para competir. A mí siempre me gustó la competencia. Eso se lo debo mucho a mi madre (nota de la redacción: también múltiple campeona del torneo anual del RCGC). Ya de chica salíamos a jugar por el vaso de leche o la gaseosa. Ella me enseñó a competir.

- ¿Y una vez que agarró el golf con regularidad dejó el resto?

- Seguí con natación, me encantaba nadar crol, pecho y espalda. Y tenis dejé porque me agitaba mucho. 

- ¿Para quién nadaba?

- Para el Río Cuarto Golf Club. Yo iba al torneo que hubiese y me anotaba para mi club. 

- Y hoy por hoy juega sólo al golf.

- Sí, a mí me ha dado muchas satisfacciones este deporte. Siempre digo que el golf es un deporte que te da disciplina, te da conducta, te enseña una forma de vida, te educa. 

- Además de su madre, ¿quién le enseñó a jugar al golf?

- Nosotros tuvimos un gran maestro como lo fue el Gringo Baccino. También tuve algunas enseñanzas de Florentino Molina con un hierro uno, que por entonces era una hojita chiquita. Luego, Liberto y Mercado. La competencia me la dio mi mamá, por eso tuve un combo bastante bien armado.

- ¿Cuándo comenzó a destacarse?

- A partir del ochenta. Logré mi primer torneo anual del club y de ahí gané catorce campeonatos, no seguidos. Por uno superé a mi mamá. Recuerdo que fue todo un desafío eso. En ese torneo en el que logré alcanzar su marca, ella fue de espectadora y me decía que si me ganaba me rompía una pierna (risas).

Después dejé cuatro años y retomé. Estuve en Villa María viviendo y en cualquier lugar verde me ponía a tirar.

Al regresar a Río Cuarto volví, pero se nota el parate que tuve y además los años pesan. No en los tiros largos, pero sí en los cortos, en los que hay que tener precisión. Pero es mi vida y por eso lo sigo practicando.



Darío Pablo Palacio