Gabriel Rubinstein fue finalmente designado ayer como nuevo secretario de Programación Económica. La traducción del cargo sería el de la cabeza técnica (con conocimiento en la materia) de la gestión de Sergio Massa en el Ministerio de Economía.
Increíblemente, en medio de la crisis, el Gobierno se tomó casi tres semanas entre la designación del nuevo hombre fuerte de la gestión y el nombramiento de Rubinstein. No fue casual. Una vez que desde el entorno de Massa filtraron el nombre del elegido, alguien advirtió que los mensajes de Rubinstein sobre la gestión de Alberto Fernández en materia económica y sobre la vicepresidenta Cristina Fernández de kirchner en particular no eran los mejores. Por el contrario. Y que todas sus críticas estaban expuestas en Twitter. Curiosamente, en la era de las redes sociales, esto parece haber sido pasado por alto cuando se lo seleccionó.
Rubinstein siempre tuvo buen vínculo con Massa y, de hecho, cuando el de Tigre fue puesto al frente del ministerio, entre las críticas al Gobierno aparecían elogios en su red social al jefe del Frente Renovador.
Pero más allá de su comportamiento ácido en la red del pajarito, hay en el interior del Frente de Todos un recelo por la visión que tiene Rubinstein de la economía. Ahí ya hay algo importante, más de fondo. De hecho, los sectores más de izquierda ven en la figura del designado funcionario un contraste imposible de disimular. Y algunos ratificaron lo que habían anticipado al conocer el desembarco de Massa: se viene un giro hacia la ortodoxia que comenzó con el sinceramiento de tarifas (que seguramente no termina con la segmentación), el incremento en las últimas horas de los combustibles (que estuvieron pisados durante meses con una inflación que se aceleró), revisión de planes sociales, recortes en obras y universidades y habrá que ver si tiene margen para pasar la tijera por lugares aun más sensibles.
Rubinstein mostró su buen vínculo con Massa y, de hecho, cuando el de Tigre fue puesto al frente del ministerio, hubo elogios en su red social al jefe del FR.
Ya Rubinstein había dado su diagnóstico, previo a conocer que su nombre estaba en el radar para ocupar la conducción técnica de la economía. A comienzos de mes, había destacado que “lo urgente e importante en Argentina es terminar con el desequilibrio fiscal, mejorar la credibilidad interna y externa (importante desde lo político) para fortalecer reservas y mantener un ‘endeudamiento responsable’”, dijo el ahora secretario de Política Económica.
Y agregó: “Bajo estas condiciones, la inflación podría comenzar a estabilizarse en niveles razonables. Caso contrario, el riesgo hiperinflacionario seguirá tocando la puerta y cada vez más fuerte”.
Ese es el fantasma que azuzará para tratar de hacer digeribles las medidas más antipáticas que puedan aplicarse a partir de ahora y antes de que lleguen los tiempos electorales. Si hay que hacer cirugía mayor, es ahora.
En este sentido, el propio Rubinstein deslizó que “puede haber un escenario de mejora, de pasar una inflación de 7% a 4% en meses y dar tranquilidad en lo electoral”, también siempre según lo apuntado en su cuenta de Twitter, una suerte de pequeño manual ilustrado de su pensamiento.
Para llevar adelante lo que cree que será inevitable, cuenta con el paraguas político de Massa, cosa que no tuvo su antecesora que pareció ser sólo un interregno hasta la solución final que tenía pendiente el Gobierno. “La llegada de Massa al Ministerio de Economía sería positiva, dado el descalabro actual. Alguien debe poner un poco de orden y estar ‘empoderado’ para ello. Veremos el alcance del ajuste fiscal. Y si su estrategia cambiaria es la adecuada”, remarcó Rubinstein en su red social favorita horas antes de la formalización de Massa en Economía.
El ahora secretario dejó entonces claro cuáles serán sus metas: equilibrio fiscal, mayor orden en el marcado cambiario, alentar la acumulación de reservas y ganar credibilidad adentro y afuera. Todo bajo una advertencia: la inflación ya está en niveles fronterizos y cualquier plus puede terminar en una hiper. De hecho, este año será difícil bajarla del 100%. Después del 7,4% de julio, si los precios aumentan al 7% promedio en agosto y luego el 6% se repite el último cuatrimestre, el acumulado de 12 meses será 99,4%. Hay que recordar que las subas de combustibles y de tarifas pueden ser anabólicos o aceleradores adicionales de esa dinámica. Por lo cual, los cálculos mensuales anteriores pueden resultar optimistas.
No es descabellado pensar que, en realidad, Rubinstein viene ya trabajando con Massa desde “las sombras”. De hecho, los primeros anuncios fueron todos en línea con los deseos de Rubinstein.
Ahora llegará la etapa también de ir a presentarse al mundo con el equipo completo y un perfil mucho más ortodoxo y promercado. El ministro tiene prevista la gira por los Estados Unidos y una reunión con el Fondo Monetario. Allí hay una parada brava. El organismo internacional espera conocer los planes para cumplir el acuerdo firmado y cerrar con el 2,5% de déficit este año. Por todo, no será una gestión económica que comience con buenas noticias. Todo lo contrario. Por eso, tener el paraguas político era necesario, al igual que silenciar la feroz interna.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

