La inflación se rebela y ahora se suma la carne como motor
Con febrero ya en carrera y un marzo que siempre levanta algunos grados la temperatura de los precios por el reinicio pleno de actividades, especialmente las escolares, el Ministerio de Economía debe lograr que las cifras inflacionarias del arranque de año se ubiquen lo más abajo posible para amortiguar lo que viene y alcanzar la ambiciosa meta fijada por el ministro Sergio Massa de desinflar el índice a un 3% en abril. Si cuando lanzó ese objetivo parecía una empresa compleja, hoy lo es aun más por una serie de datos que se fueron conociendo en los últimos días y que podrían marcar incluso un cambio de tendencia en el leve descenso inflacionario que mostraron los últimos meses. Siempre es bueno aclarar en este punto que esa leve baja se da sobre un piso demasiado elevado, por encima del 5% mensual que pone los acumulados anuales arriba del 70% como piso.
El Centro de Almaceneros de Córdoba dio a conocer ayer su informe de enero: 5,86% de inflación y un acumulado anual del 100,05%.
El telón de fondo sobre el que deberá trabajar el despacho del quinto piso del Ministerio de Economía es el proceso electoral que también irá ganando intensidad con el correr de las semanas. De hecho, comenzaron los movimientos internos del propio oficialismo con la convocatoria a la mesa política que haría el presidente Alberto Fernández en breve. En la vereda del frente, en Juntos por el Cambio, por ahora cada uno hace su juego, una estrategia que en algún momento deberá comenzar a amalgamarse. Por ahora sobran candidatos presidenciales que circulan por las provincias: la semana pasada fue el turno en Córdoba de Patricia Bullrich y esta semana llegará María Eugenia Vidal, que también se anotó en la carrera. Ya había pasado Horacio Rodríguez Larreta durante el Festival de Jesús María. Es difícil que en ese contexto la cartera que conduce Massa pueda sostener un esquema rígido de control del gasto para intentar ordenar los desajustes fiscales que ostenta la Nación. En verdad, se encuentra en medio de una encrucijada porque, si decide liberar trabas, el precipicio inflacionario está cerca y con ello el derrumbe electoral; si decide hacer lo necesario para bajar fuerte la escalada de precios, puede terminar con una contracción económica que tampoco es un buen escenario para ir a las urnas. En el medio, el Gobierno deberá jugar al tira y afloje para mantener chances de continuar en el poder.
Pero no le será fácil. Porque después de tener un ancla de peso desde mediados del año pasado -justo cuando la inflación dio un salto y amenazó con desbocarse tras la salida del exministro Martín Guzmán- la carne empezó a moverse y es el nuevo motor que podría acomplarse a la velocidad crucero que traían los precios. Con la carne estable, un tipo de cambio que se movió por debajo de la inflación y las tarifas que corrieron también más lento, el movimiento de los precios orilló el 95%.
La pérdida de poder adquisitivo frena el consumo: las ventas minoristas cayeron 3,4% en enero frente al mes anterior y un 0,3% contra el mismo mes de 2022.
Hay un dato relacionado con la carne vacuna que preocupa: por cada 10% que sube el precio, empuja un punto el IPC. En las últimas semanas las carnicerías y las góndolas de los supemercados aumentaron el valor más del 20%. El origen de esa escalada está relacionada con múltiples factores entre los que está el mencionado atraso de precios de más de un semestre combinado con la variable climática de sequía que afectó con fuerza desde el invierno hasta el tramo final de enero. Ahora, con un alivio en el régimen de lluvias, la tendencia cambia. Hasta aquí muchos productores no tenían cómo sostener la hacienda en los campos por falta de pasturas y el alto precio de los sustitutos. Eso llevó a engrosar la oferta y, con una demanda que permanece planchada por la restricción de los ingresos de la población, los valores encontraron un techo inquebrantable. Pero la producción de carne siempre da la vuelta y termina ajustándose más temprano o más tarde. Ahora inicia un ciclo inverso en el que, además, los animales empiezan a subir de precio y tenerlos suma beneficios como reaseguro de valor en una economía volátil. Por lo cual, además de las restricciones ya impuestas por la sequía, que derivará en menos destetes y terneros producidos -sumando los incendios del año pasado en Corrientes, que es una provincia relevante en ese segmento-, ahora habrá menos interés en desprenderse de los animales, por precio y por pasturas disponibles tras las lluvias. En el mercado de la carne, la suba era descontada. Era cuestión de tiempo. Pero, a su vez, como siempre ocurre con ese producto, no hay un movimiento suave, sino que los ajustes son de a saltos.
¿Qué hará el Gobierno ante esto? El temor en la cadena de la carne es que, ante la imposibilidad de controlar la suba retrasada, les apunte a las exportaciones, como ocurrió en otro momento durante el primer tramo de la presidencia de Fernández o antes, durante la gestión de Cristina Fernández. El atajo sería volcar más producción al mercado interno para ampliar la oferta y frenar la escalada. El problema de largo plazo es conocido: eso suele dar resultado durante unos meses y luego, sin incentivos, la pérdida de cabezas es inevitable y la oferta termina achicándose de todos modos, pero hasta un piso menor y más difícil de recuperar. Pan para hoy, hambre para mañana. Mientras tanto, el Gobierno relanzó Precios Justos, aunque su impacto carezca de relevancia.