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Liliana Montero: “Hoy la situación más complicada es en Oliva”

La Legisladora publicó un libro que reúne su trabajo de los últimos cinco años recorriendo los hospitales de salud mental de la provincia. Pide que se reglamente la ley de acompañantes terapéuticos

El estado de los servicios de salud mental de los hospitales públicos provinciales, polivalentes y monovalentes, está bajo la mirada rigurosa de la legisladora Liliana Montero hace ya un par de años. Recientemente acaba de publicar un libro titulado “Un estado de locura” que sintetiza su trabajo.

La lucha por la desmanicomialización -para que los tratamientos no se centren exclusivamente en las instituciones psiquiátricas-, el pedido por más equipos de trabajo y dispositivos para evitar la internación son algunas de las demandas que la legisladora viene sosteniendo.

Con un pie en el hospital provincial Dr. Emilio Vidal Abal, de la ciudad de Oliva, que tiene más de 100 años, y otro en el hospital José Ceballos, de Bell Ville, Montero logró poner en agenda el estado calamitoso en el que se encuentran las instituciones. También, focalizó sus esfuerzos en el Hospital Neuropsiquiátrico y el Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción (Ipad) de la ciudad de Córdoba. 

“Yo soy psicóloga. No era la primera vez que entraba a un psiquiátrico, no era la locura o el padecimiento psíquico lo que me impactaba sino lo que el Estado hacía con eso. Es fuerte poder decir ‘esto está pasando en mi provincia’”, señala la legisladora Liliana Montero.

-¿Qué viste en los hospitales?

-En el 2012 empezamos un recorrido y encontramos que el sistema de salud estaba todo deteriorado, lo único en pie era La casa del joven, el Neuropsiquiátrico era un horror. El Ipad tiene capacidad para 40 y cuando fui a ver, había 80 personas, gente durmiendo en el piso, y una persona encadenada a una silla. Y eso sucedía a metros del Panal. El gobernador se asomaba a la ventana y veía el Neuro y el Instituto. Está todo a la vista y absolutamente invisibilizado. La locura y la muerte asustan mucho. Ese susto hace que el Estado se haya aprovechado de ese mecanismo de defensa de los ciudadanos de no querer saber y de no involucrarse.

-¿Cómo surgió la iniciativa de armar un libro?

-La idea se me ocurrió a mí. Hace un año empecé a pensar, veía las carpetas con el material en mi oficina, fotos, recortes, de los cinco años pasados, y era una pena no sistematizarlo.

Además, me parecía que había hecho mucho en calidad de legisladora y que la pelea cotidiana había soslayado lo que me había atravesado en el cuerpo como persona, lo que había sentido, vivenciado al entrar al hospital y el contexto en el que se daba.

-¿A quién va dirigido?

-Es una síntesis personal y una manera de rendir cuentas como legisladora hacia los ciudadanos que me dieron el voto y a la Universidad que me formó como psicóloga. 

El libro es para todo el mundo y es ineludible que lo tienen que leer los equipos de salud. Fue pensar que la salud mental es algo que nos compete a todos.

En 2011, y por primera vez, hubo una legisladora con título de psicóloga en la banca legislativa. “No fue casual que se haya despertado todo esto y poner sobre la agenda la necesidad de visibilizar estos espacios”, expresa Montero.

-¿Hubo avances en estos años?

-A posteriori de 2013, después de que se produce el video “El horror de Bell Ville”, se hace la primera marcha de salud mental y en paralelo la Universidad Nacional, con Carolina Scotto como rectora, y la Universidad Católica de Córdoba, con Rafael Velasco, salen como instituciones a sostener lo que yo decía. Se levantaron muchas voces que son centrales. Vemos cambios lentos y una estrategia del gobierno de decir ‘esto no está pasando, esto es mentira’. Luego de que entrara el tema a la agenda pública y de denuncias penales, a principios de 2015 se empieza a invertir dinero, porque era inevitable. 

Creo que el cambio más importante se empieza a dar a principios de 2016, con Juan Schiaretti: aumenta el presupuesto destinado a la salud mental y se hacen obras, pero básicamente se empieza a trabajar con los equipos de trabajo, como lo dice la ley de salud mental. Además, comienzan obras de refacción en Bell Ville, en el Centro Psicoasistencial (CPA) en la ciudad de Córdoba. Allí había personas alojadas que en 23 horas no veían la luz, mientras esperaban un proceso penal, la declaración  de imputabilidad, o a causa de un brote psicótico. Un horror, estuve hace poco y se están haciendo obras.

En el Hospital Santa María también ha habido avances. Hoy la situación más complicada tiene que ver con Oliva, que es un verdadero espanto. Es el hospital que más personas tiene: 400. En términos de capacidad es un monstruo,  llegó a tener 4.000 personas. Hoy es la población más grande y estamos viendo qué acciones tomar. 



Cambio  de paradigma 



Montero señala que “ha habido aumento de presupuesto y de dispositivos alternativos para evitar la internación”. Sin embargo, “hay que redistribuir recursos”, sostiene.  “La mayoría del presupuesto sigue estando asignado a los hospitales”, explica, “y no así a los acompañantes terapéuticos”.

En ese sentido, enfatiza: “Tenemos una ley sancionada en 2016 y aún no logramos que la reglamenten. No tenemos acompañantes terapéuticos, que son centrales para poder externar a las personas”.

Al mismo tiempo, indica que en los hospitales existe una población que “por más esfuerzo que hagamos va a quedar a resguardo del Estado”. “La población caracterizada por padecimiento psíquico es la más avanzada en edad. Cada vez hay más personas grandes internadas, que envejecen dentro del lugar y son difíciles de externar porque no tienen familia o porque  los padres no se pueden hacer cargo. La obligación que tenemos es que esos espacios sean dignos”, explica la legisladora.

Además, desde su profesión como psicóloga, Montero opina que “hay malestares institucionales” que afectan a los centros de salud mental y que “no permiten generar un cambio de paradigma”. 

“Los directores llegan en paracaídas, sin hacer el debido diagnóstico institucional”, dice. Y finaliza: “El cambio de paradigma es un proceso que no se hace de la noche a la mañana, pero como profesionales de salud mental tenemos la función de ayudar a esos cambios”.



Magdalena Bagliardelli