Politizada, sí, pero lo suficientemente masiva también como para encender al menos luces amarillas en el seno de la administración libertaria: así fue la marcha universitaria realizada ayer en el centro porteño y en las principales ciudades de la Argentina.

Con un objetivo unificado a lo largo y ancho del país, más allá de la heterogeneidad de participantes y sectores que se sumaron a la manifestación, se trató de un esfuerzo multitudinario en busca de aplicarle un freno de mano a la inclusión de la educación pública en el plan "motosierra" del gobierno nacional.

El presidente Javier Milei se marchó de la Casa Rosada un rato antes de que la movilización confluyera en la Plaza de Mayo, luego de haber replicado en redes sociales comentarios de usuarios, de perfil libertario, que intentaron desacreditar la protesta nacional tildándola de "marcha política".

En los últimos días, dicho sea de paso, no terminó de quedar claro si al Gobierno le inquietaba la manifestación en sí misma o era la intromisión de la política lo que más le generaba ruido: ayer mismo por la mañana el propio vocero presidencial, Manuel Adorni, se manifestó al respecto.

"Casi un tren fantasma", opinó al enumerar a dirigentes peronistas o de izquierda que brindaron su respaldo al reclamo, al igual que organizaciones sindicales, e insistió en que "el tema presupuestario está resuelto" y el dinero, "transferido" a las universidades públicas.

Claramente se trató de una marcha que se politizó, como quedó en evidencia en pleno acto final, con el tenor de los discursos pronunciados en un escenario montado a metros de la Casa de Gobierno y al que se subieron referentes de la comunidad educativa nacional, junto con líderes sindicales e históricos militantes de derechos humanos, con Taty Almeida y Adolfo Pérez Esquivel: ambos, acompañados por otros promotores de la iniciativa, acaban de presentar en el Congreso de la Nación un pedido de juicio político contra Milei por "mal desempeño de sus funciones y posible comisión de delitos".

Por consiguiente, que la política se inmiscuyó no quedan dudas, más aún con la presencia del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y del excandidato presidencial Sergio Massa, entre otros dirigentes, en la marcha. El radical Martín Lousteau también asistió, en momentos en los que se ha puesto bajo escrutinio el manejo de los recursos estatales que recibe la Universidad de Buenos Aires (UBA), entidad en la que pisa fuerte su cercano correligionario Emiliano Yacobitti.

Sin embargo, y más allá del cotillón ideológico incluso de quienes se expresaron micrófono en mano en el corolario de la manifestación, la de ayer se trató de una protesta a la que decenas de miles de personas en todo el país asistieron de manera genuina y con un único propósito: enviarle un mensaje directo a Milei para decirle: "Con la universidad pública no".

Habrá que auditar las cuentas de las casas de estudio nacionales, habrá que plantear discusiones pedagógicas, por qué no también, en función de robustecer la calidad educativa, o evaluar la posibilidad de arancelar el acceso para los extranjeros no residentes, como se debatió ayer mismo en redes sociales, por ejemplo: el abanico es amplio y parece necesario que el Gobierno lo despliegue en su totalidad.

Habrá que ajustar entonces en donde se tenga que ajustar, pero quedó demostrado en la potente foto que dejó esta marcha nacional que una porción significativa de la sociedad está dispuesta a aplicarle un freno al plan "motosierra" de Milei, marcándole así un límite: la educación pública en la Argentina, por cierto, eslabón indispensable para cualquier intento de movilidad ascendente en el país.

A la luz de lo sucedido, en el seno del Gobierno deberían al menos encenderse luces amarillas que le sirvan a Milei para meditar mejor sus movimientos, antes de arriesgarse a otro paso en falso. El Presidente quiso avanzar sobre las universidades y cuando se percató de que había tocado un nervio sensible e intentó dar marcha atrás, ya era demasiado tarde: las imágenes que se vieron ayer hablan por sí solas.

Un reclamo que también se hizo sentir con fuerza en el interior del país

Multitudes congregadas en las grandes y medianas ciudades del país, donde están afincadas la mayoría de las 57 universidades nacionales, salieron a las calles y a las plazas para aunar su voz en defensa de la educación y la ciencia públicas.

“Universidad, de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode”, era uno de los cánticos que ganaron eco entre los miles de manifestantes, quienes a las 16 iniciaron la Marcha Nacional Universitaria desde la sede central de la Universidad Nacional de Cuyo (Uncuyo), una de las grandes convocantes y donde cursan 49.000 estudiantes en todos sus niveles, a la Plaza Independencia, en el centro de la ciudad de Mendoza.

Pese a no arriesgar un número de manifestantes, los medios mendocinos destacaron en sus ediciones online el carácter “multitudinario” que la marcha tuvo en la capital de la provincia cuyana.

Diferentes agrupaciones, militantes sociales, docentes, no docentes, estudiantes, dirigentes políticos santiagueños marcharon en horas de la mañana, desde la Universidad Nacional de Santiago del Estero (Unse) hasta la plaza central de la capital santiagueña en “defensa de la universidad pública, gratuita, laica, científica y de calidad”.

Más de diez cuadras de personas marcharon por las calles de la ciudad de Santiago del Estero, con carteles y expresiones que remarcaban “Corre peligro del derecho a acceder a la educación pública”, “Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema” y “El saber rompe las penas de la esclavitud”, entre otras.

La Marcha Nacional Universitaria llegó hasta la retreta de la plaza Libertad, en el centro de la ciudad capital, en donde sus organizadores -la Asamblea Universitaria Permanente de la Unse- leyeron un documento y adhesiones a la defensa de la universidad.

En tanto, unas 12 cuadras de extensión alcanzó ayer la movilización en la ciudad de Mar del Plata, sede de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp) y donde también tienen representación otras casas de estudio, centros de investigación científica y polos productivos vinculados al quehacer universitario.

Las consignas en defensa de la educación pública se solapaban con cánticos contra las políticas desplegadas por el tándem Javier Milei-Luis Caputo.

En Bariloche una multitud pocas veces vista en los últimos años, según el comentario en el que coincidían muchos participantes, se movilizó desde la esquina de Onelli y Moreno hasta el Centro Cívico, donde los organizadores debieron comenzar con el acto previsto antes de que la marcha terminara de atravesar las arcadas de la icónica plaza local.

Los manifestantes, en su gran mayoría jóvenes, se encolumnaron detrás de las autoridades de las universidades nacionales con presencia en la ciudad, que marcharon al frente: la de Río Negro y la del Comahue, la UTN, el Instituto Balseiro y el Conicet Patagonia Norte.

El Gobierno relativizó el impacto de la manifestación

Pese a las imágenes multitudinarias que se desprendían de la protesta, en el Gobierno prefirieron relativizar la marcha. “Nos importa un pito. No nos cambia nada, esa es la mejor descripción”. Eso pese a que desde las filas libertarias, en las horas y días previos buscaron desactivar, sin suerte, la marcha. “El tema universitario está saldado y eso es lo importante”, recalcaban en referencia al aumento del presupuesto concretado en la noche de este lunes.

Por lo pronto, el presidente Javier Milei optó por retirarse de la Casa Rosada antes de que llegaran las columas a la Plaza de Mayo y seguir la manifestación desde la quinta de Olivos.

Desde el corazón libertario consideraron que lo que sucedió este martes estuvo “claro” y en eso apuntaban a la “vieja política”. “Ver a Sergio Massa caminando en la marcha cuando fue él el que congeló el presupuesto, habla por sí solo”, apuntaban desde Casa Rosada. “No nos afectan en absoluto los acontecimientos”, completaron y respecto del número de asistentes, apuntaron: “Si se suma peronismo, CGT, CTA, Coalición Cívica, CTA, Unión Cívica Radical (UCR) da un número, pero no es representativo de lo que es el país”, añadieron.

“Marchan todos en defensa de sus privilegios”, decían. En esa línea afirmaban que tampoco había “un gran número de gente joven”, su principal base electoral y en la misma línea apuntaban a las banderas políticas que terminaron “copando” la marcha en contra del ajuste educativo aplicado por el Gobierno.