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Entrevista a Inés Moisset: "La principal desigualdad está en la invisibilización de la mujer"

La reconocida arquitecta, creadora del colectivo "Un Día / Una Arquitecta", hizo un repaso sobre su carrera en la investigación y se refirió a la actualidad de las luchas de género en un campo "masculinizado". Analizó, también, futuros conceptos en diseño urbanístico.

“El campo de la arquitectura está muy masculinizado, se ha llegado a decir que las mujeres no podían desarrollarse en esta disciplina”, sostuvo la arquitecta cordobesa Inés Moisset. La especialista es reconocida a nivel internacional por su trabajo de investigación en la disciplina, pero también por su activismo en las luchas de género desde el colectivo “Un Día / Una Arquitecta”, desde el que se busca visibilizar el trabajo de las mujeres destacadas de todo mundo.

Luego de cursar sus estudios en Córdoba y comenzar a dar sus primeros pasos en la docencia y la investigación, tuvo la posibilidad de realizar un doctorado en Venecia (Italia). “Mis padres son arquitectos y yo ya había viajado por una beca de mi padre, pero es fascinante vivir ahí, porque todo lo que estudiás en la facultad te lo encontrás”, comentó y agregó: “Habitar esos lugares tiene algo raro para nosotros, que somos latinoamericanos y tenemos ciudades nuevas con un dinamismo muy intenso, y es agobiante estar en ese lugar que desde años es igual. Estéticamente son bellas, pero estamos acostumbrados a otras dinámicas”, explicó.

Si bien este período de estudios duró 3 años, Moisset mantenía sus vínculos con Argentina, a partir del trabajo con las universidades, y el fomento que se daba al estudio por títulos de posgrado. “Viajaba mucho, con algunas temporadas en las que daba clases en Córdoba, pero siempre sabía que me volvía, era un compromiso que firmamos en la beca de que cumpliríamos con un tiempo en el país luego de la formación”, precisó la arquitecta sobre sus primeros años, mientras que resaltó la importancia de la educación pública en este sentido: “Estuve en primaria, secundaria y en la Universidad Nacional, incluso pude hacer un doctorado con una beca del Ministerio de Educación, es decir, el Estado siempre me apoyó en mi formación y a eso hay que reconocerlo”, completó.

- ¿En qué realidad se encuentra el campo de la investigación en la actualidad?

- Cuando comencé prácticamente no existía este campo, de hecho, cuando entré al Conicet en 2002 éramos dos arquitectos los que nos incorporamos. Años más tarde se consiguió que a quienes estábamos dentro de esas disciplinas nos nuclearan en un área de Hábitat, con sociólogos y geógrafos, por ejemplo, y tuvimos un campo disciplinar propio. Vemos que ha ido creciendo, con los altos y bajos que Conicet ha tenido en estos años, pero en este momento es un espacio interesante, donde se producen cosas importantes, con el momento en el que debemos articularlo institucionalmente a que baje a planes de estudio, proyectos de planificación de territorio en municipios y demás.

- El de la arquitectura es un campo muy dinámico, que va de la mano de avances en las ciencias y coyunturas socioeconómicas, por lo que debe ser un desafío constante para quienes lo estudian.

- Sí, cada cambio económico que vivimos repercute en las ciudades, en la población, si hay más migraciones, si se ocupan o no los territorios, de decisiones políticas de hacer cosas, por lo que permanentemente una tiene que estar al tanto de lo que va ocurriendo. También se puede estar tranquilo haciendo casas para clientes y ejercer así la profesión, pero hay un campo de pensamiento en la arquitectura que está muy pendiente del contexto y hay que estar al tanto de todo lo que nos va ocurriendo.

- ¿Cuál es la actualidad de las mujeres en el ámbito de la arquitectura?

- Siempre se pensó que es un campo muy masculinizado, en el que las mujeres no tenían nada que hacer. Es algo que ha quedado evidenciado en textos de distintos arquitectos y algunas personas que me gusta citar, como la frase de Benito Mussolini que decía que la mujer es incapaz de hacer arquitectura; más allá de dónde viene esa posición, representa mucho de lo que se piensa habitualmente. Desde ya, eso produce una brecha importante en lo salarial, algo sobre lo que hay varios estudios realizados, e incluso en la cantidad de metros cuadrados que construyen los hombres, que es mayor a los de las mujeres, o al menos los metros firmados en los colegios de arquitectos. Se estima que el 41% de las personas matriculadas son mujeres, lo que quiere decir que no estamos tan lejos de la paridad, pero a la hora del cálculo de los metros cuadrados se notan las diferencias.

Por otra parte, Moisset detalló que en instituciones gremiales y en los colegios también hay una gran disparidad de cargos jerárquicos ocupados por mujeres. “Una de las cosas notables es que uno podría decir que no hay mujeres, pero es algo que no es correcto, porque, después de la vuelta de la democracia, en 1987 la matrícula de mujeres estudiando Arquitectura era igual a la de varones, por lo que ya han pasado 30 años en los que se debería reflejar en las instituciones, en la brecha salarial y en las universidades”, recalcó y ejemplificó: “En la UBA (Universidad de Buenos Aires), donde yo trabajo, hay 27 cátedras de proyectos de arquitectura y no hay ninguna mujer titular de esas cátedras, algo muy llamativo en una de las universidades de más prestigio del país”.

En esta línea, la investigadora sostuvo que todo esto está relacionado con la invisibilización que se ha hecho de lo que hicieron las mujeres a lo largo de la historia de la arquitectura. “Es el campo específico en el que trabajo dentro de Conicet, con la necesidad de develar cómo se fue dando en la mujer esta historia, desde que pintaron las cavernas en la prehistoria, las que hicieron muchos hábitats, sobre todo de los pueblos originarios, la ruca mapuche, las tiendas de los hopi en América del Norte, las masai en África, son todos tipos de viviendas construidas por mujeres y que no se estudian en una facultad de arquitectura, porque se ve lo que se construía en Europa y por hombres blancos”, consideró Moisset.

- ¿Cómo surge el colectivo “Un Día / Una Arquitecta” en esa búsqueda por dar visibilidad al trabajo de la mujer?

- Yo veía en algunas investigaciones que faltaban piezas en la historia de la arquitectura y en las redes sociales observaba que todos destacaban obras de sus héroes, pero prácticamente no había mujeres. Por esto, decidí armar un espacio en el que publiquemos todos los días datos de una arquitecta. Al principio éramos 6 escritoras y luego fuimos convocando a otras colegas, del ámbito académico y también de medios de comunicación, y rápidamente pudimos darle difusión. En principio era un proyecto que iba a durar un año, con 365 arquitectas, y hasta nos llegaron a decir que no conseguiríamos tantas para completar el objetivo, pero hicimos un listado y superamos ese número. Con la difusión, también mucha gente se acerca para comentar del trabajo de otras arquitectas y así te enterás de que hay muchas obras hechas por mujeres y de las que no se tenía conocimiento. Además, muchas fueron publicadas en su época con los créditos correspondientes y después, en los libros de diseño y arquitectura, las van corriendo de escena, o eliminándolas de los créditos o quitando su obra del relato. Hay algunas que son muy significativas y no se las estudia.

Moisset explicó que su trabajo actual es justamente en esta línea, con los mecanismos de escritura de la historia. “Con ‘Un Día / Una Arquitecta’ pudimos empezar a escribir las biografías de estas arquitectas, localizar sus datos, imágenes de las obras y todo fue creciendo, con muchas visitas en el sitio, algo que no habíamos imaginado”, remarcó.

- ¿Qué respuesta obtuvieron de otros lugares del mundo a la iniciativa?

- Yo publicaba en una revista que se llama “30-60, cuaderno latinoamericano de arquitectura”, por lo que ya tenía contacto con muchas arquitectas de todo el continente que formaron parte de la red inicial de redactoras. También lo tenía con mujeres de España, por ejemplo, y así ya contábamos con una red internacional. Después comenzamos a contactarnos con otras redes que tenían proyectos similares o algunos que surgieron de nuestro trabajo, como sucedió en Italia. De este modo, actualmente tenemos una base de datos de 1.200 arquitectas y con la posibilidad de ampliar mucho más, por lo que mientras más colectivos se sumen será mejor.

La investigadora manifestó que, si bien hay un gran número de referentes nacionales en la arquitectura (ya tienen varios proyectos para publicar reseñas de las principales), todos los libros del campo que dan cuenta de quienes se destacaron en la disciplina cuentan solamente con el 1% de mujeres. “En nuestro país ya superamos ampliamente las 150 mujeres que se han destacado en nuestro país”, completó.

- ¿Es necesario replantearse los diseños de urbanismo en cuanto a conceptos de igualdad de género y seguridad?

- Si bien no me especifico en esta línea de trabajo, puedo asegurar que sí, porque todo lo que hay está planteado desde una perspectiva patriarcal, el diseño de las ciudades está pensado en esta perspectiva. Hay muchas cosas pensadas desde el automóvil, más allá de lo que es la actualidad con la pandemia por el Covid-19 por el transporte público, pero está comprobado que los que tienen la posesión de los autos son los varones y las que usan el transporte público en su mayoría son las mujeres. Por esto, hay que repensar cómo son los recorridos, cómo se los puede mejorar para que las mujeres puedan moverse por las ciudades. El urbanismo está pensado en el hombre que hace un recorrido lineal, de su casa al trabajo y de regreso a la noche para dormir. Si bien cambian las costumbres, no se ha dado con tanta magnitud. Se está hablando de las ciudades dormitorio, porque los hombres solamente duermen en sus casas, pero las mujeres no solamente esto, sino que llevan a los chicos a la escuela, hacen las compras, hacen recorridos más complejos. A esto se suma el tema de la seguridad, pues hay lugares a los que las mujeres no pueden acceder.

En lo simbólico también considera que debería replantearse a las ciudades, considerando que la mayoría de las calles tienen nombre de hombres y la mayoría de los monumentos son de referentes varones. “El espacio simbólico prácticamente no tiene representación de las mujeres, por lo que hay muchas dimensiones que pueden ser abordadas desde esta perspectiva y que debemos trabajarlas”, reflexionó la investigadora.