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"No abrir los puertos de Ucrania es atentar contra la seguridad alimentaria"

El director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU alertó que 2022 se caracteriza por el alto costo de los productos, pero que en 2023 habrá problemas de disponibilidad

El Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) ha instado a una “solución política” ya que el cierre de los puertos ucranianos en el Mar Negro continúa amenazando la provisión de alimentos y millones de vidas en todo el mundo.

Sin esta solución, la amenaza a la seguridad alimentaria mundial planteada por la guerra en curso resultará en “hambruna, desestabilización de las naciones, así como la migración masiva por necesidad”, dijo el director Ejecutivo del WFP, David Beasley.

Durante un debate en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Beasley urgió a los líderes mundiales a tomar medidas inmediatas para ayudar a los 276 millones de personas por todo el mundo que van hacia la hambruna.

“Verdaderamente, no abrir esos puertos en la región de Odesa será una declaración de guerra a la seguridad alimentaria mundial”, dijo Beasley. “Y resultará en hambruna, desestabilización y migración masiva por todo el mundo”

“Cuando una madre tiene que elegir entre dejar que su hijo muera de frío o de hambre, algo anda mal. Especialmente cuando hay tanta riqueza en el planeta hoy en día”, enfatizó.

Durante una apasionada intervención ante el grupo de ‘llamado a la acción’, convocado excepcionalmente el 18 de mayo y al que asistieron el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, y el secretario general de la ONU, António Guterres, Beasley agregó: “Los silos están llenos. ¿Por qué están llenos los silos? Debido a que los puertos no están funcionando… Es absolutamente esencial que permitamos que estos puertos se abran porque no se trata solo de Ucrania, se trata de los más pobres de los pobres de todo el mundo que están al borde de la hambruna mientras hablamos”.

Se anticipa que la cantidad de personas a las que apoya WFP aumentará en 20 millones este año a la vez que aumentan los precios del combustible y el transporte (desde el comienzo de la guerra, los costos operativos del WFP han aumentado en US$70 millones cada mes, dando como resultado recortes en programas de nutrición.

“El mes pasado en Yemen tuvimos que reducir las raciones a 8 millones de personas que ya están en CIF 3 y 4”, dijo Beasley al Consejo de Seguridad de la ONU – o sea en las escalas de ‘crisis’ y ‘emergencia’ respectivamente según el estándar global de la inseguridad alimentaria (mejor conocido como Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases o CIF).

“En muchos países nos vemos forzados a tomar la desgarradora decisión de quitarle la comida a niños hambrientos para dársela a niños que están muriendo de hambre”.

Beasley pidió “una nueva financiación humanitaria sustancial para enfrentar a los crecientes niveles de necesidad que estamos viendo ahora. Y esto incluye contribuciones de personas y corporaciones de alto poder adquisitivo, muchas de las cuales se han beneficiado de la pandemia”.

Actualmente hay 811 millones de personas con hambre crónica en el mundo. Una cifra récord de 276 millones está al borde de la inanición – frente a los 135 millones de personas antes de la Covid-19 y los 80 millones en 2017.

“De estos, casi 49 millones de personas en 43 países están al borde de la hambruna”, dijo el director Ejecutivo del WFP.

Sin una acción urgente, sobre todo la apertura de los puertos del Mar Negro, más y más personas sucumbirán al hambre y las familias más pobres del mundo en África, Medio Oriente y más allá sentirán los efectos de la guerra.

Beasley continuó advirtiendo que los países deberían “evitar el proteccionismo y mantener el comercio fluyendo a través de las fronteras”.

“Realmente estamos ante una crisis sin precedentes”, dijo. “El precio de los alimentos es nuestro principal problema en este momento, como resultado de esta tormenta perfecta en 2022. Pero para 2023 será un problema de disponibilidad de alimentos. Cuando un país como Ucrania, que produce suficientes alimentos para 400 millones de personas, está fuera del mercado, se crea una volatilidad en el mercado que ahora estamos viendo”.

Mucho antes del comienzo de la guerra, el WFP ya había vaticinado que 2022 sería un año de “hambre sin precedentes” debido a la suma de los efectos del conflicto y el cambio climático, la Covid-19 y el aumento de los costos, que han asestado duros reveses a las economías que ya estaban de rodillas.

En Ucrania, es fundamental que “las granjas vuelvan a funcionar; que los camiones, los trenes y los barcos vuelvan a moverse”, dijo Beasley, pidiendo que los líderes mundiales tomar medidas inmediatas para salvar vidas: “Es hora de que hagamos todo lo posible para estabilizar los mercados porque las cosas se pondrán peor, pero tengo esperanza”.

“Evitamos la hambruna. Evitamos la desestabilización en los últimos años porque muchos de ustedes en esta sala dieron un paso al frente y cumplimos. Y podemos hacerlo de nuevo”.

“Es un momento muy, muy delicado en el planeta tierra. El mundo está en llamas. Tenemos soluciones. Tenemos que actuar, y tenemos que actuar ya”, pidió el director Ejecutivo del WFP.