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La ciudad de Córdoba recuperó un ícono de su patrimonio moderno

Tras ser declarado Monumento Histórico Nacional, el edificio donde funciona la Municipalidad fue sometido recientemente a una restauración integral sin precedentes. Puntal ADC habló con el arquitecto riocuartense que dirigió la obra

La obra constituye una de las primeras expresiones de estilo brutalista en el país y hoy recuperó esa impronta arquitectónica que se vio desvanecida con el paso de los años.

Se puede decir que el hall del Palacio 6 de Julio, fue sometido a una intervención histórica impulsada desde la Secretaría de Desarrollo Urbano del municipio, a cargo del arquitecto Daniel Rey, y que fue dirigida por el arquitecto riocuartense Francisco Figueroa Astrain para la empresa CEDE S.R.L..

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En un trabajo conjunto, buscaron devolverle aquella identidad con la que fue planteada originalmente, despojando el edificio de una serie de añadiduras que con el paso de los años fue adquiriendo por decisión de los distintos gobiernos municipales.

Pero la obra no fue solo quitar. Se replanteó la funcionalidad de los espacios para adaptarlos y poder incorporar así tecnología e instalaciones, logrando ambientes fluidos familiarizados a la digitalización, de manera que demanden el mínimo mobiliario para poder ofrecer una eficiente atención al ciudadano.

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Historia

Fue el estudio de arquitectura porteño SEPRA (Sánchez Elía, Peralta Ramos y Agostini) que allá por agosto de 1953 ganó el concurso público para el proyecto que hoy le otorga identidad al Municipio y justamente se le destaca de este grupo de profesionales “el gran manejo del detalle constructivo, su mirada universal, la permanente renovación tecnológica y el rol dominante de la estructura de hormigón a la vista”.

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La expresividad estructural del hall administrativo y su doble altura, son los rasgos principales que definen a esta obra dentro del estilo brutalista como variantes de un edificio que es fiel ejemplo de los criterios arquitectónicos del movimiento moderno.

Es de mencionar también que en un trabajo conjunto al reconocido arquitecto Clorindo Testa, los responsables de SEPRA realizaron el proyecto del Banco de Londres, en Buenos Aires, en el año 1960, siendo éste un referente fundamental del brutalismo en América Latina.

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Casi 70 años después, se propuso una intervención multidisciplinar desde la Secretaría de Desarrollo Urbano de la ciudad de Córdoba.

Puesta en valor

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En diálogo exclusivo con Puntal ADC, Figueroa Astrain comparte el paso a paso de lo que fue la tarea de intervención del Palacio 6 de Julio.

Con registros fotográficos que muestran la evolución del proceso, el arquitecto comenta que lo primero -y quizás más difícil- fue demoler la tabiquería con la que se subdividieron pisos enteros para crear pequeñas oficinas y dependencias municipales.

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“En mi cabeza tenía la imagen de las ‘visuales ocultas’ que nos teníamos que encontrar al avanzar con las demoliciones, pero el ruido visual era tal que nos impedía al menos una aproximación y en la medida que liberábamos los espacios, era imposible no sorprenderse por la calidad espacial del edificio”, recuerda.

Lentamente, el espacio interior fue recuperando su carácter y el edificio se volvió a definir por su transparencia y relación con el entorno privilegiado en el que se encuentra, rodeado por la histórica Cañada, la Plaza de la Intendencia y el Paseo Sobremonte.

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Otra condicionante con la que se tuvo que lidiar fue que en el Palacio 6 de Julio no podía interrumpirse la actividad pública, por lo que se debió sectorizar las etapas para el avance de obra y, a la vez, reubicar los puestos de trabajo del personal que hasta ese entonces se desempeñaba en cada uno de los box internos.

Cada paso que daba implicaba volver a intentar leer la obra original en su conjunto, evaluando acciones promovidas durante el paso de los años y decidiendo, a la vez, soluciones en pos de la intervención integral.

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Programa

Figueroa Astrain admite a Puntal ADC que recién cuando se logró despojar de todas las añadiduras al hall de recepción pudieron reformular definiciones del proyecto para la refuncionalización de esos espacios, ya que los criterios iban profundizándose con la experiencia adquirida.

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En síntesis, la intervención se realizó sobre la planta baja de los dos bloques edilicios (el administrativo y el de Gobierno) que conforman el Palacio y que se vinculan por un puente. Se planteó como premisa que el hall central del edificio administrativo sea una plataforma pública y permeable que haga de conexión entre el Paseo Sobremonte y la Cañada, sumando programa cultural a la ciudad a través de muestras de arte itinerantes.

Por otro lado, la planta baja del edificio de Gobierno se definió como un nuevo sistema de salas de actos y usos múltiples para las distintas secretarias municipales, con un hall distribuidor para albergar una exposición estable de la colección del Museo Genaro Pérez.

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Hormigón, piedra y vidrio

En la siguiente etapa a la demolición, se apeló a recuperar la nobleza de los materiales que le dieron origen. Con la supervisión de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos, se desarrollaron y probaron los procedimientos y materiales a emplear en esta recuperación edilicia.

A la megaestructura de hormigón se le quitaron al menos cuatro capas de pintura con una técnica conocida como sodablasting, donde se proyecta bicarbonato de sodio con agua hasta limpiar la superficie del material, sentando un precedente a gran escala en hormigones vistos para una obra modernista.

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El zócalo de piedra de canto rodado que conforma el basamento fue trabajado con la misma técnica, hasta recuperar la textura natural mientras que las juntas también recibieron un minucioso tratamiento de restauración.

Todos los equipos de refrigeración que colgaban de la fachada fueron retirados y en su reemplazo se instaló un sistema de climatización central integral de última generación.

Las pieles vidriadas fueron renovadas en su totalidad, recuperando la vinculación con el verde de la Cañada y el sistema de plazas, y ganando así un importante caudal de iluminación diurna. Además, se hizo un proyecto lumínico para realzar el edificio sin forzar ni añadir más bocas de iluminación que las originales, intentando siempre despojar al edificio de añadiduras.

Los solados interiores fueron totalmente renovados sin descuidar la proporción de la pieza original, para lo que se solicitó la fabricación de mosaicos graníticos a medida y con la misma tonalidad respetando así la trama y las terminaciones. Se pulieron todas las superficies de mármol que revisten los núcleos de circulación y además se protegieron las mismas con una capa de teflón, logrando un resultado excepcional sobre un material de una nobleza inigualable, que transmite un fuerte mensaje de la solvencia económica del Estado en la época en que se construyó el edificio.

Lo descripto hasta aquí es apenas una síntesis del gran trabajo realizado para la puesta en valor de uno de los edificios institucionales más emblemáticos de la ciudad de Córdoba que hoy no solo recuperó el respeto como tal por parte del personal municipal y los vecinos de la ciudad, sino también por profesionales de la arquitectura y el diseño, quienes periódicamente hacen público el reconocimiento por el aporte al patrimonio de Córdoba.

Así, el Palacio 6 de Julio vuelve a mostrarle a la ciudad sus impactantes pórticos de hormigón como símbolo de Córdoba, tal como lo pensaron allá por mediados del siglo pasado sus mentores.

Javier Borghi

(Fotos: Andrés Domínguez)